Diego Trujillo pasa de ser un comediante pesimista un hombre rudo
ENTRETENIMIENTO

Diego Trujillo pasa de ser un comediante pesimista un hombre rudo

Junio 15, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Diego Trujillo pasa de ser un comediante pesimista un hombre rudo

Diego Trujillo ve muy poca televisión. Solo sigue el inicio de las novelas en las que actúa, como un ejercicio crítico.

Diego Trujillo hizo reír a los caleños con ‘Qué desgracia tan infinita’, su oda al pesimismo. Pronto hará de hombre rudo en una serie de Sony.

El actor Diego Trujillo presentó ayer en el Teatro Municipal su show ‘Qué desgracia tan infinita’, donde se burla de los optimistas, pero también de aquellos hombres que no aceptan el paso irremediable del tiempo. Agotó boletería y repetirá función el 21 de junio, a las 8:00 p.m., en el mismo lugar. “El show ahora es un poco más denso, más dramático, el actor ha envejecido notablemente y cuenta con mayor amargura todo lo que le está pasando”, advierte quien se ha metido ya al público al bolsillo con personajes como Iriarte, un cascarrabias enamorado de un travesti en ‘Los Reyes’ y de Umaña, un rolo que se camufló como costeño para huír de un problema legal en ‘Dónde carajos está Umaña’.¿Por qué les da tan duro a los optimistas en su obra?Sí, esta vez les doy más duro, fuertemente, porque no tiene sentido que la gente diga que uno empieza a vivir a los 50 años cuando yo considero que la vida termina a los 40 y de ahí en adelante lo que hay es una absoluta supervivencia. Usted nos llama a envejecer dignamente, ¿en qué consiste?Lo que hago en la obra es una especie de burla hacia los hombres que no son capaces de aceptar el paso del tiempo ni de envejecer con dignidad. Esos que empiezan a utilizar toda clase de recursos para que no se les note la edad, para postergar el paso del tiempo, como ponerse tatuajes... Se acuestan con el tatuaje de Amparo Grisales y amanecen con el de Teresa Gutiérrez, o como los viejos que andan en moto a la edad que no deberían... (dice refiriéndose a él mismo).¿Esos optimistas famosos a los que le usted les da palo en la obra, le han pasado la factura de cobro?Con el Padre Chucho tengo una anécdota. A él le doy muy duro en la obra y un día hubo una función en donde la gente se rió mucho con lo que hablaba de él. Cuando bajé al camerino golpearon a la puerta y era él, ¡había ido a ver la función! Fue muy amable, intentó invitarme a su programa y no acepté, por supuesto. Pero todos lo toman como debe ser, con humor, porque lo que hago no es ofensivo ni vulgar. ¿Qué reacciones inesperadas obtiene del público?Por momentos me toca parar, porque hay una persona que no puede dejar de reírse y está casi que a punto de sufrir un ataque. Me toca mirarlo con cautela para saber qué va a pasar, conversar con él para saber si se siente bien para seguir. También me ha ocurrido que en medio de esta interacción con el público me da risa y tengo que parar, dar una vuelta, respirar y volver.¿Se autocensuró haciendo el monólogo?Sí, cuando hice la primera presentación me fue tan mal que estuve a punto de no hacerlo nunca más. Me fue mal porque entré en pánico cuando descubrí que estaba haciendo un género distinto. Cuando salí a escena y descubrí que me tenía que comunicar con el público no como actor sino como yo, entré en pánico y me quedé en blanco. Terminar la función fue muy duro, muy difícil y decidí que no lo iba a hacer más. Después me estimularon para que lo probara de nuevo, y la segunda función estuvo mejor. ¿Cómo es que el nombre de la obra se lo inspiró su mamá?Mi mamá que tiene una manera de hablar muy particular, usaba esa frase frente a mis hermanos y yo, que éramos muy necios y ella nos tenía que manejar sola. Cuando francamente no podía de la desesperación, gritaba: “Qué desgracia tan infinita la mía con estos niños, carajo”. La oí toda la vida, toda la infancia. Cuando hice la novela ‘Los Reyes’ la usé con el personaje y cuando escribí este monólogo me pareció que era un título perfecto para la desgracia de evidenciar el paso del tiempo.¿Por qué hace rato no lo vemos en televisión?Lo último que hice fue ‘Dónde carajos está Umaña’, que emitió el canal Caracol, me fue muy bien, fue súper divertida, me gané el cariño del público, nunca lo he perdido realmente pero el público siempre se está reivindicando y volviendo a estar en sintonía con uno y eso me encanta. Luego hice un viaje. Ahora arranco un proyecto muy importante.¿Con Sony? Es un personaje fuerte, ¿no?Sí, un personaje y una serie muy fuertes. Es una serie sobre narcotráfico...El narcotráfico es el universo dentro del cual se desarrolla la serie. Pero de lo que habla realmente la serie es de una crisis de valores y de cómo los seres humanos estamos siempre al borde de traspasar los límites de la ética y los valores morales, todo esto en virtud del dinero y, por supuesto, el narcotráfico produce muchísimo dinero. Interpreto a un profesor de química que por las circunstancias en que está viviendo termina produciendo una droga que se llama metanfetamina. Él se llama Walter Blanco.¿Vió muchos capítulos de la serie original o se despegó para no viciarse?Para hacer la primera audición me vi dos o tres capítulos. Quedé fascinado e impactado y aterrorizado porque es un reto enorme. Después hicimos el piloto y con este Sony salió a Latinoamérica a vender la serie y la respuesta fue inmediata. Lo vendieron ya en México, en Estados Unidos, a Fox Latinoamérica, a Caracol. Es un proyecto que pinta muy, muy bien.¿Cómo le gustaría celebrar con sus hijos el Día del Padre?Yo no soy muy de fechas. No le doy mucha importancia al Día del Padre, de la madre ni al cumpleaños. Tan así que hace un par de días llamé a mi hija para felicitarla por su cumpleaños y es dentro de un mes. Terrible... Mi hijo mayor está estudiando fuera de Colombia, mi hija también fuera. Pasaré el Día del Padre con mi mánager... ¿A propósito, cómo está su corazón?Está bien, bien, ¡uff! rojo con el calor de Cali. (Risas). La verdad es que me voy con mi representante para España... ella es de Barcelona. (Se refiere a su novia, que lo acompaña durante la gira y con la que no hizo sino reír con cierta complicidad).

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