De obrero a actor, conozca la historia de Héctor Mejía

De obrero a actor, conozca la historia de Héctor Mejía

Abril 07, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Isabel Peláez/Reportera de El País
De obrero a actor, conozca la historia de Héctor Mejía

Héctor Mejía, actor colombiano.

El actor que interpreta al 'Mono' en la serie 'Metástasis' habló con El País sobre los cambios en su vida.

Héctor Mejía es de Ulloa, Valle, pero se siente caleño,  y un habitante recurrente del Distrito de Aguablanca, donde transcurrió gran parte de su vida, y el lugar donde más les colaboran a él y a sus amigos actores para filmar. 

De ser obrero de construcción, vendedor de cholados y ayudante en la plaza de mercado, pasó a hacer carrera en la televisión y el cine, en especial como villano.

Interpretó al ‘Mono’ Monroy, un guerrillero en  la serie ‘Pandillas, guerra y paz’; hizo de ‘Frenillo’ en ‘Escobar, el patrón del mal’; de ‘Alias el Alemán’, en ‘Tres caínes’; de ‘El Loco’, en ‘Amor en Custodia’; del ‘Mellizo’ en ‘Perro come perro’, y ahora hace el papel de ‘El Mono’ en la serie ‘Metástasis’.

Pronto estará como ‘El lunarejo’ en ‘La Boca del Lobo’, serie sobre los Rodríguez Orejuela, de  RCN, y como el cabo Torres en  ‘Esmeraldas’, de Caracol. 

Su historia es la de un guerrero, diría su amigo, el guionista y actor caleño Harold De Vasten, “con suerte”, agrega  Héctor. “Nací en el pueblo cafetero de  Ulloa, Valle. Cuando tenía  5  años mis padres, desplazados por la violencia, me llevaron a vivir a Cali y siempre  he vivido  en el Distrito de Aguablanca. Siempre  rodamos los cortos allá, porque allá  la gente es dada a colaborar, te dicen: ‘Si no tienen la camioneta yo les pongo la de mi primo’”, cuenta el actor.

Héctor vive actualmente con su esposa, Maryorie Cardona, bailarina egresada de Incolballet, en el barrio La Nueva Base. “Vivo allí desde que llegué a Cali hace tres meses, porque estaba radicado en Bogotá.  Pero mi zona de confort es el Distrito, porque allí crecí”, reitera. 

Recuerda cuando a sus 8 años de edad vio el primer televisor y le buscaba los muñequitos por detrás. El aparato  lo impactó.  Y cuando estaba  en sexto grado en un homenaje a la bandera que escuchó declamar a  un profesor de educación física y eso causó en él  una catarsis que le estremeció.  “Yo quiero causar lo mismo en la gente”, se dijo.  Y como llegó a su casa a repetir los versos:  “Y el machete en la mano, temblame con rabia”. 

“Mi mamá me dijo, ‘¿Ese no es ‘El Duelo del Mayoral’? ¡Yo me lo sé!’, me lo anotó y   empezó a comprarme las revisticas de poemas urbanos que  vendían en los buses, y yo a aprendérmelos.  Y dije: quiero ser actor”.

Cuando estudiaba en el Colegio Alberto Carvajal Borrero, de Cali, llegó a Noveno  una profesora de la Universidad del Valle,  que formó un grupo de teatro,  y de paso le dio más alas a Héctor en su sueño.  “Mi  papá ganaba un salario mínimo que le quedaba corto para mantener a cuatro  hijos. Casi que no termino el bachillerato.  Trabajé en la plaza de mercado,   como cotero, fui    obrero de  construcción. Y  vendí raspados. Eso me ha servido para la parte actoral, porque  he sido muchos personajes”, dice.

Y  terminó el bachillerato. Y se propuso alternar sus estudios en el Instituto Popular de Cultura, IPC, con su trabajo de palero,  recogiendo escombros en una volqueta. Llegaba justo  a las 6:00 p.m.,  hora de entrada a clases, pero sus compañeros le reprochaban que nunca estaba en los ensayos.  Estudió dos semestres  y se salió al ver que no podía cumplir con todo. Pero llegó una oportunidad. A través del periódico  Q’hubo convocaban a un cásting para una película. “Conocí a Harold De Vasten y a muchos actores de recorrido. La película no  salió, pero hice amistad con ellos y empezamos a hacer cortometrajes y nació Cominsunfilms”.

“Héctor es un guerrero, él es capaz de construir mobiliario para los rodajes, me ayuda en la ambientación”, dice Harold.

Un día, mientras excavaba las calles en el barrio Bellavista para poner unas tuberías de collarín, lo llamaron para la  película caleña ‘Perro, come perro’. “Guardé mi pala y mi  pica y arranqué en bicicleta para el cásting. Yo iba escalón tras escalón y esa  película significó  cinco escalones en mi carrera”, admite Héctor, quien se aventuró con Harold De Vasten a irse a buscar oportunidades a Bogotá. Allí, la suegra de un pastor cristiano los acogió como a sus hijos. Ese fue  otro ángel en la  vida de Héctor, el primero lo acogió a él y a sus padres en una escuela en la que vivieron durante 9 años”. 

 Él está convencido de que “Diosito a veces escoge por uno”. Por eso se ríe cuando recuerda a muchos colegas llorando cuando mataban a sus personajes en ‘Pandillas, guerra y paz’, “Decían: ‘Dizque me matan ve’, como si de verdad se fueran a morir. Insistían: “¿No habrá forma de hablar con el libretista  a ver si me  deja vivo?’”. Héctor ya  ha cumplido varios sueños,  trabajar con Marlon Moreno, con Alejandra Borrero y con Andrés Baiz. Y siempre piensa que “si algo no se da, es porque viene algo mejor”.

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