Woody Allen en Paris

Agosto 18, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez - Especial para Gaceta
Woody Allen en Paris

El filme es protagonizado por Owen Wilson y Rachel McAdams.

‘Medianoche en París’ es la más reciente película de Woody Allen. Con este nuevo proyecto demuestra que, en sus manos, el cine toma las licencias poéticas de la literatura. Una divertida historia que transcurre en varias épocas y que habla de la búsqueda del origen para vivir el presente.

Algunos directores, aquellos a quienes se otorga la categoría de autores, logran encontrar su propio estilo en su manera de narrar, en sus temas, incluso en sus personajes o actores. De alguna manera deberían hacerlo. Después de todo, ¿qué otra cosa es el cine sino el acto mismo de contar una historia? Con imágenes y sonidos, es verdad, pero historia al fin y al cabo.Woody Allen es uno de estos a quienes podríamos conocer y reconocer desde sus obras. Sin entrar en los purismos de explicar o condenar si su cine es una propuesta de autor (categoría que, dicho sea de paso, no existe), Allen ha construido una dinámica propia que podría cobijar todas sus películas. Pocos tan productivos y tercos como él, quien desde finales de los años sesenta se ha mantenido ocupado filmando una película por año y casi siempre abordando los mismos temas: crisis de pareja, infidelidad, sicoanálisis y rutina. Eso, sin hablar del destino al que Allen ha representado todo poderoso a través del oráculo o tal vez como una pitonisa. En medio de tanta producción, obvio, ha tenido momentos poco interesantes. Con el reciclaje (tal vez inconsciente) de personajes, situaciones y conflictos en varias de sus películas, llegando a tornarse repetido y predecible. Lo bueno es que el director newyorkino ha encontrado la manera de reinventarse y mantenerse vigente incluso en estos tiempos, a veces utilizando actores de moda y otras cambiando de escenario urbano. ‘Medianoche en París’ llega después de ‘Conocerás al hombre de tus sueños’ (reseñada en GACETA el pasado 5 de junio). A diferencia de su última producción, está vez el destino no está manos de los astros, oráculos o charlatanes. Ni siquiera está en el futuro y en la ansiedad que este produce; tiene que ver, más bien, con la búsqueda del pasado como una manera de encontrarse a sí mismo a través de los propios anhelos. La historia, que transcurre en la romántica ciudad europea, involucra a un personaje llamado Gil Pender, interpretado por Owen Wilson (‘Una noche en el museo’, ‘Starky & Hutch’, ‘De boda en boda’), guionista de Hollywood en crisis que se encuentra en París en compañía de su prometida (Rachel McAdams) en un viaje de placer. Pender, que en su cotidianidad tiene que lidiar con suegros y novia aristócratas y conservadores, anhela alejarse del medio cinematográfico y dar su salto a la literatura. Y París le resulta el lugar perfecto para asumir esa nueva vida. Con el romanticismo más puro, manifiesta su emoción al caminar bajo la lluvia y su nostalgia de no haber vivido en la París de los años 20, escenario de los exponentes más importantes de las diferentes expresiones del arte. Para fortuna suya en París la magia puede ocurrir, sobre todo a medianoche. De repente, Pender termina sumergido en las esferas artísticas y exquisitas de la época dorada parisina. En este paseo por cafés, clubes y casas de los más relevantes artistas, Allen da una mirada relajada e irreverente a personajes como Pablo Picasso, Luis Buñuel, Ernest Hemingway que pasan por la pantalla de la manera más casual. Este recurso de farsa de acceder a personajes de otras realidades, ya ha estado presente en otras producciones del director norteamericano. En ‘La rosa púrpura del Cairo’ (1985), por ejemplo, una mujer se enamora de un personaje en blanco y negro y él es capaz de salirse de la película para sostener un romance con ella. Pero nunca pierde su condición de personaje, con todo y blanco y negro. Es cierto que en ‘Medianoche en Paris’, Allen conserva uno que otro elemento de sus historias de antaño, pero también explora una dimensión más trascendental: la de aventurarnos a cumplir nuestros deseos más ocultos, porque en ellos puede estar la pista más certera que conduce a la felicidad. Con sus acostumbradas tomaduras de pelo y desenlace feliz (y aquí el destino podría hacerse presente), ‘Medianoche en París’ es una divertida experiencia de época para pasearse por la capital francesa desmitificar a los protagonistas artísticos más importantes de muchas décadas. ¿Será que después de ellos no ha existido nada mejor?Esa podría ser una de las críticas sutiles de ‘Medianoche en París’. Woody Allen podrá ser un director que, aunque corre el riesgo de repetirse, sigue arriesgándose y burlándose. Haciendo cine, así sea por mera costumbre.*Esta crítica y las anteriores en http://yomelavi.blogspot.com

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