William Ospina presenta 'La serpiente sin ojos', el cierre de su trilogía sobre la conquista

Diciembre 05, 2012 - 12:00 a.m. Por:
José Zuleta | Especial para GACETA
William Ospina presenta 'La serpiente sin ojos', el cierre de su trilogía sobre la conquista

William Ospina ha dedicado sus recientes libros a reconstruir personajes y hechos históricos. ‘Ursúa’, ‘El país de la canela’ y ‘En busca de Bolívar’ así lo demuestran.

La novela estuvo antecedida por los títulos: 'Ursua' y 'El país de la canela'. La cita es el próximo 6 de diciembrea las 6:30 p.m. en la Casa Proartes. Reseña del escirtor José Zuleta.

Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”.Nadie ha hecho tan evidente esta revelación de Pablo Neruda como William Ospina. En su canción sobre la conquista, que comenzó con ‘Las auroras de sangre’ y ‘Úrsua’, continuó en ‘El país de la canela’, y ahora concluye en ‘La serpiente sin ojos’, un gran poema épico que narra la conquista de América. En esta larga jornada literaria tal vez se encuentren las claves de nuestra condición, de nuestras miserias originarias y también de nuestras ocultas riquezas. Desafiando el orden de la literatura y de la historia, William Ospina ha construido un relato cuyo valor es múltiple y del cual el protagonista no es el oro que se llevaron, si no el que nos dejaron; la lengua, el idioma, las palabras. El autor lo ha dicho: “el protagonista es el lenguaje”. Aquí se cuenta la aventura de aquellos que, siguiendo el camino del sol, llegaron a un lugar donde el agua y la selva gobernaban un nuevo mundo. Allí, en el destino del viento que los trajo, ocurre la dolorosa historia que nos funda; la de quienes subieron por los ríos engañando a las mansas estirpes doblegadas ante la nitidez de los espejos, ante el brillo de los abalorios. Trocando oro por lágrimas, esmeraldas por sífilis, playas por murallas, loros por órdenes, espadas por cuerpos, frutas por pólvora, dioses por cruces, cantos por rezos, amor por muerte. De ello dan cuenta estos libros, en ellos se narran los hechos que nos preceden, y si bien, son reveladores y ayudan a conocer la impronta de crueldad, de avaricia, de dolor y valor con que se fundó la tierra en que vivimos, tal vez el mayor logro de esta obra es la otra aventura: la del lenguaje, la del gran poema épico en que se cantan estas historias. Es pertinente señalar la ironía de usar el mayor de los bienes: las palabras; el idioma que trajeron, para contar con él la locura de su conquista. En esta trilogía que es la gran odisea de William Ospina, parece recrearse la afirmación desdeñosa de cierto filósofo alemán: “América es geografía”, con la cual trataba de señalar que aquí no había cultura ni tradición; que éramos solo paisaje. Tal afirmación parece vindicada en esta obra. Vindicada para dar valor al paisaje y a la geografía que somos, y que ahora miran con avidez y con la misma antigua codicia los “Varones ilustres de Europa”. Durante más de mil páginas, y en tres libros, hemos visto con asombro la extraordinaria paleta del autor, la indecible variedad de asuntos, de asombros, de conflictos, de perspicaces juegos entre la historia y la ficción, adivinanzas y deducciones, los hechos y la imaginación. Con ‘La serpiente sin ojos’, William Ospina concluye más de una década de trabajo sobre nuestra historia.El resultado de ese largo aliento, es otra elegía: la de los no tan ilustres, pero entrañables habitantes de Indias, si fuera posible decirlo: la historia de nuestra gente escrita con lo que nos dejaron: “… las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”. Gracias William por las tuyas, las mismas que vinieron algún día siguiendo el camino del sol, buscando la canela y que ahora son el destino del viento.

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