"Vivimos angustias culturales": maestro Julián Rodríguez

Julio 04, 2017 - 11:30 p.m. Por:
Joan Camilo Bolaños / Especial para El País
Julián Rodríguez

Julián Rodríguez, músico, actor y dramaturgo nacido en 1957 en Sevilla, Valle del Cauca.

Bernardo Peña / El País

En la segunda mitad del Siglo XX Cali fue referente nacional de cómo hacer teatro. Para ello fue clave Enrique Buenaventura y su Teatro Experimental de Cali (TEC).

Buenaventura supo cambiar la mentalidad del teatro costumbrista colombiano para acercarse a la crítica social a través de la composición de sus obras. El resultado de este experimento logró hacer de esta ciudad y del TEC una de las grandes escuelas teatrales. Esa fue la ‘universidad’ de Julián Rodríguez.

Por eso las obras de Rodríguez están atravesadas por un profundo análisis de la realidad, que intenta materializar a través del humor. La risa, dice, es una esperanza y se vuelve una especie de protector. No extraña, entonces, que en su cara siempre se dibuje una profunda sonrisa.

Este músico, actor y dramaturgo nacido en 1957 en Sevilla, Valle, afirma que los artistas solo quieren tres cosas: crear, tener tiempo para hacerlo y vivir dignamente de su creación. De allí que su grito de paz sea “¡A ‘lochar’!”, pues ahí está la respuesta para que la inspiración se materialice en una obra de arte.

No obstante, su mayor legado es el coro de los 1000 niños de sectores vulnerables de Cali. Esta idea se hizo realidad en el año 2000 a través de la Secretaría de Cultura.

Sin embargo, fue Vicente Sanchiz, su maestro, quien le dio su primera oportunidad como director de un coro de niños en España, en 1981. “Más allá de que fueran buenos músicos, lo que se buscaba era que fueran mejores personas”, afirma Julián Rodríguez. Hoy ya son más de 8500 niños los que han estado bajo su dirección.

El País conversó con él sobre su carrera artística a propósito del lanzamiento de ‘Tan Tán’, un magazín juvenil de 10 capítulos que se transmite de lunes a viernes a las 5:30p.m. y que busca acercar a la audiencia al universo de la música de partitura.

¿Quiénes fueron sus maestros y referentes?

Mis maestros fueron Vicente Sanchiz, quien nos sembró el cuento de los coros y de una visión universal de la música; Enrique Buenaventura, el TEC y el Teatro de la Candelaria. Además, a mí me tocó un momento muy vital del movimiento teatral, en l que estaban todas las tendencias y formas de hacerlo y podíamos encontrarnos en lo que cada uno hacía. En el arte uno pelea en la escena: pintando, bailando, tocando, creando.

El humor es muy casero y de Sevilla, pues allí había mucho mamagallista. Es un estado interior, pues yo conozco la gente que hace lo comercial: echan diez madrazos y dicen mil groserías repartidas en el libreto y la gente se ríe, pero el humor es otro estado que tiene que ver con la manera de ser y de sentir. No obstante, Charles Chaplin siempre fue mi referente en el sentido de su observación de la sociedad en la cual vivimos.

¿De dónde nace ese afán por el cambio social?


Es un afán por que se acabe la injusticia y lo absurdo de los humanos. Por ejemplo, el hecho de que las multinacionales vengan y se lleven nuestros recursos naturales. El mayor subdesarrollo humano de hoy es destruir la naturaleza por dinero. El planeta se demora un siglo haciendo un páramo, el humano lo destruye en 2 días y el dinero se lo gasta en un segundo. Uno pasa por momentos de mucha sensibilidad política, dado que Colombia es una democracia que sistemáticamente ha asesinado muchas mentes brillantes. Además, diariamente uno observa toda clase de injusticias. De hecho, cada vez que voy a Sevilla veo que la pobreza se ha heredado de padres a hijos, a pesar de que algunos economistas liberales digan que la gente es pobre porque quiere.

¿Cuándo empieza a presentarse públicamente?

Inicié entonando canciones de la ‘Nueva Trova’, pero lo hacía en privado. Cuando iba a las rumbas me pedían que cantara de las mías. Sin embargo, llevo 22 años presentándome públicamente con mi repertorio. La primera vez les dije a mis amigos que ofrecería un concierto, que estaba en la olla y que me compraran la boleta. Siempre he cantado lo mismo, aunque ahora estoy un poco peor, más radical, pues hoy la realidad es más mala que nunca antes.

¿Qué piensa de las políticas culturales en la ciudad?

Este momento es muy interesante, pues hay mucha receptividad con la Secretaría de Cultura. Ahora estoy en el Consejo Municipal de Cultura. Sin embargo, a nivel de política tenemos que hacer algo, dado que el presupuesto para la cultura es del 0,19 % a nivel nacional. Estamos en una gran campaña por el 2%. Por otro lado, se inventaron la barbaridad de la ‘industria cultural’, pero la cultura nunca será una industria. La cultura es la expresión de los pueblos, igual de diversa a ellos. Además, ahora andan con el cuento de la ‘economía naranja’, pero si hay un uribista a la cabeza no se puede confiar en eso.

Sin embargo, nosotros solo queremos tres cosas: crear, tener tiempo para hacerlo y vivir dignamente de eso. No nos revuelvan con la farándula, ni con los grandes espectáculos. El lío está en que la mayor parte del presupuesto nacional se destina a la guerra y a sostener la burocracia, pero poco va al arte y la cultura. Más que industrias culturales, vivimos angustias culturales. A uno hasta le preguntan qué hace y cuando digo que soy músico me dicen: “Sí, ¿pero cuál es su trabajo?”.

Realmente, el ‘sancocho’ es la cultura de un pueblo y hay que buscar las maneras de que florezca toda esa diversidad que somos. No se trata de hacer que triunfen, sino de lograr que un pueblo empiece a encontrar su identidad, su memoria y su territorio. Ese es un recurso que, comparado con la guerra, es muy barato.

¿Cómo nació el coro de los mil niños?

En el año 1981 teníamos el coro en la Universidad del Valle y nos fuimos a Europa con Vicente Sanchiz. Entonces, él me ofreció trabajo con niños allá. Tuvimos un coro. Estuve 2 años y medio allá. Me vine a Cali. Aquí hice un coro de 200 niños. Luego en el año 2000 en la Secretaría de Cultura me propusieron hacer uno de esos, pero ahí me nació la idea de hacer uno con 1000 niños. Así nació el coro de los mil niños. Es un trabajo que yo adoro y amo mucho, una experiencia muy valiosa, pero más que todo es un país posible, pues allí intento que, más que buenos músicos, los niños sean buenas personas que conozcan su realidad.

¿Qué espera de su programa TanTán, que ahora los caleños podrán ver por Telepacífico?

Intento hacer un acercamiento cotidiano a la música de partitura. La idea es que el público conozca un poco más de ella a través de una mirada divertida y alegre. En otras palabras, busco que la gente disfrute, que no sea algo tedioso.

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