Viaje al planeta de 'El Principito'

Viaje al planeta de 'El Principito'

Octubre 11, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Por Lina Uribe | Especial para GACETA
Viaje al planeta de 'El Principito'

Dirigida por Mark Osborne, la primera película animada de 'El Principito' fue estrenada en Octubre pasado.

Traducida a 250 idiomas, ‘El Principito’, la obra que inmortalizó Antoine de Saint-Exupery, se considera una de las piezas literarias más universales. A propósito de la película que se estrena este mes, nos preguntamos ¿qué tiene esta historia que ha cautivado a tantas generaciones?

Es muy probable que de los 145 millones de copias que de ‘El Principito’ andan circulando por ahí, en los más recónditos lugares del mundo, una sea la suya, estimado lector. Y una de esas —claro—, es la mía. En ese caso, tanto usted como yo hacemos parte de esa legión de lectores alrededor del planeta que alguna vez nos dejamos seducir por ese pequeño  niño rubio de pelo desordenado que, armado de una espada y su larga capa azul de puños rojos, nos enseñó que lo esencial es invisible a los ojos.

 Todos --muchos al menos-- tenemos nuestro pasaje preferido: con el asteroide, con la rosa, con el pequeño lobo. El del escritor bogotano VJ Romero, por ejemplo, es con el cordero. Él tuvo una sensación similar a la que hemos tenido muchos en la infancia cuando leímos ‘El Principito’ por primera vez: se enterneció con la historia y sufrió con la partida del personaje principal, pero no identificó elementos que le dieran trascendencia a la obra. Entonces la archivó en su biblioteca. 

No obstante, unos años más tarde, exactamente en 1982, se lo leyó más de 30 veces seguidas. La conexión que logró establecer con la historia fue tanta que decidió escribir un libro de poesía inspirado en las frases del pequeño príncipe.

Según él, Saint Exupéry escribió una obra literaria apta para interpretarse como libro de crecimiento personal: las metáforas, los personajes y las historias son una clara muestra de lo que es correcto y lo que no. En esencia, de cómo ser buenas personas. 

En este sentido, su parte favorita es aquella en la que el pequeño de cabellos dorados le pide al aviador que le dibuje un cordero. Tras varios intentos fallidos ambos concluyen que la mejor opción es dibujar una caja en la que se encuentra dicho animal. “Un acto de fe”, dice VJ. Y relaciona este fragmento con una frase que aparece algunas páginas después: “Solo con el corazón se puede ver bien”.

Una experiencia similar vivió el caleño Alberto Rodríguez quien no dudó mucho para escoger el nombre de su librería. Quería que fuera un lugar para todos, entonces la llamó ‘El Principito’, igual que el famoso libro que también había leído en su infancia y al que ha regresado varias veces en su edad adulta. 

En su hogar, donde funciona la Fundación Casa de la Lectura, ha tenido muchos ejemplares de la obra y la mayoría se han perdido. “No me preocupa, es un buen destino para un libro como ese”, dice  este hombre que se autodefine como un ‘lector sin remedio’.

Y a pesar de haber identificado tres niveles en la historia, uno literal, uno alegórico y otro reflexivo, él prefiere el primero. Vive encantado con el Principito y sus aventuras, experimenta una fascinación por el relato mismo, más allá de todas las interpretaciones que se les puedan dar a los personajes y a las relaciones que establecen. 

De repente,  Alberto recuerda con encanto la primera parte del libro. El narrador de la historia confiesa que de niño hacía un dibujo que los adultos no podían comprender: una boa que se había tragado un elefante. Esa es otra de las  virtudes, comenta Alberto, pues un libro que incluya gráficos obliga al lector a poner en funcionamiento los dos hemisferios cerebrales.  

Por eso, en su labor de docente lo ha usado como herramienta pedagógica. Hace  años, por ejemplo, lo leyó junto a los niños de una escuela de Mónaco, barrio ubicado en el  Oeste de Cali para promover la lectura en público y los resultados fueron muy satisfactorios: al final de cada capítulo, cuando les preguntaba si seguía leyendo, en el salón se escuchaba un rotundo sí.

Redescubriendo a Saint Exupéry

La relación del Antoine de Saint Exupéry con su obra más conocida despierta  interrogantes: ¿se trata realmente de una obra de ficción? ¿es autobiográfico? ¿es un encuentro entre el autor y su niño interior?

Hijo del conde  Jean de Saint Exupéry, Antoine fue un reconocido piloto y pionero de la aviación moderna. A principios de la década de los años 40, mientras estaba exiliado en Estados Unidos tras la Batalla de Francia, escribió su cuarto y más recordado libro: ‘El Principito’. 

Estudiosos de la obra han encontrado plasmadas en ella varias de las vivencias del autor en su oficio como piloto: la caída de un aviador en el desierto puede estar relacionada con un accidente que sufrió Saint Exupéry en 1935 y que hizo que pasara cuatro días en el Desierto del Sahara junto a uno de sus compañeros de vuelo. 

De igual forma se dice que en la relación que estableció el Principito con su rosa está reflejado el matrimonio del autor con  la artista salvadoreña Consuelo Suncin. No obstante, hay otra perspectiva que ha sido poco explorada. 

La psicóloga Vanessa Jordán Beghelli, investigadora y estudiosa de la obra de Saint Exupéry, halló que en ‘El Principito’ se reflejan los tres principios de la masonería: libertad, igualdad y fraternidad. Más allá de ser el lema de la Revolución Francesa, estos conceptos son los cimientos de una organización llamada ‘Gran oriente de Francia’, referente mundial de la masonería,  a la que pertenecía Antoine.

La masonería, explica Vanessa, es una fraternidad de tipo iniciático, que promueve el trabajo desde el interior del ser humano para así poder reestructurar las relaciones con los demás. “Antoine de Saint Exupéry era masón y en ‘El Principito’ se trabajan varios arquetipos. La libertad, la fraternidad y la igualdad están presentes por medio de un trabajo interno que hace el aviador”.

Y es ese carácter iniciático el que, según la masonería, permite que el lector sienta una fuerte conexión con los personajes y los sucesos de la obra. De esta manera se logra hacer una lectura más allá de lo literal y surgen reflexiones acerca de la existencia. 

En otras palabras, el lector también inicia un viaje con el Principito y con el aviador desde el mismo momento en el que empieza a leer la obra. En el camino, quizá de manera inconsciente,  traslada los problemas y las reflexiones que plantea el libro a su propia vida. Así, cuando menos piensa, se ha convertido en parte fundamental de la historia. 

Es eso lo que le ha sucedido a Vanessa, quien se lo ha leído más de cien veces en varios idiomas y asegura que todavía le faltan muchas más. Le pasa, además, algo parecido a lo de Alberto: ha tenido varios ejemplares reunidos en su biblioteca, pero estos van desapareciendo. Basta con que alguien muestre un mínimo interés en la obra para que ella agarre un ejemplar de su estantería y  lo obsequie con total desapego. 

Ella está convencida de qué, más allá de ser un clásico de la literatura infantil, quienes mayor provecho le sacan son los adultos, pues  pueden hacer una lectura más profunda.

Otras historias

En el cuarto piso de la Biblioteca Departamental, al rincón de una de las tantas estanterías, reposan tres ejemplares de esta obra. La edición más antigua data de 1972. Édinson Yule, encargado de la sala de literatura universal, ya perdió la cuenta de cuántas veces al día le solicitan ese libro. 

Édinson lleva 24 años trabajando en ese lugar y, aunque no ha leído el libro completo, sabe que  tiene algo mágico. En ocasiones la demanda se incrementa tanto que los funcionarios de la biblioteca se ven obligados a poner en todos los ejemplares el letrero de ‘reserva’, es decir, no disponible para llevarlo a casa. 

Incluso hace poco tuvieron que incluir otros dos ejemplares en la sala infantil, pues llegaban también muchos niños interesados en conocer las aventuras del pequeño príncipe. En promedio, cada una de las cinco ediciones de ‘El Principito’ que tiene la Biblioteca  es consultada 20 veces al mes, lo que arroja un total de 1200 veces al año. 

Para Sergio Chacón, licenciado en Literatura y magíster en Lingüística, el éxito de este libro radica en que plantea una dualidad. Aunque es un relato corto que no alcanza a ser  novela, ‘El Principito’ encaja en lo que se ha denominado ‘literatura de viaje’, ese es su rasgo estructural. 

La segunda característica tiene que ver con la semiótica: los símbolos que aparecen en el libro adquieren un significado particular en cada cultura, en cada contexto y, finalmente, en cada lector. “Esa es la razón por la que tantas generaciones, en diferentes momentos, han leído el texto. En un primer nivel no es complejo y lo puede entender un niño, pero más adelante representa descubrimientos en los símbolos”, asegura Chacón.

Toda la riqueza de esta obra, su universalidad y las múltiples interpretaciones que puede tener es lo que, desde la literatura, la ha convertido en un texto perenne. Y es eso, justamente, lo que ha mantenido la fidelidad de  lectores como VJ, Alberto, Vanessa, Sergio... y usted y yo.

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