Una novela apasionante sobre la toma del Palacio de Justicia

Una novela apasionante sobre la toma del Palacio de Justicia

Octubre 16, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Gerardo Quintero Tello | Jefe de Cierre
Una novela apasionante sobre la toma del Palacio de Justicia

La periodista y escritora Marta Orrantia.

La periodista y escritora Marta Orrantia se adentró en un doloroso episodio de Colombia y lanzó una novela sobre la toma del Palacio de Justicia. Un diálogo para entender por qué novelar un hecho tan dramático y reciente.

Marta Orrantia hace parte de esa generación de colombianos que recuerda exactamente qué estaba haciendo cuando el grupo guerrillero M-19 se tomó el Palacio de Justicia, al medio día del 6 de noviembre de 1985. Así como los estadounidenses recuerdan dónde estaban cuando ocurrió el ataque a las Torres Gemelas, toda una generación nuestra quedó marcada por los tenebrosos hechos del Palacio de Justicia. 

En noviembre pasado se cumplieron 30 años de este holocausto y como una pesadilla que regresa sin falta cada noche, el eco de las voces radiales pidiendo el cese al fuego desesperadamente, el incendio del edificio, los restos de cuerpos calcinados  y los cañones que hacían temblar la estructura volvieron irremediablemente a la memoria.

Fue en ese contexto de dolor que Marta Orrantia, periodista y escritora bogotana ‘modelo 70’,  comenzó a elucubrar la realización no de un texto periodístico sino de una novela que se introdujera en el alma de quienes participaron en la toma del Palacio de Justicia.

Fueron más de tres años de investigación, en los que Marta puso a prueba su formación periodística para escarbar en miles de documentos oficiales y no oficiales, periódicos, videos y testimonios para ir entendiendo la complejidad de una historia de esas que avergüenzan a un país. Pero también fue la lucha de una escritora con sus propios orígenes porque lo que Marta quería construir no era un libro de investigación sino una novela que le diera la libertad de decir muchas verdades incómodas que en un texto periodístico no se aventuraría a decir, sin pruebas.

[[nid:585653;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/10/gaceta16oct.2016-pag.8photo02.jpg;left;{Marta Orrantia fue creadora y editora de Gatopardo.Especial para GACETA}]]

‘Mañana no te presentes’ es una novela apasionante y dolorosa y que como dice el periodista Mauricio Vargas, “solo apuesta, entre cruces de aplastantes frases y balazos asesinos, por el partido del alma de quienes aquí viven y mueren”.

Por qué decide novelar un hecho tan dramático como lo sucedido en el Palacio de Justicia, siendo que sus orígenes  están en el trabajo e investigación periodística

Hace mucho rato yo estoy más ligada a la literatura que al periodismo. Igual hago una cantidad de trabajos periodísticos ‘freelance’ cuando tengo tiempo,  es algo que no quiero dejar, pero quiero concentrarme en la ficción.

Ahora, esto fue como una casualidad, yo estaba escribiendo otra cosa y en algún momento hablando con mi editor nos pusimos a recordar el Palacio de Justicia y empezamos a hablar, porque creo que habían descubierto una fosa común, y miramos que de esto nunca se había escrito y empecé a enloquecer.

Vine a mi casa y comencé a estudiar, a mirar, a revisar y eran las doce de la noche y no paraba. Ya no podía pensar en otra cosa, entonces me dije ‘esto es lo que tengo que contar’ porque finalmente no había sido una historia que hubiera estado lejana a mí nunca, porque el Palacio de Justicia a nuestra generación le dolió mucho, nos partió en dos la historia. Es un tema fascinante y lo había analizado siempre desde el punto de vista de la no ficción, pero nunca había visto una novela sobre esto, pero además nunca un libro sobre las horas que pasaron entre la toma y la retoma. Nadie se había atrevido a hacer eso.

Ese proceso de investigación cuánto tiempo le llevó...

Ese proceso lo empecé hace tres años. Con esa neurosis de los periodistas, inicialmente busqué los libros que creía podían servirme, videos, documentales, los informes de la Comisión de la Verdad, los forenses. El siguiente paso fue hablar con los guerrilleros del M-19 y entonces comencé a mirar las fotos de los muchachos que murieron ese día en el Palacio de Justicia, que son muy impresionantes. Empecé a hablar de estructuras militares, de las mujeres en el M-19, de las torturas. Comencé todo este proceso de documentación y a medida que escribía me devolvía y cambiaba, porque entendí cosas diferentes en la medida que investigaba y avanzaba.

En ese desarrollo creativo, qué siente que le aportó su experiencia periodística para poder abordar desde la novela un hecho real

Es buenísmo lo que dices porque yo le insisto mucho a mis estudiantes que uno debe investigar siempre para escribir. En este caso era mucho más importante la investigación porque es una novela histórica de alguna forma, pero en todos los casos la investigación es clave en la literatura, bien sea viendo cómo los escritores resuelven un problema.

Ahora, la disciplina periodística de investigar, de aprehender, de hablar con fuentes, es básica para este libro en particular, pero en algún momento sí me tocó decir ya no más, o estoy escribiendo un libro de periodismo o estoy escribiendo ficción,  ya no podía seguir así.

Además, porque todo el mundo tenía algo que decirme al respecto, entonces todos quieren hablarte, ayudarte, pero en un momento tuve que poner un alto y decir, es suficiente. Incluso ahora que publiqué el libro me decían y tú por qué no hablaste con el coronel tal, entonces yo contestaba pues porque mi libro no tiene nada qué ver con el coronel o el general.

Es que yo no puedo tener toda la información porque es imposible. Mi libro empieza hablando desde el punto de vista de una guerrillera, ella no conoció lo que ocurría en Palacio, entonces a mí de qué me servía meterme en otra investigación, otros tres años, cuando era información que no iba a utilizar. En algún momento sí me tocó parar a todo el mundo y pararme a mí misma y decirme, ya no más.

Precisamente, qué fue lo más difícil de novelar un hecho real y tan complejo para la historia de Colombia

Hay varios aspectos complicados. Uno de ellos es que yo sentía muchas veces que estaba irrespetando a los muertos, porque de todas formas esto sucedió relativamente hace poco y aún hay muchos testigos sobrevivientes, muchos hijos de desaparecidos que en algún momento, pensaba, les tiene que doler mucho lo que estoy haciendo.

Inicialmente me dolía mucho pensar que iba a lastimar los sentimientos de alguien, pero por otro lado no podía hacer otra cosa, es decir, más allá de tratar con el mayor respeto a las víctimas y la situación completa, pero fue una experiencia difícil.

Otra cosa es también retratar esos personajes en medio del fragor de esa batalla porque tampoco los conocí, entonces allí es donde empieza a jugar la ficción y allí es donde uno de periodista tiene que acostumbrarse a pensar que está haciendo una cosa distinta, entonces eso también fue complicado. Ponerme en el lugar de Andrés Almarales, entenderlo; a Irma, entender toda esta situación fue bastante complejo.

Usted cuenta la historia de la toma a partir de los ojos de una guerrillera, Yolanda, y su amante, Ramiro. ¿No le planteó dudas hacerlo de esta manera?, porque alguien pudiera reclamarle el hecho de no hacerlo  a partir de la visión de un  militar o uno de los magistrados...

Para nada, entre otras cosas porque muy rápido me di cuenta que yo quería hacer una historia de una mujer, porque las mujeres entendemos la guerra de una manera distinta y cuando yo empecé a pensar esta historia no entendía quiénes estaban allí adentro, no era claro para mí cómo estaban actuando estas personas y apenas entendí, descubrí a Yolanda, porque Yolanda estaba ahí todo el tiempo, entonces ahí me di cuenta por dónde tenía que construir mi historia, porque finalmente yo, siendo mujer, me identifico mucho más con la forma de ver la guerra que tenía  ella y de entenderse a sí misma como mujer en medio de un conflicto armado.

No habría podido escribir el libro desde el punto de vista de un héroe ni de un militar porque yo creo que, primero, no los hubiera entendido porque yo no comprendí la actitud del Ejército, que me pareció terrible, tremendamente cruel, y no me gusta escribir la historia desde el punto de vista de los ganadores sino de los perdedores, de los pequeños, de los insignificantes, de los que no tienen voz. Yo creo que esa es una de las locuras del periodismo, es decir, que nosotros tratamos de buscar otro ángulo diferente de una historia.

[[nid:585656;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/10/gaceta16oct.2016-pag.8photo03.jpg;full;{El asalto al Palacio lo llevó a cabo un comando de 35 guerrilleros, 25 hombres y 10 mujeres.Especial para GACETA}]]

Otro aspecto interesante en su novela es el ritmo vertiginoso que adquiere la historia. ¿Tal vez esa misma formación periodística hace que su escritura sea muy dinámica y que se sostenga la tensión desde el inicio de la obra?

Pues lo que un escritor quiere es que sus lectores no lo dejen de leer. Espero que eso se haya logrado, no lo hice de una manera consciente, de alguna forma también era esa angustia que yo estaba sintiendo cuando escribía, esa necesidad de contar cada episodio, cada minuto, cada segundo lo que yo me imaginaba que había pasado en ese baño, y creo que se nota también, que al mismo ritmo que iba escribiendo iba tratando de descubrir qué era lo que pasaba.

Yo tenía esa investigación súper hecha, pero de todas formas a medida que iban sucediendo las cosas, Yolanda iba viendo este horror que se iba desarrollando frente a sus ojos y al mismo tiempo iba desarrollándose frente a los míos.

Muchas veces me sorprendía con el ritmo vertiginoso frente al que se estaba desarrollando todo. Era como una sorpresa para mí, porque igual no lo estaba buscando conscientemente.

Qué ventajas le da a una escritora como usted, con experiencia periodística, abordar como producción literaria una novela histórica.

Para mí sí fue muy importante porque como nosotros vivimos ese momento tan aterrador, entonces fue como un exorcismo poder hacer esto y un privilegio porque no todo el mundo que vivió este horror puede exteriorizarlo de esta manera. Para mí fue fantástico, en medio de todo el dolor y lo aterrador, tener las herramientas para poder escribir esta historia.

De hecho fue tan liberador que antes yo no podía pasar delante del Palacio de Justicia porque me dolía muchísimo y el otro día estuve allí y fue como si ya hubiera enterrado eso. Obviamente todo el mundo no lo puede hacer, pero yo sí pude.

En esta coyuntura de país, con toda la expectativa que hay para lograr la finalización  del conflicto con las Farc, ¿qué cree que aporta su libro?

Le mandé este libro al presidente Santos y en la dedicatoria le decía que estaba muy contenta de que estas situaciones no volvieran a pasar. Estaba muy contenta de que yo ni nadie tuviera que escribir sobre esto porque uno de verdad no quisiera que esto fuera real, que esto hubiera ocurrido.

Entonces, si algo tenemos que hacer como país es aprender de estos errores y entender que estas cosas no se pueden volver a repetir. La única forma de pasar la página es diciendo no más y que nadie vuelva a vivir una situación de estas. Es tan doloroso que yo hubiera querido que lo que escribí hubiese sido mentira.

Personalmente, qué le dejaron estos años de investigación, ¿qué conclusiones de vida le dejó este capítulo de nuestra historia a Marta Orrantia?

Yo tengo el convencimiento profundo que nadie actuó por el bien del país, todos actuaron en sus pequeños, egoístas y ridículos intereses personales. En ningún momento alguien pensó en el país. No hay derecho a que tanta gente hubiera actuado así de mal. La conclusión es que no hubo una sola persona, de esos actores claro (ejército, gobierno, guerrilla) que hubiera dicho ‘hombre, tal vez estamos actuando mal, revisemos esto o tratemos de no hacer daño aquí’. Ese día sacaron a relucir lo peor de sí mismos y terminamos todos nosotros siendo víctimas de una demencia, de una criminalidad colectiva que se salió de las manos.

Cómo siente su propia evolución como narradora, después de su primera obra ‘Orejas de pescado’ y ahora con ‘Mañana no te presentes’.

Es una pregunta un poco rara de contestar para un escritor. Los momentos son distintos y los libros responden a búsquedas e inquietudes diferentes. He cambiado mucho desde ‘Orejas de pescado’, soy probablemente una persona muy distinta, con unos intereses muy diferentes, con unas preocupaciones de país muy distintas y esta novela responde a este momento en el que estoy en mi vida. 

Pero ‘Orejas de pescado’ fue muy importante porque básicamente fue mi primera novela y porque la hice con la inconciencia de esa primera novela. Yo creo que cada uno de los libros es como un aprendizaje, así sea de lo que uno no debe hacer, entonces de pronto algún día me arrepienta de alguna cosa que escribí, pero básicamente responden a momentos que son muy importantes en mi vida y en mi búsqueda personal.

Marta  dice que su libro también le sirvió como una  catarsis para superar el dolor que le produjo el holocausto del  Palacio de Justicia.

“Ese día sacaron a relucir lo peor de sí  y terminamos todos siendo  víctimas de una demencia, de una criminalidad colectiva que se salió de las manos”.
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