Una huella maestra en Colombia dejó el pintor Armando Villegas

Diciembre 31, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Una huella maestra en Colombia dejó el pintor Armando Villegas

El maestro colomperuano Armando Villegas fue uno de los referentes en la pintura de nuestro país.

Adiós a uno de los pioneros del arte moderno en Colombia, Armando Villegas, fallecido el pasado 29 de noviembre. Homenaje a su legado.

El maestro Armando Villegas pintó a Colombia cuando cumplió 200 años. Le puso amarillo, le puso azul y le puso rojo, al final. El rojo, dijo entonces, eran los seres en proceso de evolución. Al azul ascienden los que buscan superarse y a la franja amarilla llegan los que se desarrollan gracias a su intelecto. “Es un sino. No puedo acostarme sin haber hecho alguna cosa”, dijo, con una voz que sonaba entusiasta. Jovial. El 20 de julio de 2012 el maestro Villegas tenía 85 años. Hizo un Doodle del Bicentenario del país. Quería que la gente reflexionara sobre el sentido de la libertad y la evolución personal. Muy a su estilo, él que fue un hombre crítico, tanto en su obra como en su personalidad. Él, que hizo un arte que hacía denuncias. Armando Villegas nació en Perú, en 1926. Un día de 1993, el entonces presidente César Gaviria lo llamó y le entregó la nacionalidad colombiana. “Desde entonces he sido colombiano”, contó en entrevista en ese 20 de julio de 2012. El maestro llegó a Bogotá en 1951 para estudiar pintura mural con el muralista Ignacio Gómez Jaramillo. Desde entonces vivió en Colombia. Estudió un posgrado en pintura mural en la Universidad Nacional y hasta en 1958, solo siete años después de su llegada, se ganó el segundo puesto en el Salón Nacional de Artistas, con un cuadro abstracto. Un cuadro distinto, en medio de un montón de obras de paisajistas, que fue lo que se encontró el artista cuando llegó. Villegas, lo dijo la crítica de arte Marta Traba, fue uno de los artistas que trajo la contemporaneidad al arte del país. En esa lista también están Fernando Botero, Enrique Grau y Alejandro Obregón. Con su trabajo se convirtió en figura de la plástica latinoamericana. El maestro, ya colombo peruano, pintó guerreros de aspecto fantástico. Hacía una combinación entre lo mítico y lo prehispánico. ¿Por qué se inscribe en el realismo fantástico? Le preguntó Natalia Botero, en la entrevista del 20 de julio, de 2012. “He pasado por distintas etapas -respondió él-, primero la academia, luego la de la figuración a la abstracción y está última la sigo alternando. Tras haber llenado mi curiosidad en este campo, dije: en mi memoria caben una serie de leyendas y mitos ¿por qué no idearme unos personajes simbólicos? Alguna vez, por casualidad, noté que uno de ellos encarnaba el sincretismo cultural: un conquistador que vino de Europa y se mezcla con un guerrero de aquí. Los llamé guerreros. A veces me han interpretado mal y me han clasificado como ‘el pintor de los guerreros’ pero la intención no era esa, sino la de plasmar seres que viven en el interior de uno, que son de lucha y de trabajo”. El pintor se jubiló de la dirección del departamento de Artes de la Universidad Nacional. Pero no se alejó del arte. “He acumulado una suerte de hallazgos. Hay artistas que se acomodan en un solo estilo y no salen de él. Yo he sido siempre un buscador. Investigo y motivo a otros de forma permanente. Estoy al día en la marcha del arte. Mi estudio se ha vuelto como un laboratorio porque llevo 1.500 objetos o ensambles, un caso insólito para un artista colombiano". El maestro se fue el 29 de diciembre, en la última tarde de domingo de este 2013. Dejó su realismo mágico, su alma de crítico. Su arte. Sus guerreros, “esos seres que viven en el interior de uno”.

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