Una caleña es la ‘batuta’ de la Orquesta Sinfónica de Colombia

Marzo 29, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de GACETA
Una caleña es la ‘batuta’ de la Orquesta Sinfónica de Colombia

Queremos insistir en la idea de fusionar cantantes populares con la música sinfónica, en su justa medida y guardando siempre la calidad.

Claudia Franco dirige desde hace cuatro años los destinos de la Orquesta Sinfónica de Colombia. Hoy celebra un Grammy y la cercanía con un público joven y agradecido. Claves para lograrlo.

Usted está cerca de cumplir cuatro años como directora administrativa de la Orquesta. ¿Cuál es el balance que hace?

Cuando llegué a la Orquesta esta atravesaba una situación financiera complicada y un desorden administrativo grande, pero con un potencial muy grande. Y a pesar de no tener una experiencia previa en el sector cultural, lo que sí traía yo era una experiencia en el manejo de entidades con dificultades económicas y organizacionales. Así que encontré esta Orquesta muy joven, y mi apuesta fue llevarla a la sostenibilidad sin que se perdiera su calidad artística y, sobre todo, que se convirtiera en una orquesta querida por la gente.

Al llegar vimos el contraste tan grande entre los músicos tan jóvenes y el público tan mayor que asistía a los conciertos. Entonces decidimos crear estrategias para llamar a nuevos espectadores. Tuvimos la fortuna de tener un director titular muy arriesgado en la programación de la Orquesta que había logrado introducir nuevos compositores al repertorio. Pero eso no parecía ser suficiente. Nos preguntamos qué cosas podemos hacer para que esto cambie. ¿Por qué no mostramos esa imagen joven que tiene la orquesta, que son los mismos músicos? 

Decidimos salir a la calle en jeans, en camiseta, en tenis de colores y empezamos a hacer los ‘flashmobs’. Arrancamos un recorrido por los grandes centros comerciales de Bogotá, tanto del norte como del sur, mostrando los instrumentos y tocando apartes de obras. También teníamos personajes de la ópera interpretando pequeños papeles. Y la respuesta de la gente, sobre todo de los niños y jóvenes, fue increíble. Impactó mucho.

Fue así como empezamos a dar a conocer nuestra programación y acercarnos a la gente. Pasamos de tener, hace cuatro años, entre 90 y 100 personas cada ocho días. Hoy llegamos a 400 a la semana en diferentes salas, incluido el Teatro Colón.

Eso fue clave. Hicimos presentaciones en los balcones de la casa de la Orquesta que queda en La Candelaria. Al principio los músicos no estaban muy convencidos; creían que lo único que me faltaba era ponerlos a cantar con el sombrerito al lado, como quien pide limosna. Pero cuando empezaron a sentir que el público se emocionaba tanto, así estuviera lloviznando, se animaron. Así, cada jueves salíamos a las ventanas y los balcones a la 1 de la tarde. Y la gente se empezó a acostumbrar. Y se detenían a escuchar. Aquí lo interesante fue que la gente se dio cuenta que allí adentro de esa casa pasaban cosas; que esa Orquesta que la habitaba estaba viva.

La gente le perdió el miedo a la música clásica...Es que yo creo que lo primero que uno tiene que hacer es cambiarle el chip a las personas y decirles que esto de la música clásico no es algo en lo que tienen que ser sabiondos. No hay que ser musicólogo ni saber quién es Beethoven ni Bach ni Mozart. Si lo sabe, pues bien, pero si no, vaya a vivir una experiencia alucinante y placentera. La música clásica es para el goce.

Mediante la celebración de convenios que nos permitan tener unos recursos de administración. Por ejemplo, la Asociación de Música Sinfónica, que es la que maneja la Orquesta, tiene convenios con el Ministerio para comprar los instrumentos musicales que se reparten en las escuelas de música de todo el país. En este momento también administramos los recursos de programación del Teatro Colón y los recursos de terceros que entran al Teatro Colón, como alquileres y taquilla. Y otra fuente importante de ingresos es la venta de conciertos a la empresa privada y a las universidades.

En el 2013 tuvimos una invitación de una compañía para hacer un concierto con un cantante que terminó siendo Fonseca. El concierto fue en el Country Club, en medio de un coctel, y a pesar de las condiciones, tanto él como nosotros nos dimos cuenta de que ahí había algo maravilloso. Así que le propusimos grabar un CD y él aceptó. Intervinieron Paul Dury, Juan Andrés Otálora, y Eduardo Bergallo, que es el productor de Cerati sinfónico. Y fue tan bueno el resultado que nos ganamos un Grammy. El 22 de mayo estaremos en Cali presentándolo en el Centro de Eventos.

Después del Grammy con Fonseca Sinfónico, ¿qué sigue?Queremos insistir en la idea de fusionar cantantes populares con la música sinfónica, en su justa medida y guardando siempre la calidad. Pronto tendremos una sorpresa que tiene que ver con Cali.

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