Un melómano que convirtió su casa en museo de la salsa

Un melómano que convirtió su casa en museo de la salsa

Junio 02, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Jorge Gutiérrez, especial para El País
Un melómano que convirtió su casa en museo de la salsa

El Museo de la Salsa está ubicado en la carrera 11b No.24-44 en el barrio Obrero. Está abierto al público los días sábados a partir de las 8:00 p.m.

Carlos Molina, un melómano y amante de la salsa, abrió las puertas de su casa. Ahora es el Museo de la Salsa.

Cuando abrió las puertas de su casa, estaba vestido con zapatos de charol y pantalón de lino blancos, como buen amante de la salsa. 

Su pinta evoca la rumba caleña, tiene un anillo doble dorado con  las letras que componen la palabra ‘Salsa’. 

Como él, su casa también transpira salsa; en las escaleras que van al segundo piso de la casa se pueden apreciar notas musicales y en las paredes sobresalen corcheas en alto relieve. Cada detalle de la casa, cada elemento de la decoración, hablan de la historia musical de Cali, sin duda es  un ‘Templo de la Salsa’.

Carlos Molina  guarda un pedazo de historia  en cada objeto, con los más de 40 años que se ha dedicado a coleccionar elementos referentes a este género musical. En la ciudad  es conocido como el fotógrafo de la salsa, pero a él le gusta más bien el término ‘coleccionista’ aunque sus más de 40.000 fotografías tomadas a cantantes, músicos y orquestas digan otra cosas.

En sus fotografías se puede apreciar a los soneros caleños y los artistas internacionales, que contribuyeron en los años 70 a que  Cali fuera reconocida  como Capital Mundial de la Salsa.

Aunque toda su casa huele a salsa, es en la tercera planta donde está su lugar más preciado, allí se puede apreciar un cuarto al que Molina llama, ‘La tarima de  las estrellas’. A la entrada se aprecian dos estrellas con los nombres de sus padres Carlos E. Molina e Irma Salas. 

Adentro se observa una tarima en medialuna,  sobre la cual  encuentran  diferentes instrumentos que conforman una orquesta de salsa, como el timbal, las congas, el teclado e instrumentos de viento acompañados de un micrófono que cuelga del techo.

“Aquí traigo a los artistas para hacerles fotografías para mi colección”, precisando que más de 200 músicos nacionales y extranjeros han compartido con él ese lugar, además el cuarto guarda todo tipo de souvenir de salsa como instrumentos, músicos y orquestas en miniatura y en el techo una decoración muy sentida con las fotografías de los artistas fallecidos con un mensaje en el que se lee, ‘Se formó la rumba en el cielo’.

Pero no solo son fotografías tomadas por él las que lo hacen un coleccionista, en uno de los cuartos de su casa guarda cerca de 7000 Long Play, discos que empezó a coleccionar desde muy joven, cuando el gusto por la salsa le llevó ha convertirse en amigo de todos los músicos que tocaban en Cali, “como yo siempre estaba en los hoteles y las presentaciones tomando fotos, ellos me conocieron y yo andaba con ellos pa’rriba y pa’bajo”, cuenta Molina.

Creció en el barrio Obrero, donde aprendió de la rumba, se gozó el boom salsero de los años 80  y hacia su presentación dando muestra de su trabajo o más bien como lo dice él, su hobby.

Viajó  alrededor del mundo y  visitó el Festival de la Calle 8 en Miami en el año 1999, estuvo  Festival Benny Moré en el 1993 y 2007. Y constantemente participa en   giras por todo el país con el grupo de Melómanos y Coleccionistas de Cali.

Ahora, su casa es el  Museo de la Salsa. Un lugar para amantes e interesados en conocer la historia de la salsa en la ciudad, un tertuliadero. La casa de Carlos Molina, quien tiene la colección más grande de salsa del mundo.

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