Un café con Sara Rayo

Un café con Sara Rayo

Enero 24, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Especial para GACETA
Un café con Sara Rayo

En Colombia es mucho más fácil inspirarse porque uno tiene más contacto con la naturaleza, teniendo en cuenta que mis obras son basadas en eso.

Dos Rayos en una misma exposición. El maestro Omar Rayo y su hija Sara celebran los 35 años del Museo de Roldanillo con una muestra que reúne lo mejor de una técnica insigne del lugar: el intaglio.

¿Qué se pueden encontrar las personas que visiten ‘Rayo y Rayo’?

Mi papá dejó un proyecto planeado antes de morir, la Sala Museo del Intaglio, donde estará la exposición de los dos, allí se quiere mostrar una yuxtaposición de trabajos y estilos, pero ambos usando la misma técnica: el papel. 

¿De qué trata su obra?

En mi obra reciente de papel, emergen formas misteriosas como hojas, hebras de pelo o tejidos musculosos sobre fondos monocromos o blancos. Al recortar áreas en formas orgánicas de la superficie y doblarlas, revelo otro nivel. Mi mayor inspiración llega de la búsqueda de la perfección, la geometría encontrada en la naturaleza,  flores, fruta y hojas.

¿La idea era seguir el mismo estilo del maestro?

No, esta exposición no fue pensando en él, ni está dedicada a él. Es algo que fue saliendo. Cuando el curador del museo lo vio decía que tenía mucho parecido a la obra de mi papá y ahí salió mi mamá, la presidenta del Museo, y dijo que teníamos que mostrar en vivo y en directo esta comparación de obra, entonces no fue planeado, fue una observación que se dio después. Es parecida, pero no es a propósito. Lo geométrico va en la sangre. 

¿Cuál es ese sentimiento que se presenta al exponer al lado de su padre?

Me hubiera encantado que estuviera viéndolo y que él estuviera conmigo. No sé si me hubiera dejado hacer la exposición antes, después o más adelante en mi carrera, no sé cómo hubiera criticado el trabajo, pero me hubiera encantado poderlo tener aquí. 

¿Qué  enseñanzas le dejó él como artista?

Disciplina. Eso siempre fue muy importante para él. Antes me lo decía de jovencita y de chiquita y más o menos lo entendía, pero ahora lo vengo a entender mucho más. Y la búsqueda de lo que lo estimula o le interesa a uno y aplicarlo al arte. Él lo hacía mucho y yo lo estoy haciendo de igual forma, pero no por enseñanza de él sino que es algo que está en el ADN. No es algo de la escuela, es el ADN que uno hereda. 

¿Cómo es que usted decide seguir ese mismo camino del arte?

Yo siempre iba al estudio a pintar con él. Él pintaba y a mí me ponía un lienzo y los botes de pintura para que yo hiciera lo que quisiera. Este era el plan de  los domingos mientras escuchábamos música clásica. Cuando decidí en la universidad elegí algo de arte, no sabía qué, pero sabía que quería algo con arte, y terminé haciendo diseño gráfico que tiene mucho que ver con esto. Él me insistía mucho en que hiciera una exposición, que siguiera buscando, que hiciera investigaciones, buscar qué era lo que me inspiraba. Nunca me permitió dejar ese lado.

¿Cómo fue ese cambio del diseño gráfico a la pintura? ¿Qué tan rápido se dio?

Después de estar toda mi vida en Nueva York llegué a  Colombia en el 2007 donde fui profesora de la Javeriana, la Autónoma y la Univeridad del Valle. Empecé a buscar una maestría y algo más para mi carrera como diseñadora. Era algo que no me estaba llenando como sabía que lo iba a hacer algo en artes, entonces terminé haciendo una especialización en pintura en la  School of Visual Arts, SVA, en Nueva York. Eso me cambió la vida y el sentido de seguir buscando la vida artística. Volví a Colombia hace poco y empecé a trabajar con mi arte que se ha ido creciendo. Ahora estoy dedicada 100 % a la pintura.

 ¿Se arrepiente de haber dedicado tantos años al diseño y no a la pintura?

Ser diseñadora y luego ser profesora me llevó a entender cómo ser artista. Si hubiera sido artista desde el principio no creo que hubiera llegado donde estoy en este momento. Ese es el camino por el que la vida me ha llevado y  estoy contenta de como es.

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