Un café con Olga Ardila

Mayo 22, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de GACETA
Un café con Olga Ardila

Olga Ardila, directora de la Casa de la Lectura en Cali.

La directora de la Casa de la Lectura en Cali habla sobre la Segunda Convocatorio al Taller de Crónica que se abre este lunes.

Olga, ustedes vienen apostándole desde hace más de diez años a la formación de  lectores. ¿Qué balance pueden presentar hoy? ¿Ha valido la pena tanto esfuerzo?

Se trata de una  apuesta  a largo plazo, en una escala generacional. Pero claro que ha valido la pena, independientemente de que los resultados no se vean todavía en la región y el país. Confiamos haber Incrementado el consumo  de lectura con los talleres, la oferta de librería y de la biblioteca, haber contribuido a mejorar la comprensión de estudiantes y maestros.

A haber hecho un poco más felices a quienes hoy entienden que la lectura es una forma de la felicidad. La tarea de formar lectores sigue siendo una tarea descomunal. Tomársela en serio supondría la participación de todas las agencias nacionales e internacionales de fomento y promoción de lectura durante las siguientes tres décadas. Un poco más de lo que el Ministerio de Educación ha calculado en su Plan Nacional de Lectura y Escritura. 

Uno de sus programas bandera es el de la lectura en voz alta. ¿Por qué es tan importante? ¿Qué se activa en el cerebro y el espíritu con esta práctica?

Recomendamos leerles a los niños desde los tres meses de embarazo hasta que él o ella diga que quiere leer por sí mismo. La lectura temprana es un incitador simbólico definitivo, un estímulo a la comprensión, una carnada a la inteligencia, motor de lenguaje. De manera estadísticamente probada mejora desempeños escolares. En algunos casos registrados la lectura temprana y sostenida hace que los niños aprendan a leer y a escribir sin necesidad de enseñanza formal. 

Otra de las estrategias de la Casa de la Lectura para acercar a los caleños a la lectura es a través de la escritura...

Escribir es una forma de leerse. Escribir exige releerse para corregir. En los textos están todos los recursos que alguien necesita para aprender a escribir. Bastaría saber leer para encontrarlos y ponerlos en uso. La capacidad para leerse de cualquiera que escriba, me parece que es lo que mejora su escritura.  Si queremos que los chicos aprendan a escribir es indispensable que aprendan a leer.  

Mañana abren por segundo año  la Convocatoria para el Taller de Crónicas Ciudad de Cali. ¿Cuál es el balance del primer taller realizado en 2015 y qué aprendizajes quedaron de esa experiencia?

Lo primero que  encontramos cuando nos  embarcamos en un proyecto son dificultades. En Ciudad Crónica, la más ardua es enfrentarnos al hecho de que el perfil del cronista es algo inverosímil, una mezcla misteriosa de reportero y escritor. Demasiado para cualquier currículo. Hoy tenemos una imagen más clara del problema que nos dejó Ciudad Crónica 2015, pero al mismo tiempo una salida que queremos probar.

Un referente de mucha ayuda nos lo dio Leila Guerriero. Ella dice que un cronista en formación debería leer más ficción que no ficción.  En ese punto vamos a comenzar la experiencia este año. Quedaron quince crónicas terminadas, los chicos caminaron y vieron la ciudad, cuatro publicaciones y ojalá más dolientes y  audiencias. 

¿A quién está dirigido el taller de este año, cuántos cupos tienen disponibles?

Periodistas y comunicadores vinculados a medios, los que están en proceso de formación en las escuelas de comunicación, y personas que sin formación profesional estén dispuestas a contar su ciudad. Tenemos 35 cupos ofrecidos a través de convocatoria pública que abriremos del 23 de mayo hasta el 8 de junio. La convocatoria la pueden encontrar en el Facebook de Fundación Casa de la Lectura y en la página web de Comfandi. Estamos satisfechos de haber conseguido ampliar para la actual edición los socios de “Ciudad Crónica”: Plan Nacional de Concertación -Mincultura-, Comfandi, Banco de la República y el periódico El País.

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