Un café con Danny Esquenazi

Junio 12, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de GACETA
Un café con Danny Esquenazi

Danny Esquenazi, diseñador industrial y escultor bogotano.

Con una formación en diseño industrial, este escultor bogotano lleva la madera a límites insospechados, hasta convertirla en objetos de arte cinético. Su obra se expone en Pop Up Gallery.

Usted quiso estudiar arquitectura y luego terminó diseño industrial. Pero se convirtió en artista. ¿Cómo es eso?

Resulta que en la arquitectura no encontré lo que estaba buscando. Y en el diseño, me acerqué un poco más, pero no del todo. Yo lo que quería era expresar ideas y sentimientos por medio de objetos que creaban esas sensaciones y con unos conceptos y unas historias. Muchas veces cuando haces un objeto de diseño o  arquitectónico,  puede que este tenga un sentimiento, pero no una historia detrás, una historia en el tiempo. Finalmente tomé unas clases de arte y uniendo técnicas de diseño con conceptos de arte llegué a lo que quería. 

¿Cómo fueron esos primeros objetos que realizó?

Todo era muy desordenado. Pero ya podía expresar a través de piezas sensaciones como el desamor o las alegrías. Eran objetos que reflejaban la vida misma. Incluso trabajaba mucho alrededor de la guerra porque yo estudiaba en Israel y el conflicto te afecta mucho en el diario vivir.

Ya era clarísimo para usted el tema de la escultura...

Aún no. En ese entonces también realizaba piezas en dos dimensiones,  pintura geométrica. 

¿Y siempre tuvo claro que trabajaría la madera o exploró otros materiales?

Lo de la madera ha sido desde siempre. Es una pasión  y un amor total desde que la descubrí, porque la aprendí a manejar y desarrollar de una forma que me cautivó. Parte de mi investigación para seguir adelante en mi trabajo es ver cómo manejar la madera de una forma diferente. Porque  trabajo la madera y uso también sus derivados, como los laminados de alta presión que luego se enchapan en madera. Todo esto lo uso, pero no en la forma en que lo usarían un diseñador o un carpintero, sino con la intensión de crear una escultura. 

El movimiento y la ilusión óptica son características de su obra...

La definición de mi obra en ese sentido va de más grande a más pequeña. Yo hago arte abstracto, sí. Pero dentro del arte abstracto hago arte geométrico. Y dentro del arte geométrico me dedico al arte cinético mezclado con el arte óptico. Y los dos  tienen que ver con el movimiento y los efectos visuales que se causan tanto cuando la obra se mueve (por el aire, por ejemplo) como cuando tú te mueves. Todas mis obras  tienen que ver con eso. 

¿Qué públicos siente más cercanos?

Yo he cautivado un nicho especial que es el público venezolano. Quizá esto se deba a que ellos están muy acostumbrados al arte geométrico y al arte cinético. También hay una relación especial con los niños, a ellos les atraen mucho mis piezas, sobre todo porque hay mucho color, que es tan importante en mi obra. 

Háblenos de ese manejo del color que está tan presente en  cada una de sus piezas.

Tengo una atracción especial por el color. Es una de esas cosas innatas, porque nunca estudié cómo manejar el color. Pero si  ves cómo me visto, nunca me vas a ver de negro. Veo la vida en color, expreso las cosas a través del color. De hecho, tengo una serie que se llama ‘Impulsos cromáticos’ y trabaja un poco la psicología del color . Esto se refiere  a que cada color tiene un efecto especial en cada persona y depende no solo de la persona sino del momento.

El rojo, por ejemplo, a alguien  que pasa por una situación especial de amor, le puede producir sentimientos muy buenos; pero a la persona que está al lado le puede significar violencia. Eso depende mucho del estado de ánimo. Y eso me gusta mucho, lo veo  cuando las personas se acercan a mis obras e inmediatamente tienen un impacto. 

Así sea bueno o no, siempre hay una reacción y eso es lo que yo quiero lograr.

 

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