Un café con Alberto de Michele

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El artista-italo holandés presenta en el Museo Rayo de Roldanillo una obra políticamente incorrecta que reflexiona sobre el mundo del hampa y el fracaso. La obra está inspirada en un delincuente del norte del Valle del Cauca.

Un café con Alberto de Michele

Septiembre 27, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Especial para GACETA

El artista-italo holandés presenta en el Museo Rayo de Roldanillo una obra políticamente incorrecta que reflexiona sobre el mundo del hampa y el fracaso. La obra está inspirada en un delincuente del norte del Valle del Cauca.

Alberto, ¿de dónde sale su atracción por la temática de la criminalidad?

Efectivamente este trabajo se concentra en elementos que podríamos llamar políticamente incorrectos y que se ocupan de los protagonistas del hampa. Esto se debe a que, de niño, tuve la posibilidad de acercarme a ese mundo de criminales. Mi mamá es holandesa y mi padre italiano. Aunque de muy niño me fui a vivir a Holanda, todos los veranos iba a Italia y mi padre me daba la posibilidad de entrar al mundo de los casinos porque ese era su mundo. Así que una vez terminé mis estudios de arte, decidí focalizarme en este tema pues sentía que tenía la posibilidad que otra gente no tiene de ganarme la confianza con los criminales, de penetrar ese mundo que  mucha gente quiere conocer, pero no puede. 

¿Es decir que sus primeros trabajos también abordan el tema del crimen, del mal?

Mi primer trabajo es sobre un rapiñador de banca que era buscado por la Interpol y se fugó de Italia hacia Holanda. Él me preguntó si se podía esconder en mi casa y se quedó tres meses. Estuvimos hablando mucho y se estableció una relación sobre la cual he trabajado mucho que es la del artista y el criminal. 

¿Usted trabaja con cualquier criminal?

No, claro que no. Necesariamente tiene que haber un elemento poético. En este primer caso, cuando se iniciaron nuestras conversaciones,  él intentaba explicar su vida de una manera muy filosófica. Había estado leyendo mucho tiempo cuando estuvo en la cárcel y tenía una nueva mirada sobre sí mismo. Era casi como un analista sobre el bien y el mal. Eso fue sobre lo que quise trabajar y es algo que, digamos, no puede hacer un periodista o un psicólogo, pero sí un artista.

Años después realicé una película documental sobre un grupo de ladrones que trabaja solo cuando hay neblina. Son gente de 50 y 70 años, amigos de mi papá, y usaban la neblina  para escapar. 

¿Cómo arranca esta obra que presenta en el Museo Rayo?

Hace 5 años me invitaron a realizar una residencia artística en Aruba. Allí conocí a un personaje colombiano bien particular. Al poco tiempo él empezó a contarme su historia en el hampa pero hubo algo que me sorprendió, me dijo que le gustaba dibujar y pintar para escapar de su realidad y que el arte era lo único que le había servido para sentirse bien. Yo decidí regalarle una cámara de video cuando regresé a Holanda y, en contra de todos los pronósticos de mis amigos cuando les conté, pues decían que él iba a vender la cámara, resultó que hizo una imágenes de si mismo en un atardecer y me las envió. Yo quedé sorpredido. Ese fue el comienzo de este trabajo de video que expongo en Roldanillo. 

Lo empieza en Lugar A Dudas... 

Estando en Holanda, dos curadores, Tania Bruguera y Gerardo Mosquera, me dijeron que había un lugar en Cali perfecto para desarrollar mi obra: Lugar A Dudas. Los contacté y vine a hacer una residencia. Coincidió que este delincuente que conocí era de Roldanillo, así que decidí hacer la obra allí y él también  regresó 

¿En qué consiste la obra?

La obra es una videoinstalación con tomas minimalistas que reflexiona alrededor de la espera, del regreso.  Este personaje habla de sus inseguridades, su parte débil y emotiva, su confusión, pero lo que más me gusta es que hay una dualidad, el criminal se vuelve artista y el artista, de cierto modo, criminal. 

Luego, en la segunda parte, intentamos hacer un regreso fallido a Aruba. No solo naufragamos sino que fracasamos en todo el proyecto. Y ese fracaso, al final, se convierte en arte.  Perder,  no llegar a la isla y aceptar ese fracaso se convirtió en la metáfora de la obra.

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