Todo sobre 'Homeland', el documental que narra el drama de la guerra en Iraq

Todo sobre 'Homeland', el documental que narra el drama de la guerra en Iraq

Noviembre 13, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Yefferson Ospina / Periodista de Gaceta
Todo sobre 'Homeland', el documental que narra el drama de la guerra en Iraq

Abbas Fahdel llegó a vivir a Francia a los 18 años. La mayor parte de sus películas han sido filmadas en Iraq.

Abbas Fahdel, cineasta iraquí invitado al Festival de Cine de Cali, presentará hoy 13 de noviembre su documental sobre la invasión de EE. UU. a su natal Iraq.

Detrás de cada guerra hay siempre una infinidad de conflictos que parecen disolverse y perderse en medio de los estruendos de las bombas, de los fusiles, de las espadas. 

Son conflictos de otra naturaleza. Durante siglos se nos enseñó que las masacres de indígenas y negros en el continente americano no eran sino el efecto secundario, el daño colateral insignificante de una gesta mayor: del descubrimiento y la colonización de un mundo salvaje.

Durante siglos, muchos lucharon y murieron intentando demostrar que aquella visión de la historia no era otra que la contada por los vencedores. 

Los conflictos recientes no son ajenos a esa suerte de dialéctica universal, a esa guerra detrás de la guerra que consiste, básicamente, en contarla, en definir las causas, en explorar los efectos, en establecer las víctimas y los victimarios. 

En pocos escenarios resulta tan aplicable aquella frase de Wilde: “Es la vida la que intenta plagiar al arte, no el arte a la vida”. La vida, en la guerra, toma la forma de lo que el arte cuenta, de lo que los libros, las películas, los reportajes, narran. 

La invasión a Iraq por parte del gobierno de George W. Bush en 2003 es probablemente una de las ilustraciones más elocuentes de esas afirmaciones. 

La narrativa oficial primero justificó la invasión por la presunta posesión  de armas de destrucción masiva por parte de Saddam Hussein. Meses después del inicio de la invasión se comprobó que aquellas armas no existían, pero la ‘Guerra contra el Terror’ ya se había impuesto como doctrina en EE. UU. y la necesidad de justificar el conflicto era cada vez menos imperiosa. 

[[nid:592924;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/11/gaceta-inter.jpg;full;{Este es el afiche del documental ‘Homeland’, crónicas de cada día en Iraq, antes y después de la invasión de los Estados Unidos. Especial para GACETA}]]

Sin embargo, la crisis actual de Medio Oriente con la emergencia del Estado Islámico, el aumento del islamismo radical y la perturbadora desolación  en  Siria, han agrietado la narrativa oficial y los relatos cada vez más complejos, con más voces, surgidos algunos desde lo marginal, han empezado a contar la otra historia, la de los perdedores, la de las víctimas, la de las destrucciones diarias que deja la guerra. 

 ‘Homeland, Iraq Year Zero’ (Patria, Iraq año cero) es precisamente eso: una deconstrucción minuciosa y profunda de la historia que Hollywood y muchos grandes medios han elaborado; una tentativa por la honestidad y, sobre todo, por la humanidad de una guerra en la que “los otros”, los iraquíes, han carecido de rostro. 

Abbas Fahdel, iraquí, director y guionista del documental, viajó de Europa a Iraq en los meses previos a la invasión para registrar la vida diaria de muchas familias, incluida la suya, en los días anteriores a la guerra. 

El resultado es de unas dimensiones devastadoras: es un fresco sobre el sufrimiento en sus expresiones más elementales, los efectos aplastantes de la guerra al margen de discursos políticos, al margen de las épicas militares o los falsos heroísmos de quienes hacen la guerra.

Una imagen de más de 334 minutos de duración (5 horas y media)  en la que el espectador acude a la pérdida de familias, de hogares, de casas, de la vida como siempre se ha conocido.

¿Por qué decidió realizar un documental en el que su propia familia hace parte de los protagonistas, antes del inicio de la invasión?

A principios de 2002, cuando la amenaza de una nueva guerra ya era evidente, me pregunté: ¿qué hago? Como iraquí sabía que debía regresar a Iraq para estar con mi familia y mis amigos. Como un hombre de cine, como artista, tuve el instinto de filmar todo, todo lo que corría el riesgo de desaparecer y dejar un testimonio, pues mi lema como cineasta siempre ha sido observar y registrar. Más que una intuición, tenía la certeza de que Iraq estaba a punto de vivir un “momento histórico” después del cual nada iba a ser lo mismo. Mi deber como cineasta iraquí era documentar este momento histórico.

Usted, sin duda, es una víctima de la invasión a Iraq: su sobrino murió en ella, su familia la padeció en su expresión más inmediata. Uno podría decir que sus películas son catarsis...

Puede ser, pero no realicé la película con esa intención. En realidad, durante el rodaje, que duró año y medio, me fue muy difícil ver las tomas. Yo veía los fantasmas de las personas muertas,  no solamente el de mi sobrino. A menudo tenía lágrimas en los ojos. Si no hubiera estado convencido de la importancia  histórica de la película y de la necesidad de hacerla, no habría tenido el coraje para terminarla.

En una entrevista dada en Nueva York usted dijo que por ahora no piensa regresar a Iraq a filmar, entre otras cosas porque la situación es muy compleja. Sin embargo, ¿qué le gustaría grabar de su país ahora, en medio del caos que  el Estado Islámico sigue generando? ¿Hay algún retrato que quisiera hacer?

Yo no he dicho exactamente   que no quiero volver a filmar en Iraq, sino que entiendo que por ahora la situación es muy compleja por la presencia del Estado Islámico. Pero para cuando regrese quiero desarrollar tres proyectos de películas: dos documentales y un largometraje de ficción. Iraq es mi tema principal y seguirá siendo siempre mi fuente de inspiración. 

¿Tiene la esperanza de que sus películas, que proponen una narrativa diferente a la dominante sobre Iraq y la invasión, sirvan para cambiar la actual situación de su país? ¿Y cambiar la mirada que el mundo tiene sobre él?

Ninguna obra de arte puede cambiar la situación de un país. Esta puede aclarar la situación, explicar por qué llegamos a esa situación, cómo han sucedido las cosas para llegar a un estado de cosas cualquiera, pero no cambiarla. El arte no cambia la situación de un país.

***

La mayor parte de su trabajo ha tenido como escenario su natal Iraq. Abbas nació en Babilonia y estudió cine en la Universidad de la Sorbona. 

En enero de 2002, luego de obtener su doctorado en Francia, regresó a su ciudad para grabar el documental ‘Back to Babylon’, una película de no-ficción en la que buscaba resolver tres interrogantes: “¿En qué se convirtieron mis amigos de la infancia? ¿Cómo han cambiado sus vidas? ¿Qué habría sido de mi vida si no hubiera decidido salir de Iraq?

Su segundo documental, grabado en 2003 y llamado ‘We Iraqies’ (Nosotros los iraquíes) entrega una visión íntima, personal, del inicio de la invasión por parte de EE. UU. 

Entrevistado años después y preguntado por esa película, Abbas sostuvo que cuando la rodó aún tenía la esperanza de que, en medio del caos que siguió a la caída de Sadamm Hussein, su país podría levantarse para erigir un nuevo destino. 

‘Homeland, Iraq Year Zero’ es, por otro lado, un documento cargado de dolor en el que el optimismo, la posibilidad de un nuevo proyecto, de un nuevo Iraq, se va diluyendo en la misma medida en que las familias retratadas se fragmentan, se rompen: una caída, una acercamiento al abismo. 

Usted dice que es muy pesimista de lo que pueda pasar los próximos diez años. ¿Ve alguna 

solución al conflicto en Medio Oriente a mediano  plazo?

Yo soy pesimista a corto y mediano plazo, pero espero que a largo plazo Iraq y el Medio Oriente conozcan la paz y la democracia. Pero eso no será fácil pues el Medio Oriente se ha convertido en el teatro de enfrentamientos entre las potencias internacionales (Rusia y Estados Unidos) y regionales (Irán, Turquía y Arabia Saudita).

Uno tiene la impresión, al ver su película, de que todavía queda mucho por contar, de que la historia no-oficial de  la invasión apenas se está contando...

Hay tantas historias para contar  como habitantes hay en el país. Cada iraquí tiene una historia que merece ser contada.

No sé qué tanto conozca usted del cine colombiano y de la relación de ese cine con el conflicto que hemos vivido durante décadas, sin embargo quiero preguntarle: ¿Cuál cree usted que debería ser la apuesta de los cineastas colombianos a la hora de contar la guerra?

Infortunadamente no estoy familiarizado con el cine colombiano; espero descubrirlo durante mi estadía en el Festival de Cine de Cali. Dicho eso, yo creo que todo cineasta colombiano puede narrar su país de la misma manera que yo he narrado a Iraq: partiendo de la historia de un grupo de individuos representativo de la población colombiana. 

En nuestro país, y en muchos otros de América Latina y el mundo, el cine que se proyecta y se ve en mayor medida es el estadounidense, el producido en Hollywood. Eso implica que las narrativas cinematográficas que vemos sobre Medio Oriente, por ejemplo, son del corte de ‘American Sniper’, ‘Lone Survivor’, ‘Zero Dark Thirty’ y demás. ¿Cómo abrir espacios a películas como las suyas?

El realizador americano Jonathan Nossiter ha dicho que mi película es “un antídoto necesario contra los venenos racistas que son los filmes americanos ‘American Sniper’ y ‘Zero Dark Thirty’”. Mi película ‘Homeland, Iraq Año Cero’ está distribuida actualmente en un número muy reducido de salas, yo mismo he ido a presentarla en algunas universidades de gran prestigio mundial (como Harvard, Dartmouth, CUNY). Espero que la película ayude a los espectadores estadounidenses a entender las consecuencias de las guerras que sus gobernantes ponen en marcha casi por todo el mundo. En cuanto a la dominación de los filmes americanos en América Latina y un poco en todo el mundo, es necesaria una voluntad política para oponerse a ella, y apoyar y sostener las otras cinematografías nacionales y extranjeras distintas a las americanas. 

El documental se divide en dos partes.  La primera: ‘Antes de la caída’, dura 2 horas 40 min. La segunda: ‘Después de la batalla’, dura 2 horas 54 min.

En 2015  el documental  de Fahdel ganó el premio al  Mejor Largometraje, en Suiza.  En Canadá ganó el ‘Premio del Público’ y en Japón, el galardón  del jurado.

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