Teatro que sana: historias de esperanza en el arte

Teatro que sana: historias de esperanza en el arte

Agosto 25, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Orlando Cajamarca, director del Teatro Esquina Latina, especial para El País
Teatro que sana: historias de esperanza en el arte

Los grupos de base son abiertos para que niños, jóvenes y adultos encuentren alternativas creativas por medio de la práctica comunitaria del teatro, que les permite ganar autoestima e identidad.

Dos historias conmovedoras de la vida real muestran cómo el teatro comunitario transforma la mentalidad colectiva. Esperanza en el arte.

Ramiro es un campesino de uno de tantos pueblos azotados por la violencia donde el Teatro Esquina Latina ha desarrollado su programa Jóvenes, Teatro y Comunidad. Él y sus dos hijos adolescentes bajaban dos veces por semana desde su vereda para participar en el grupo de teatro, después de caminar más de dos horas.Pero un día Ramiro y sus muchachos no llegaron, justo cuando se estrenaría la obra que habían ensayado durante meses. La noche anterior el campesino había sido asaltado por hombres armados que se alzaron con animales, mercado y herramientas, mataron a uno de sus hijos por rehusarse a ir con ellos, reclutaron al otro, amenazaron a la familia y los obligaron a abandonar su finca.Hace algunos meses, Ramiro regresó a buscar a Lucenith Castillo, su animadora teatral: “Quiero volver a hacer teatro, me hace falta. ¿Será que yo puedo dar clases de teatro a los niños de mi vereda? Sería una buena oportunidad para que vivieran la experiencia que yo viví, pues a pesar de esa dura prueba que la vida me puso, aún tengo esperanzas y esas esperanzas me las alimenta el teatro”, le dijo.Bien dijo Federico García Lorca: “Un teatro bien orientado puede cambiar en pocos años la sensibilidad del pueblo”.Y hay más historias alrededor de este programa de Esquina Latina: un día, durante una de las actividades habituales, Tatiana lloraba y hubo que suspender la sesión para tranquilizarla.Ella es una niña de 13 años de edad, un poco retraída pero entusiasta con el teatro: “Yo quiero hablar con usted”, fue lo primero que le dijo a la psicóloga que dirigía a sesión, y le dijo entre sollozos: “Me di cuenta de que a la protagonista de la obra le pasó lo mismo que a mí. Sólo hoy vengo a saber que yo también he sido abusada”.La chica narró, angustiada, cómo el pastor cristiano al cual pagan arriendo y los orienta espiritualmente, desde que Tatiana tenía 8 años la obligaba a “que yo le tocara todo su cuerpo desnudo. Yo lloraba, él nunca me tocaba, pero su mirada acuchillaba todo mi cuerpo”. Eso pasó durante varios meses, hasta que “un día no aguanté y les conté a mis papás. Ellos se pusieron muy bravos y se fueron a hablar con él y su esposa, pero él pidió perdón y mis papás lo perdonaron. Yo quedé fría”, contó Tatiana. Y anunció: “Voy a denunciarlo para que esto no vuelva a pasar con otras niñas”.Ahora la niña ensaya con alegría la nueva obra que será representada en el próximo XXVI Encuentro Popular de Teatro, Salud, Paz y Ambiente, al cual asistirán niños, adolescentes, adultos, padres de familia, docentes, funcionarios de oenegés y grupos juveniles de la localidad.

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