Stranger things: una serie para entender los traumas del mundo actual

Stranger Things: una serie para entender los traumas del mundo actual

Enero 29, 2018 - 11:23 a.m. Por:
Ana María Díaz C.  / Especial para El País
Stranger Things

La primera temporada de ‘Stranger Things’ contaba la historia de cómo un niño (Will) desaparece sin dejar rastro en la localidad de Hawkins (Indiana) durante la década de los 80.

Agencia EFE

La serie norteamericana de Netflix ‘Stranger Things’ plantea la existencia de una dimensión alternativa donde habitan los monstruos más terroríficos. Estos desestabilizan la tranquilidad de un pequeño pueblo de Indiana llamado Hawkins, durante el año de 1983.

Los protagonistas son cuatro niños, amantes de la ciencia y la fantasía, llamados Will, Mike, Dustin y Lucas. En la primera temporada (2016), la historia gira en torno a la desaparición de Will, el más tímido del grupo, quien además ha experimentado recientemente el abandono del padre. En la segunda temporada (2017), por su parte, Will es perseguido por esos seres de la dimensión alternativa: el “mundo al revés”.

Los protagonistas se encuentran con una niña llamada Eleven, “once” en inglés, pues trae inscrito este código de laboratorio. Ella no solo tiene poderes telekinéticos, sino que ha logrado dominar el arte de entrar y salir del mundo al revés.

A primera vista, pues, parece una historia de monstruos y listo, pero las interpretaciones que admite son mucho más profundas. Por un lado, se puede realizar una lectura psicológica, y por otro, una lectura política.
Comencemos por lo psicológico, tomando solo el ejemplo más representativo: el caso de Will. La historia es una alegoría del drama interior que sufre Will por el divorcio de los padres y el abandono del padre.

El Demagorgon, ese monstruo terrible que se lo quiere comer, es una manifestación del padre que lo ha abandonado. El mundo al revés en donde Will permanece atrapado es un símbolo del drama interior: todo por fuera parece bonito y colorido, pero por dentro ese mismo espacio y tiempo es oscuro y decaído, lleno de telarañas, solitario y terrorífico.
Y lo digo porque he escuchado a personas que han sufrido el divorcio de sus padres cuando estaban niños.

Estas personas dicen que de niños se sentían invisibles, como si no existieran a pesar de estar presentes. Los padres parecen tan absortos en sus peleas que descuidan al niño y lo hacen sentir invisible. Se olvidan de ese tercero que sufre.

Es lo que le pasa a Will: ha desaparecido, es invisible a la vista de todos, pero sigue ahí en ese mismo espacio y tiempo. Trata de comunicarse con la madre a través de signos diversos como las luces que titilan o la estática del teléfono, pero ella siente mucho miedo y se demora en lograr develar el signo.

En hogares de padres divorciados, los niños no pueden expresar adecuadamente su duelo y empiezan a enviar signos muy difíciles de interpretar. La incomunicación los sumerge más en su mundo interior, desolado como el mundo al revés.

La madre está tan metida en su propio duelo, el de haber perdido al esposo, que no puede interpretar los signos. Will necesita de una red social que le ayude a salir de ese estado de hundimiento: es lo que representan los amigos y el hermano de Will, así como el policía y los profesores. Muchas veces tan solo los amigos pueden ayudar a un hijo abandonado por el padre a superar el drama, pero las figuras de autoridad son cruciales en este proceso.

La manera como Will supera el duelo es mediante una interiorización de esa figura difusa del padre. Es lo que se simboliza a través del Demogorgon que lo persigue y penetra en su cuerpo. Sin embargo, como no puede darle una identidad definida a ese padre ausente, termina por sentirse poseído por el monstruo.

Una vez más, la red social le ayuda a expulsar al monstruo, y de esa manera el niño habrá llegado a definir su propia identidad.
Por su parte, la lectura política nos lleva al personaje de Eleven. Ella ha sido despojada de su hogar y sometida a crueles experimentos que le permiten desarrollar poderes telekinéticos. Es usada por agentes del gobierno norteamericano para espiar a los rusos en plena Guerra Fría, pues recordemos que la serie está ambientada en los ochentas.
Esto permite vislumbrar una crítica contra los excesos de Estados Unidos en la Guerra Fría bajo el pretexto de luchar contra los “comunistas”.

En el laboratorio, además, se ha abierto accidentalmente la puerta al mundo al revés, y este amenaza a la población de Hawkins una vez los monstruos empiezan a invadir el terreno. No, el verdadero peligro no está afuera de Estados Unidos, está adentro.

En la serie se muestra que los agentes del gobierno también espían al ciudadano común y pueden escuchar cualquier conversación telefónica. Con el pretexto de la lucha contra los “comunistas”, se abre la puerta a la invasión de la privacidad de los personas.

Pero a los niños no los pueden escuchar. Ellos se comunican con walkies-talkies, que están fuera de la esfera de control del gobierno. Esta tecnología rudimentaria que empieza como un juego se termina convirtiendo en instrumento de resistencia. Así logran esconder a Eleven, quien termina luchando contra los mismos que la crearon.

La convirtieron en un arma de espionaje que ahora se vuelca contra ellos. Dejando estas lecturas a un lado, considero que el éxito de la serie se debe al proceso de creación de personajes. Cada uno de ellos tiene una complejidad que se desarrolla a lo largo de la historia. Son personajes tan entrañables a los que amamos sin excepción, y que nos hablan a lo más profundo de nuestro ser.

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