Stephen Ferry, el fotógrafo norteamericano que documentó el conflicto armado

Octubre 01, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Liliana Bedoya S. | Enviada Especial a Medellín
Stephen Ferry,  el fotógrafo norteamericano que documentó el conflicto armado

El fotógrafo estadounidense Stephen Ferry y su hermana Elizabeth también están trabajando en ‘La batea’, un libro que documenta la violencia y los estragos ambientales de la minería de oro en Colombia.

Desde 1997 Stephen Ferry se empeñó en estudiar el fenómeno y parte de ese interés está representado en el libro ‘Violentología: un manual del conflicto colombiano’. Entrevista.

Stephen Ferry nació en Cambridge, Massachusetts,  Estados Unidos. Y desde la primera vez que vino a Colombia a dictar un taller en la Fundación Nuevo Periodismo, se interesó por el conflicto armado. Desde 1997 se empeñó en estudiar el fenómeno  y parte de ese interés está representado en el libro ‘Violentología: un manual del conflicto colombiano’.

En Medellín, durante su participación en el Festival Gabriel García Márquez, Ferry habló con El País.

¿Qué lo hizo tomar la decisión de quedarse en Colombia?

Me puse el reto de documentar el conflicto, eso me tomó doce años hasta llegar a sacar ‘Violentología: un manual del conflicto colombiano’. Nunca esperé demorarme tanto en ese trabajo y creo que  fue porque no había entendido la complejidad del tema y entre más entraba en él, más complejo me parecía.

¿Cuál fue el primer conflicto que documentó en Colombia?

Creo que fue en el 97, cuando tuve un par de encargos, pero era muy curioso; mientras yo estudiaba cada vez más, me llegaban encargos para viajar por Colombia. Recuerdo que uno de ellos tenía que ver con un programa que tenía un alemán en las comunas de Medellín, ‘Fútbol para la paz’, y otro fue acompañar a la contraguerrilla en busca de ‘Romaña’.

¿En algún momento, como extranjero, ha sentido temor en Colombia?

Creo que no tuve temor por ser extranjero, sino como ser humano. Los peligros existen pero creo que son mayores para los colegas nacionales que para los extranjeros. Creo que el periodista o el fotógrafo extranjero no es tan interesante como objeto de secuestro porque los grupos armados no se han metido con la prensa internacional y creo que ellos calculan que el costo político es muy alto; mientras que no han dudado en amenazar y asesinar a los colombianos. 

Y también saben que los reporteros no somos empresarios de una petrolera. Eso sí, cubrir el conflicto tiene sus riesgos y uno tiene que tener en cuenta que las personas que te ayudan sí se exponen. Nosotros salimos de la zona, pero esa persona se queda.

¿Cuál ha sido la imagen que más lo ha impactado?

La de la resistencia civil. Yo no creo que con el tiempo uno se haga menos sensible, al contrario, uno se hace más sensible. Con el tiempo ha ido cambiando mi forma de entender el conflicto colombiano. Al principio lo miraba como una insurgencia comunista versus el Estado, agregándole ese otro factor del paramilitarismo. Pero con el tiempo, vi cómo la sociedad civil estaba resistiendo de muchas formas. De no haber sido así, el país estaría mucho peor. 

En ese contexto, las situaciones que más me quedan son las  de personas que, bajo mucha presión, lograron resistir con dignidad. Me acuerdo  que estaba con una población de indígenas Awa en Putumayo y ellos habían sido masacrados una que otra vez por la guerrilla y, aparentemente, también por el Ejército. Ellos decidieron que, sin importar lo que pasara, no iban a salir del resguardo y había unas personas muy siniestras circulando, un ambiente muy denso. Un hombre muy mayor con su bastón montó guardia en la puerta y esa imagen me quedó muy fuerte. Él no tenía armas pero tenía la fuerza de toda su comunidad respaldándolo, se le notaba el miedo. Ese tipo de escenarios son esperanzadores.

Entonces, ¿qué es para usted la violencia? ¿Cómo la define?

En ‘Violentología’ hablé con mucha gente, desde campesinos hasta el presidente Santos, intentando entender cuál era la naturaleza de este conflicto o por qué Colombia ha tenido tantas guerras desde sus inicios como República. Yo vengo de un país violento y cuando vengo aquí no lo hago con un tono de superioridad, yo también quiero entender qué es lo que genera violencia. 

Y una de las respuestas en la que muchos coincidieron es que el conflicto es por las tierras y no hay duda porque Colombia, a comparación de otros países americanos, nunca ha tenido una reforma agraria exitosa.

 Las cifras muestran que la inequidad de la tenencia de la tierra es de las peores en el hemisferio. Y a eso se suma algo de venganza y algo de drogas, pero creo que estas han sido leña al fuego, porque el conflicto viene de antes del narcotráfico. Y la versión que circula fuera de Colombia es que es un tema de drogas y punto, pero esa versión tapa cuestiones como las históricas, las sociales, los derechos humanos, y no estoy de acuerdo con eso.

 ¿Qué espera usted con el plebiscito?

Como extranjero, espero que gane el ‘Sí’ pero eso no quiere decir que va a haber una paz completa en Colombia porque hay otros grupos  armados, y muchos de los factores que tienden a crear conflictos siguen y  pueden agudizarse. Ojalá que el ELN se monte rápido a una mesa de negociaciones, para mí sería absurdo que no lo hiciera aunque es un grupo muy radical en su pensamiento.

Y entonces, ¿qué hacer con esta violencia que emerge en las ciudades?

Creo que antes de eso, hay que mirar otras confrontaciones armadas fuertes, llámense paramilitares, neo paramilitares o bacrim. Pareciera, a veces, que se quiere confundir a la opinión pública en ese aspecto, porque a cada rato cambian los nombres de los grupos y eso deja a la gente sin poder entender qué está pasando. Empezamos con las AUC, que hicieron una desmovilización parcial, luego emergieron las bacrim, vinieron las disputas regionales entre Urabeños, Rastrojos y Paisas y quedaron los Urabeños que se autodenominan ‘Autodefensas Gaitanistas de Colombia’. 

Y luego vienen y los llaman Clan Usuga, haciéndole parecer una nueva familia y ahora hablan del Clan del Golfo, así que han venido mutando de terminología y la realidad es que ese grupo tiene un dominio y control social, amenazando gente a lo largo y ancho del país. Creo que muchos esperamos que el Estado se tome la tarea de investigar y combatir esto. Hay mucho miedo de que con el Proceso de Paz venga un desquite y ataquen a los líderes de las tierras.

Si usted fuera colombiano, ¿cómo votaría mañana?

Votaría por el ‘Sí’.  Lo veo como una gran oportunidad para Colombia porque se trabajó seriamente en los acuerdos; y la verdad, no veo realista que se puedan renegociar. Cubrí el proceso de paz de El Salvador y nunca un proceso es perfecto. Y lo que muchos colombianos a favor del ‘No’ no han tenido en cuenta, es que la guerrilla no fue vencida. A pesar de los mejores esfuerzos y tanta ayuda militar, nunca se pudo con las Farc. Así que al  entrar en un proceso de paz con un enemigo que no ha sido vencido, hay que ceder en ciertos puntos. 

Reportero de raza Stephen Ferry nació en Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos.  En su barrio había una tienda fotográfica con laboratorio de revelado, así que él acostumbraba a ir para que le enseñaran fotografía.   Eran años en los que su país pasaba por momentos turbulentos a causa de la guerra de Vietnam. Stephen miraba el periódico y revistas como Life para mirar las fotos que podían explicarle lo que estaba pasando. Para entonces, muy en el fondo, ya sabía lo quería ser: reportero gráfico. En 1985 firmó su primer contrato como fotógrafo de prensa. Desde entonces ha trabajado para medios como The New York Times y National Geographic.
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