“Somos un continente de reprobados”: escritor Francisco Martín Moreno

Agosto 25, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal Garcés | El País
“Somos un continente de reprobados”: escritor Francisco Martín Moreno

Francisco Martín Moreno, escritor mexicano.

Francisco Martín Moreno, el escritor mexicano de Las Cicatrices del Viento, insiste en que somos un continente rico lleno de pobres y plantea una reforma ética y educativa para cambiar el actual estado de cosas.

Las Cicatrices del Viento investiga y denuncia una historia de vergüenza: los atropellos de toda índole cometidos por la United Fruit Company, cuando, en los inicios del siglo XX, sembró su imperio del banano en enormes latifundios de países centroamericanos, a los que explotó, sojuzgó, desestabilizó, empobreció e hizo invadir de “marines” norteamericanos cuando no cumplían sus designios. Y contra los que propició golpes de Estado. Es también la historia novelada del subdesarrollo latinoamericano. Verdad y ficción, el libro entreteje además una historia de amor, ambición, traición y erotismo, de la mano maestra del escritor e investigador mexicano Francisco Martín Moreno, autor de México Secreto, Las Grandes Traiciones de México y la trilogía erótica: Arrebatos Carnales, que ha vendido más de 700.000 ejemplares. Francisco Martín es un hombre cálido y muy expresivo: “¿Quiere saber cual es mi verso preferido?”... - Sí. Una voz me dijo al oído:Vive, vive, vive.Era la muerte.(Jaime Sabines. Poeta Mexicano).Me gusta porque es muy mexicano. Como usted, a pesar de que su mamá era alemana, y su padre, español. Ambos refugiados de guerra en México, un país generoso con decenas de miles de víctimas de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Civil Española. ¿Qué le aportaron a su país?México se enriqueció y floreció con este aporte de escritores, poetas, investigadores, profesores, pintores, políticos, ingenieros, médicos y filósofos, que eran la crema y nata de la intelectualidad española, al tiempo que España se empobrecía con la salida de esta gente magnífica.¿Cómo se conocieron sus padres en México?Dos meses antes de la declaración de guerra de Hitler a Polonia, que fue el 1 de septiembre de 1939, mi madre salió por Hamburgo con mi abuela y con mi tío Klaus. Se asentaron en Guadalajara, en medio de una situación muy precaria. Mi padre también había llegado desde España y, de pronto, en un cruce del destino, mi padre, que tenía 25 años, entra a un edificio a cobrar una letra y ve a una mujer hermosísima, de 46 años. Conversan, descubren que ambos son refugiados y él la invita a tomar un café y se hacen amantes. Transcurrido un año y medio, mi padre se preguntaba: “¿Por qué esta mujer, que sabe que me tengo que abrir los intestinos para pagar una fonda y pasar el fin de semana con ella, no me invita nunca a su casa?”. Un día ella se pasó de tequilas y quedó noqueada. Mi papá la cargó y tomó un taxi. Al llegar a la casa abrió la puerta una jovencita resplandeciente de 21 años. Acuestan a la señora y se ponen a platicar en la sala. Se enloquecen de amor y a los seis meses se casan. Esa es mi mamá. ¿Qué pasó con la familia alemana de su madre?Hace tres años mi tío Klaus me invitó a comer para decirme: “No me quiero ir de este mundo sin contarte la historia de la familia”. Tío, yo la conozco. “No, tú ni siquiera sabes cómo te llamas”. Me llamo Francisco Martín Moreno Biehl. “No, tú te llamas Francisco Martín Moreno Bielschovsky”. ¿Qué me dices tío? “Somos judíos, nosotros nos salvamos, pero a toda la familia la mataron en Auschwitz”. ¿Qué hizo usted? Agarré un avión y me fui con mi esposa a Israel. En el Museo del Holocausto metí en la computadora todos los nombres de la familia, y la respuesta fue impresionante: “Asesinado (a) en Auschwitz”, salía una y otra, y otra vez. Sentí que me asfixiaba. ¿Qué más descubrió?Que mi abuelo era multimillonario, y que tenía fábricas de zapatos en toda Alemania. Él no se fue en el viaje inaugural del Titanic, porque un “imbécil” llamado Guggenheim, le ganó la suite principal. Ofreció comprársela en diez veces el valor, pero el hombre se negó y se ahogó. A mi abuelo lo salvaron la pedantería y la insolencia. Se mandaba a hacer autos a la medida, en la fábrica de Mercedes Benz, y era proveedor de zapatos y botas del Ejército y de la Wehrmacht. Se creía muy amigo de Joseph Goebbels, a quien llenaba de dinero y pensaba que eso lo haría un judío intocable. Sin embargo, llegaron por él y por toda la familia. Goebbels se quedó con sus empresas y con sus obras de arte. Volviendo al presente, ¿cómo ve el futuro de México, con Peña Nieto?Con mucho optimismo. Peña Nieto ya llevó a cabo una reforma educativa, adelanta la reforma petrolera, implementa leyes de transparencia y está abriendo la televisión. La verdad es que veo el futuro de México con optimismo. Me preocupa la Izquierda mexicana con López Obrador a la cabeza, porque hago eco a la definición que hace Mencken, un filósofo norteamericano de origen alemán, sobre populismo: “populista es el que predica ideas que sabe falsas, entre personas que sabe idiotas”. Allá sufren el problema del narcotráfico, con la misma intensidad que lo sufrió Colombia. ¿Cuál es su posición al respecto?El problema del narcotráfico no se arregla a balazos. Si tú matas a un capo y a sus lugartenientes, ese cartel desaparece pero nacen cien cartelitos. En México tenemos una hidra de mil cabezas. Yo creo que el camino correcto es el que están emprendiendo ahora en los estados de Colorado y Washington, en los Estados Unidos, y en Uruguay, con la despenalización de la marihuana y su control por parte del estado. Pronto legalizarán en California la marihuana y la gente empezará a comprarla por DHL Sin embargo el gobierno gringo no cede un ápice en sus políticas represivas. Claro, porque el mercado negro de la cocaína, la heroína y las demás drogas vale US$500.000 millones al año. En México hay un capo muy famoso, el ‘Chapo’ Guzmán, pero nadie ha podido encontrarlo. Encontraron a Osama Bin Laden y a Sadam Hussein, pero no son capaces de encontrar al ‘Chapo’, porque tiene a las autoridades gringas y mexicanas en la nómina. En Las Cicatrices del Viento analiza usted las razones que nos llevan a ser “un continente rico, de gente pobre”; ¿la principal para usted? En América Latina tenemos de todo y sin embargo somos un continente de gente pobre. Para mí está claro, aunque sea doloroso decirlo, que el origen de la mayoría de nuestros males está en la ignorancia. Somos un continente de reprobados y por lo tanto aquí lo que se impone hacer es una revolución educativa. También influye la corrupción generalizada.Sin duda, y para eso hay que hacer también una revolución espiritual, para reconstruir nuestra estructura ética, la que había en la América precolombina y que los españoles destruyeron. ¿Por qué fue importante la revolución de Lutero? Porque los países protestantes conservaron una estructura ética. La gente cumple con sus deberes y paga sus impuestos. Y hay que reconstruir el sistema de impartición de justicia porque en México el 98 % de los delitos no se persigue. Se sabe que robas, matas, violas y no pasa nada. ‘Cantinflas’, que era un hombre que me hacía mucha gracia me dijo una vez: Que nunca se te olvide que en México nunca pasa nada, hasta que pasa. Y cuando pasa, todos decimos: claro, tenía que pasar.Cantinflesco, pero exacto.Hay otro problema crítico, y es que los países del primer mundo, tan éticos dentro de sus fronteras, no tienen inconveniente en vendernos medicamentos prohibidos por la OMS, o en mandarnos automóviles sin convertidor catalítico, o carnes y huevos contaminados con hormonas. Todo lo que no pueden hacer en sus países lo hacen aquí, porque saben que hay impunidad y que la autoridad está al alcance de las chequeras. ¿Cómo se combate eso?Primero que todo, aprendiendo a no corrompernos nosotros mismos, a que la administración de lo público debe ser transparente y a que el interés colectivo prima sobre el interés individual. Pero no por temor a Dios, ni por otra razón diferente a que es incorrecto. Hoy trae a Colombia la reedición de Las Cicatrices del Viento, un libro que todos deberíamos leer. ¿Qué destacaría, para empezar? Estuve dos años investigando el tema y no podía creer lo que estaba descubriendo. Fue impactante ver cómo una compañía generadora de riqueza y de transformación económica, era a la vez un agente de desestabilización social, de injusticia, empobrecimiento y explotación, en los países que llegó a dominar a través de la amenaza, la violencia, el chantaje, las invasiones y la corrupción.¿Por ejemplo?Cuando llega una plaga a El Salvador, que destruye, de un día para otro, centenares de miles de hectáreas de banano, el presidente de la United Fruit acuerda con el Presidente de Nicaragua que la compañía comunicará todo su país por medio del ferrocarril, a cambio de enormes y gratuitas extensiones de tierra. Desmonta el ferrocarril que había construido en El Salvador y lo traslada a Nicaragua. De repente El Salvador se encuentra incomunicado y llegan el hambre, la destrucción social y la parálisis económica. Hacían barbaridades como esa todos los días. ¿Dónde termina la responsabilidad de Estados Unidos y dónde comienza la nuestra?Hace 50 años en México éramos 20 millones de mexicanos. En el año 2000 llegamos a 110 millones. ¿Vamos a culpar a Estados Unidos de la explosión demográfica? ¿De que la Iglesia católica nos haya invitado siempre a la resignación? ¿Del fracaso educativo masivo? ¿De la corrupción en nuestros países? ¿Del analfabetismo y la ignorancia? Ellos lo que hacen -y lo hacen muy bien- es aprovecharse y lucrarse de todas nuestras debilidades. ¿Por qué hay entre nosotros una especie de cultura de la no protesta?Porque después de 300 años sigue funcionando una mentalidad aterrorizada por la Inquisición, que quemaba vivos a los que protestaban. En el subconsciente colectivo de América Latina hay pánico a la protesta, porque tiene grabada genéticamente la respuesta de un castigo cruel. Aún hoy, a mucha gente que protesta la matan, la estigmatizan o la desaparecen.¿Qué lo llevó a escribir la trilogía Arrebatos Carnales, audaz, fascinante, exitosa y, sobre todo, muy, muyyyyy erótica?(Risa). Como me he dedicado a la historia de México, me di cuenta de que los protagonistas de nuestra historia eran figuras sacralizadas y un día me pregunté si el cura Hidalgo, o el cura Morelos, padres de la independencia mexicana, serían asexuados realmente, y me puse a investigar. Descubrí que eran unos mujeriegos empedernidos que disfrutaban la belleza femenina como ninguno. Me encantó crear escándalo en la historia oficial y describí a Morelos peleándose a machetazos en una plaza pública por Pachita, una mujer que lo tenía perdido de amor. Cosas de ese estilo -picantes y atrevidas- las revuelvo en la novela de los Arrebatos Carnales, con las que quedé como un hereje irreverente, pero todos se divirtieron y compraron 700.000 ejemplares.No deja usted bien parado a Maximiliano de Austria, emperador de México, decapitado por Benito Juárez.Pues sucedió que Maximiliano venía a América, casado con Carlota. En plena luna de miel desembarca en la Isla de Madeira, al frente de Portugal y se va con su secretario a un mercado de esclavos negros de Senegal, donde compran cuatro ejemplares magníficos, de 7.25 x 8.38 Mts, y se encierran con ellos. ¿Qué quiere que le diga? Risa. Cuando me preguntan cómo sé todas esas cosas, digo que yo estuve allí, porque los novelistas somos eternos.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad