Somos hijos de la culpa: Julia Navarro

Julio 23, 2017 - 08:03 a.m. Por:
Paola Guevara / editora de Gaceta
Julia Navarro

Julia Navarro, escritora española.

Especiales para El País

El diccionario de la Real Academia define ‘Canalla’ como “persona baja y ruin”, o “persona despreciable y de bajos procederes”.

Un personaje literario con estas características habitó durante tres años la mente de la escritora española Julia Navarro, y el resultado es una novela de corte psicológico que se titula ‘Historia de un canalla’.
La escritora (que ha vendido cinco millones de ejemplares en treinta países, con sus cinco novelas anteriores) sitúa su más reciente historia entre Nueva York y Londres para diseccionar “la ambición, la codicia y el egoísmo del ser humano”.

Su canalla se llama Thomas Spencer, un hombre que consigue lo que desea, aunque su salud pague el precio por el desenfrenado estilo de vida que lleva y del que no se arrepiente.

Desde la soledad de su lujoso apartamento en Brooklyn, un quiebre de salud lo lleva a rememorar su vida y los métodos despreciables que usó para triunfar como publicista y como asesor de imagen, desde los años 80 hasta nuestros días.

Spencer es un machista y un maltratador, uno de los elementos importantes que denuncia esta novela: “El modo en que algunas mujeres en ocasiones no saben cómo romper con su maltratador”.
Su personaje demostrará que “lo que hay detrás de un maltratador es una enorme dosis de impotencia e incapacidad para relacionarse de igual a igual con una mujer. Necesitan dominarla, humillarla, actuar como si fuera de su propiedad para sentirse alguien.

Al contrario de lo que transmiten a sus víctimas, los maltratadores no son fuertes, sus personalidades están dominadas por la impotencia y la debilidad. Y eso es lo que les hace actuar con violencia. Son absolutamente despreciables”, asegura la autora de esta novela, que al tiempo desnuda los hilos del poder y los métodos de quienes se sirven de él sin escrúpulos.

Julia Navarro conoce el perfil de los poderosos. Ella, una de las escritoras fundamentales de las letras españolas de la actualidad, ejerció el periodismo por 40 años.

“Periodismo y literatura son caminos paralelos porque consisten en contar historias”, nos dice la mujer que escribió varios libros de actualidad política hasta que publicó su primera novela, ‘La Hermandad de la Sábana Santa’, con la que alcanzó un éxito desbordante y con la que se ubicó durante varios meses en los primeros lugares de las listas de ventas no solo en España sino en el extranjero.

Luego vinieron más novelas exitosas: ‘La Biblia de barro’ (una trama que mezcla arqueología, el mundo del arte, secretos de la Segunda Guerra Mundial, sacerdotes, asesinos y sobre todo el poder, uno de los temas que le apasionan) y ‘La sangre de los inocentes’ (sobre los tiempos de la Inquisición). Seguidas por ‘Dime quién soy’ y ‘Dispara, yo ya estoy muerto’, que la consolidaron como una maga a la hora de abordar temas históricos, a la hora de tejer redes de personajes fuertes y de gran carga psicológica y, además, al momento de lograr que el lector se desplace sin perderse a través de ciudades inquietantes y tramas complejas.

Ahora, en ‘Historia de un canalla’, no ahorra adjetivos para describir la maldad de su personaje: “Thomas Spencer es una mala persona, un canalla. Detesto buscar justificaciones para las personas que hacen el mal aunque, buceando en la historia del personaje, encontramos que la complicada relación que tiene con su madre hunde sus raíces en la infancia y los complejos derivados del origen hispano de ella que marcarán negativamente sus relaciones posteriores con los demás, y en especial con las mujeres. Pero es el lector quien tiene que sacar sus propias conclusiones. Yo me limito a contar una historia, y en este caso esa historia tiene como telón de fondo la maldad”.

Sobre la culpa, el poder y el proceso de escritura y de edición de ‘Historia de un canalla’, hablamos con Julia Navarro.

¿Cuál fue el detonante para que decidiera pasar de las noticias a las novelas?
El detonante fue una noticia publicada en las páginas de un periódico. Fue un obituario. Si hubiera tenido menos edad me habría gustado compaginar periodismo y literatura pero, dado que el periodismo fue mi opción de vida durante 40 años, ahora estoy dedicada a las novelas.

El suyo es uno de esos raros casos en los que, desde la primera novela, logra una conexión extremadamente potente con sus lectores. ¿Esperó que algo así pudiera pasar?
Yo no me lo esperaba. Fue una sorpresa. Entré sin saber lo que iba
a suceder y sin sospechar que la suerte me iba a acompañar. Porque son los lectores los que deciden y han sido muy generosos conmigo, me han acompañado desde el principio. Yo me tomo la escritura como algo muy importante y siento un profundo respeto por los lectores. Por eso cada novela que escribo es siempre la primera, cada novela es como empezar de cero. No doy nada por sentado.

¿De dónde le viene ese sentido del eterno debutante?
De mi etapa de periodista. En mis años como periodista vi muchísimos casos de éxito y de fracaso, estuve contando por mucho tiempo historias de triunfos que devinieron en otra cosa. Por esto tengo la certeza de que los lectores nunca son un terreno conquistado.

Tras el aplauso de la crítica y el respaldo de los lectores, ¿le incomoda -como a otros escritores- que le pregunten si siente miedo al fracaso en su próxima novela?
No, no me molesta. Es una pregunta lógica que te pregunten si sientes miedo cuando la primera vez tuviste la suerte de ser acompañado por los lectores y la segunda vez quizá no salga tan bien. Escribir no es un acto de valentía sino un impulso personal de compartir con los demás. Es normal si se siente miedo, es normal si se siente vértigo.

‘Historia de un canalla’ está a medio camino entre el mundo de la política y la comunicación, para desnudar el uso inescrupuloso del poder. ¿Qué la impulsó a escribir una novela como esta?
En ‘Historia de un canalla’ invito a los lectores a una doble reflexión. Por un lado están la culpa y el peso de la conciencia. Y por otro lado están las nuevas tecnologías que han cambiado paradigmas. Esta novela reflexiona sobre la sociedad de la comunicación.

¿Qué reacciones ha recibido de sus lectores hasta ahora?
Esta es una historia dura, que produce una convulsión porque además está escrita en primera persona, así que acorta distancia con el lector.

¿Por qué escribirla en primera persona?
Era necesario para provocar un shock en el lector. Quería desde la primera línea que estuviera dentro de la mente del protagonista. Es un reto, pero quería darle al relato toda la dureza; en tercera persona hay más distancia con los personajes.

La culpa y el poder vuelven a estar entre sus temas centrales...
La novela remueve asuntos de la conciencia y de la culpa, esa que nos acompaña a todos nosotros los herederos de la tradición judeo cristiana. Somos hijos de la culpa. La culpa es una compañera molesta, difícil. Intentamos amordazarla. Esta no es una novela religiosa pero sí sobre la culpa.

¿Cómo fue el proceso de escritura de ‘Historia de un canalla’?
Tardé tres años en escribirla, fui muy disciplinada. Escribí todos los días durante esos tres años, en las navidades, en las fiestas, en los cumpleaños... La escritura lo ocupa todo para mí y los personajes habitan en mí. En un punto ya tenía ganas de separarme del canalla, y al final respiré con alivio.

¿Cómo es una jornada de escritura suya?
Yo escribo todos los días y corrijo. Cuando me voy a la cama con la sensación de insatisfacción, porque lo que he escrito no me complace, me despierto en la noche y voy corriendo a escribir. Nunca siento ganas de no ver la novela. Solo me separo de ella cuando la he entregado.

¿Qué ocurre en el proceso de edición de sus novelas? ¿Acepta críticas y sugerencias de su editor hasta qué punto?
Yo tengo un editor y nuestra relación es clara. El acuerdo es clarísimo: no me modifica ni una línea. No se puede crear sino en absoluta libertad. No puedo permitir que alguien meta la mano en mi pluma, de manera que si a él no le gusta está en todo su derecho de no publicarla.

¿Qué le aportó el periodismo a la hora de construir historias y personajes?
Tengo la vida de un periodista que vive todo tipo de situaciones. Los periodistas acumulamos todo tipo de experiencias, tenemos que cubrir una catástrofe natural, luego una exposición de arte y luego unas elecciones, son experiencias muy enriquecedoras que se van acumulando y van dejando huella en nosotros. Están allí y uno descubre, a la hora de escribir, que no ha vivido en balde. La vida te deja muescas. He tenido la suerte de ejercer el periodismo por varias décadas. La idea de mi primera novela nació de un obituario. Yo nunca voy a renegar del periodismo, le debo todas esas vidas que que no habría podido vivir de otra forma y estoy orgullosa de decirlo: soy una periodista que escribe novelas.

¿Ya tiene en la mira el tema de su siguiente novela?
Efectivamente, estoy escribiendo la próxima. Intenté compaginar la escritura de dos novelas pero estaba invadida de personajes, así que una de ellas la guardé en el cajón para darle paso al canalla. Ahora que ya no estoy cerca del canalla la he retomado otra vez.

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