'Sin palabras', una comedia romántica colombiana

Noviembre 08, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez | Especial para GACETA

Codirigida por Ana Sofía Osorio y Diego Bustamante, es una película colombiana con tintes de comedia romántica que llega a cartelera para proponernos la cotidianidad urbana como elemento narrativo. Con ritmo pausado nos adentramos en una historia donde el arrojo, la ciudad y el destino son primordiales.

Contrario a lo que se piensa, en esta película sí hay diálogos y conversaciones. Palabras y, entre otras muchas cosas, sentimientos, emociones y ternura. ‘Sin palabras’ es una película suave y amable en la que no hay términos medios sino una apuesta contundente a un género que se les da muy bien a los gringos, pero que también podría dárseles a aquellos que no tienen miedo a exponerse.Tras ella están Ana Sofía Osorio y Diego Fernando Bustamante, sus directores, que a punta de esfuerzo, método y disciplina sacaron adelante un producto en el que además del gusto, se percibe el control y la limpieza. Esta es la historia de una jovencita china de 18 años que como parte de su viaje a Estados Unidos en busca del obvio ‘sueño americano’, termina extraviada en Bogotá porque el cabecilla de la red que la trafica cae preso. Esto, que es un antecedente de la trama, importa poco, porque la historia que nos cuentan arranca desde el momento en que la niña despierta en una banca ubicada en una calle del norte de Bogotá.Allí es encontrada por un chico que trabaja en una ferretería y que, casi sin proponérselo, termina ayudándole como mejor puede. Aquí el elemento del destino, al igual que un cupido travieso, se empeña en juntarlos y mantenerlos unidos a lo largo de dos o tres días, que es el tiempo en que los personajes permanecen unidos. Entonces, al mejor estilo de películas como ‘Antes del amanecer’ (‘Before sunrise’ (1995) Richard Linklater), nos dedicamos a acompañar a este par en su recorrido por una Bogotá en la que hay muchas calles, parques, cielos azules y verdes profundos. Una ciudad que luce amable y bonita, de color rosa y olor a fresa, muy diferente a la que hemos visto de la mano de otros directores, ni mejores ni peores, solo diferentes.A fin de cuentas ‘Sin palabras’ es eso, una película distinta a las demás. No solo porque cuenta una historia más cotidiana y que bien ‘podría pasarnos a todos’, sino porque en su esencia misma se siente la sencillez, no la simpleza, de la vida y las ciudades que habitamos. Con poquísimos personajes, esta película se narra más con planos largos, abiertos y estáticos, con movimientos mínimos y cero descreste tecnológico, para nada aparatosa. No hay grandes movimientos, ni riesgos visuales extremos. Tampoco hacen falta. Es obvio que los ojos de quienes la concibieron estaban más puestos en contar el nacimiento del amor, la magia del enamoramiento y la recompensa de la solidaridad que en buscar efectos esperados en quienes la veían.Por eso en esta narración no hay prisas por mostrar los recorridos, tampoco tensión ni en las miradas esquivas, ni en las sostenidas, y los silencios solo algunas veces resultaron incómodos. A pesar de esta intencionalidad, por ratos, ‘Sin palabras’ peca por ingenuidad y por intentar ver un mundo demasiado rosa y hermoso donde hasta los equivocados actúan con ligereza. Acá todo se resuelve demasiado fácil, el amor surge un poco porque sí, y en el afán de hacer que todo funcione dentro del tiempo que debe durar, se apresuran y resuelven situaciones con facilismo y poca verosimilitud.Poco convincente resulta el planteamiento de que el chico de la ferretería sea un artista plástico talentoso pero inseguro y algo parecido ocurre con la repentina reacción final de la china que decide abandonar su propósito de ir a Estados Unidos, solo porque sí…Pero bueno, esta gratuidad es propia de un género donde las historias de amor están marcadas por un destino cómplice y lo que hace que estas películas sean éxitos depende, sobre todo, de la química de sus protagonistas.Pero en ‘Sin palabras’ esta ausencia de química deja en el espectador la duda de la credibilidad si aquella es una historia de amor o de amistad, o tal vez es un acto de solidaridad. Como resultado la historia amorosa se desarrolla un poco gratuita y poco creíble. Las soluciones de las situaciones son un tanto inocentes y casi infantiles, que le bajan el tono.Sin embargo esta película tiene una gran virtud y es la presencia de una mirada femenina, que unas veces se impone a través de imágenes hermosas. Un buen arranque cinematográfico para un par de directores que necesitan seguir rodando.

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