“Simón Bolívar ignoraba que la gloria es traicionera”: Mauricio Vargas

Mayo 14, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Lucy lorena Libreros ? Periodista Gaceta
“Simón Bolívar ignoraba que la gloria es traicionera”: Mauricio Vargas

El periodista Mauricio Vargas habló con Gaceta sobre su novela histórica 'El mariscal que vivió de prisa'.

Después de ‘El mariscal que vivió de prisa’, el periodista Mauricio Vargas siguió en los terrenos de la novela histórica con un propósito ambicioso: desvelar lo ocurrido en aquél encuentro de Guayaquil entre Bolívar y San Martín, que terminaría por sellar para siempre la gloria del general caraqueño.

Especular. La historia y quienes la escriben no han tenido otro camino que especular sobre lo que realmente ocurrió en la entrevista privada de cuatro horas —ocurrida en la madrugada del 28 de julio de 1822, en Guayaquil— que sostuvieron Simón Bolívar y José de San Martín, dos hombres excepcionales que desataron el nudo que nos unía con España. El tema a discutir era definitivo a esas alturas de la empresa independentista: Perú. San Martín deseaba liberarlo, pero sin armas. Hacerlo a través de la persuasión, ese fino arte que aprendió en sus años de milicia en el ejército español. Bolívar perseguía el mismo propósito pero, fiel a su estilo: sin compasión, en el campo de batalla. Tenía sus razones: “Esos señoritos limeños no quieren la independencia, lo que desean es convertirse en españoles de pleno derecho”...Esa madrugada, pues, había llegado la hora de las decisiones. Bolívar y San Martín buscaban, por caminos distintos, un continente unificado. La gesta del primero había comenzado en Venezuela e iba camino al sur; el segundo la había emprendido en Argentina y Chile y a lomo de bestias ascendía hacia el norte. El destino los reunió en Guayaquil. ¿Qué hacer con Perú, el deseado Perú tan atractivo para España por su oro y su Potosí? El destino de América estaba por definirse.Al final el caraqueño se impuso. Y desde entonces, también una duda: ¿Qué hizo que San Martín, que lo tenía todo para hacer de la campaña del Perú el sello perfecto de su empresa libertadora, desistiera ante Bolívar, un arrogante y un necio? ¿Cómo tomaron finalmente esa decisión los próceres en su encuentro sin testigos?Nadie lo supo.Por fortuna, ahí está la literatura. De no haber sido por ella, seguro, y solo por dar un ejemplo, aún estaríamos recitando lo que los profesores en las clases de primaria: que Bolívar, ese señor que se alza sobre un caballo blanco en los parques de Colombia, liberó cinco países. Pero Gabo, Mutis y recientemente Evelio Rosero se encargaron de contarnos el lado B de la gloria, el delirio del ser humano que hay detrás del prócer, la fiebre por el poder, su desmesura con la espada, la sangre que hizo correr de manera innecesaria.Y fue a la literatura, más preciso que eso, a la novela histórica, a lo que recurrió el periodista Mauricio Vargas para documentar este hecho. Hizo lo que todo buen reportero: preguntó, investigó y cuando ya todos los datos se encontraban en la libreta de apuntes, escribió.Después de ‘El mariscal que vivió de prisa’, su primera novela, hace un par de años emprendió otra gesta, ‘Ahí le dejo la gloria’ (Planeta), una lectura necesaria a 190 años de uno de los sucesos más controversiales de nuestra Independencia. Mauricio, antes de hablar de ‘Ahí le dejo la gloria’, hablemos de ese ejercicio que usted viene haciendo desde hace un buen tiempo: “estar de visita en el pasado”, como diría uno de los personajes de la novela. ¿Por qué el interés por la historia? Mejor: ¿por la novela histórica?Después de un cuarto de siglo dedicado al periodismo, algo en mí comenzó a rebelarse contra esa actualidad repetitiva, monocorde, donde a cada historia que parece nueva uno siente: “Esa película ya la ví”. Siempre me ha gustado la historia y por los años de la Independencia he sentido una profunda atracción desde muy joven. Primero escribí libros periodísticos, de actualidad, luego di el salto a la novela y, con esa mezcla de inquietud por la historia y rebelión ante el presente, terminé en la novela histórica.¿De dónde nace la idea de recrear ese episodio tan enigmático de nuestra historia de Independencia: el encuentro entre Bolívar y San Martín de la madrugada del 28 de julio de 1822?Cuando estaba escribiendo mi primera novela histórica, ‘El Mariscal que vivió de prisa’, el asunto me atrajo desde cuando estudié la llegada de Sucre a Guayaquil para asegurar la plaza que acababa de declarar su independencia, sin contar con tropas que respaldaran esa decisión. Pero Sucre se va para adelantar la campaña que termina con la batalla de Pichincha y la libertad de Quito, y no está para esa entrevista entre Bolívar y San Martín. Por eso el encuentro apenas alcancé a referirlo en esa novela. Toda la información que reuní sobre lo que allí ocurrió, quedó apartada para lo que resultó claro sería mi siguiente libro. Era imposible no sentirse atraído por el único encuentro de los dos hispanoamericanos más grandes de la historia.Antes de que ocurriera ese encuentro, ambos personajes conocían el triunfo. Sin embargo, ¿cómo explicar que ese punto de la historia recibiera a un Bolívar impetuoso y a un San Martín tan mermado, melancólico y casi desilusionado?Bolívar había conocido sobre todo la derrota tras varias campañas fallidas en Venezuela y el norte de la Nueva Granada. Pero en los años anteriores a esa entrevista con el otro Libertador, conoció la victoria y la gloria. San Martín había combatido 20 años en Europa y otros diez en América. Había conocido la derrota, el triunfo y la gloria tras garantizar la independencia del Río de la Plata y de Chile y proclamar la del Perú. Pero cuando llegó a Guayaquil estaba agotado, algunos de sus oficiales más cercanos se habían rebelado contra él y su mando en Lima estaba cuestionado. Esa circunstancia, unida a temas de su personalidad y hasta de las drogas que tomaba para sus males gástricos, influyen en que fuera un hombre de grandes altibajos anímicos. Pero, sobre todo, él ya sabía lo que Simón Bolívar aún ignoraba: que la gloria es traicionera.Al leer esta novela, uno va descubriendo dos vidas paralelas que, por caminos distintos, conocen la gloria... Si un chico de colegio se le acercara para pedirle que le hable de los dos Libertadores, ¿qué lección daría el ‘profesor’ Mauricio Vargas?Yo lo creo es que el tema no es lo diferente que eran Bolívar y San Martín sino lo diferente que era el momento de cada uno cuando se encontraron en Guayaquil en 1822. Bolívar se acercaba al clímax de su gloria, mientras San Martín ya venía de regreso, conocía las amarguras del poder, estaba jarto de intrigas y traiciones y, en esa medida, estaba listo para dejarle el campo libre al caraqueño.Mauricio, ¿cómo explicar que un tipo visionario como San Martín prácticamente se hiciera a un lado en su empresa libertadora y le dejara el camino despejado a Bolívar para libertar al Perú, tratándose de un territorio que era, literalmente en esos tiempos, la ‘joya de la corona’?Creo que fue justamente por eso: San Martín de manera muy inteligente sabía que, a la larga, el sabor de la gloria se amarga, duele, se carga de traiciones y mezquindades. Bolívar en cambio lo aprendería pronto, en Lima, justamente porque San Martín le dejó el Perú. Me temo que dejarle el camino libre fue un regalo envenenado. Hay otra pregunta por la que poco se ha preocupado la historia y a la que usted se acerca... ¿Pese a estar unidos por la causa libertadora de un continente, entre ambos existía una evidente malquerencia y desconfianza?Como bien lo dice Bolívar en la novela, dos gallos en el mismo corral se llevan mal. Era algo inevitable. En ese entonces, ahora y siempre. Nunca dos grandes que hayan coincidido en el tiempo y en el espacio se han tolerado.De alguna forma, con Bolívar y San Martín usted se enfrentó no solo a dos personalidades distintas, sino a dos visiones de entender el poder, ¿qué rescataría de cada uno para crear, si cabe la expresión,  al perfecto Libertador latinoamericano?Rescataría lo que juntos compartían al fin de cuentas: una visión de una América hispana grande, unida, establecida por encima de los intereses mezquinos de los caciques regionales. Pero ese sueño naufragó. Los pequeños jefecitos locales de cada país terminaron por imponerse y dividieron estas tierras en pequeños feudos.Lo que uno siente es que se ha estudiado mucho a Simón Bolívar. Hay voluminosas biografías, libros de historia, decenas de ensayos, hasta la novela de un Nobel... ¿La historia ha sido injusta con la figura de San Martín?Es una impresión que tenemos en Colombia, donde Bolívar ha sido mucho más estudiado y leído. Pero en Perú, en Chile y en Argentina es muy distinta la mirada que se tiene sobre este libertador. La figura de San Martín en esta región del continente es mucho más reconocida y valorada. Pongámonos un poco especulativos, ¿qué cree que habría pasado si San Martín decide no hacerse a un lado?Se habría desatado una guerra entre Colombia y el Perú, y las puertas le habrían quedado abiertas a la reconquista española. Eso es lo que, razonablemente, es posible especular sobre este momento de nuestra historia.Estas páginas sorprenden por varias cosas. Una de tantas: siempre se creyó que Bolívar  era estéril, pero a lo largo del libro se mencionan varios herederos...Bueno, es Bolívar quien, desde esa época, resuelve esas dudas: él dice que le consta que sí ha tenido herederos. Se lo dice a varios testigos y esos testigos lo contaron para la historia.Esta última pregunta le ha de parecer de costurero: ¿era realmente tan mal amante Bolívar como se retrata aquí?Lo que creo es que Manuelita Saenz lo hizo mejor amante... porque, antes de ella, era un hombre que vivía de afán... en todo.

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