‘Siempre Alicia’, cuando el Alzheimer toca a la puerta

Marzo 29, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Por Claudia Rojas Arbeláez l Especial para GACETA
‘Siempre Alicia’, cuando el Alzheimer toca a la puerta

Por eso, ‘Siempre Alice’ nos puede dar la sensación de que es una película en la que no pasa nada y es verdad. Porque en poco o nada que pasa, en realidad transcurre la vida.

‘Siempre Alicia’, protagonizada por Julianne Moore, es una película que aborda el devenir del Alzheimer en una mujer intelectual y brillante. La producción, que acierta en el desarrollo de sus secuencias ligadas a la dinámica propia de la enfermedad, ha cosechado gran aceptación en diferentes medios y esferas.

‘Siempre Alicia’, protagonizada por Julianne Moore, es una película que aborda el devenir del Alzheimer en una mujer intelectual y brillante. La producción, que acierta en el desarrollo de sus secuencias ligadas a la dinámica propia de la enfermedad, ha cosechado gran aceptación en diferentes medios y esferas.

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La controlada y exitosa vida de la respetada lingüista Alice Howland empieza a deshilacharse con pequeños lapsos de falta de memoria: primero un nombre, después una calle, luego una cara. Aunque no existe un detonante común, ella trata de explicarse todo desde su racionalidad, aduciendo que esos olvidos repentinos se deben a cambios hormonales. Nada más lejos de la realidad. Los exámenes subsecuentes arrojan una noticia que tambalea su mundo: a sus 50 años es diagnosticada con un Alzheimer en etapa temprana.

Esto por supuesto es algo que no veía venir y como primera reacción pretende revertir el diagnóstico, o al menos retrasarlo el mayor tiempo posible, para no hacerlo evidente frente a su familia. Utiliza entonces toda su capacidad de recordación y desde su orilla empieza una lucha contra el olvido que pronto empieza a perder. Poco a poco, el asunto se evidencia más y los baches se convierten en lagunas imposibles de ocultar.

La noticia de la enfermedad cala de diferente manera en su familia, conformada por un esposo (Alec Baldwin) que pretende asumir el asunto sin realizar mayores cambios en su rutina, y sus tres particulares hijos, que tampoco parecen tomarse la cosa demasiado en serio, al menos al principio. Por supuesto, cada quién está inmerso en su propio proyecto de vida y su reacción, más que un acto de egoísmo, forma parte de las dinámicas propias con las que la vida fluye.

Así nos adentramos pronto en una trama intimista que lleva por nombre ‘Siempre Alice’ y que no pretende, menos mal, hacernos caer en las trampas del melodrama ramplón. La película, dirigida por Richard Glatzer y Wash Westmoreland, esposos que ya habían tenido a cargo otros proyectos de menor alcance, se sostiene en un mecanismo similar a la inercia, la ausencia y la confusión de tiempo y espacio que marcan la enfermedad.

Allí yace su mayor virtud, en el uso de aquel velo que por momentos nos confunde pero que en otros nos deja entrever el universo femenino donde la maternidad y los momentos felices son recuerdos que, a manera de anzuelos, tallan y se aferran en medio del vacío.

Por eso, ‘Siempre Alice’ nos puede dar la sensación de que es una película en la que no pasa nada y es verdad. Porque en poco o nada que pasa, en realidad transcurre la vida. Secuencia tras secuencia, acompañamos a esta mujer en su lucha por no olvidar, en su dolor por desprenderse de la académica exitosa que una vez fue y en la madre que se niega a dejar de existir. Eso sí, acompañadas con unas canciones exageradamente edulcoradas y que si bien fueron puestas pensando en darle una cuota extra de emoción, pueden provocar lo contrario en espectadores prácticos.

A pesar de esto, en esta película no sobra ni falta ninguno de los elementos necesarios ni desde de la dramaturgia en la que todos los personajes cumplen sus funciones para generar diferentes puntos de vista, ni desde el universo de la enfermedad en el que por supuesto se integran las terapias con un neurólogo y las dinámicas repetidas del hogar en el que todo parece esfumarse.

Sin embargo, a su alrededor la vida continúa. Su esposo intenta repetir con ella dinámicas que antes tuvieron sentido, pero que cada vez resultan más insípidas, y su hija mayor la convierte en abuela al dar a luz a unos mellizos, mientras ella cada vez se asila más en sus escasos recuerdos del pasado que aparecen como fragmentos de videos caseros que aún brillan en su memoria.

En medio de este sinsentido en el que vive Alice, llegan las visitas esporádicas de su hija menor, con la que siempre sostuvo una relación difícil y compleja. Una hija que la confronta, la escucha y que es, en últimas, quien de verdad la acompaña en su viaje de desprendimiento y olvido.

Nosotros, mientras tanto, la acompañamos en sus laberintos y sus descubrimientos, intentando descifrar aquellas pistas que ella misma se dejó grabadas varios meses atrás en un video y con las cuales pretendía huir al sufrimiento que ahora la agobia.

‘Siempre Alicia’ es una producción en la que se logra trasmitir un acertado mensaje, casi educativo y bastante inquietante, interpretado por una Julianne Moore que con su actuación brillante logra mostrarnos el eclipse de su personaje de la mejor manera.

Con una propuesta cinematográfica pausada, esta pareja de directores logra explorar y trasmitir una sensibilidad femenina que les viene natural y bien desde su sexualidad. Tal vez a estas alturas valga la pena mencionar que uno de ellos, Wash Westmoreland, murió a comienzos de este mes dejando en esta producción su último legado.

Tal vez por eso ‘Siempre Alice’ tenga ese sabor nostálgico de la vida que se escurre entre los dedos mientras intentamos aferrarnos a ella aunque sea de un solo hilo.

Docente Universidad Autónoma de Occidente / @kayarojas

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