Siembra, una película caleña sobre duelo y desarraigo

Julio 26, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Héctor Fabio Mosquera | Especial para GACETA.

Una película sobre el desarraigo que viven un pescador del Pacífico y su hijo, es la ópera prima de dos directores caleños, Ángela Osorio y Santiago Lozano. ‘Siembra’, así se llama, está invitada al Festival de Cine de Locarno en la categoría ‘Cineastas del Presente’ y se suma a esa fructífera lista de películas ‘made in Cali’.

La película ‘Siembra’ de los directores caleños Ángela Osorio y Santiago Lozano competirá en la categoría ‘Cieneastas del Presente’ de la selección oficial del Festival de Cine de Locarno (Suiza), que se celebra en esa ciudad entre el 5 y el 15 de agosto.

El filme llega como la única producción colombiana a la edición 68 de uno de los festivales más importantes del cine de autor, que busca nuevas y reveladoras formas narrativas.

Y no es de extrañar que haya sido invitada. Ya esta película, que narra el desarraigo de ‘El Turco’ --un pescador del Pacífico-- y su hijo Yosner, quienes añoran regresar a la tierra de la que fueron desplazados por la violencia, obtuvo en el 2012 el estímulo que otorga el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico de Colombia, y más recientemente, en el 2014, fue seleccionada entre 103 producciones de 41 países por el premio de financiación del World Cinema Found, que otorga el prestigioso Festival de Cine de Berlín, Berlinale.

Eso, por supuesto, tiene de plácemenes a sus directores. Y ubica una vez más los focos sobre esta ciudad cinematográfica que es Cali. Ellos, sin embargo, se muestran prudentes al momento de calificarse como parte de la saga del Caliwood pues aclaran que se trata de una película en la que ha participado un equipo de todo el país. Por ello prefieren hablar del buen momento por el que pasa el cine colombiano.

¿Qué representa para ustedes haber sido invitados con ‘Siembra’ al Festival de Locarno?

Ángela Osorio: Este festival es de gran trayectoria. Se ha caracterizado por escoger películas que de alguna manera tienen una personalidad innovadora o exploran nuevas formas en el lenguaje narrativo. Y siendo así, para nosotros era muy importante participar en este evento, que tiene una muestra que nos atrae. Los productores, directores y películas que han pasado por Locarno, se caracterizan por tener un proceso creativo muy revelador.

‘Siembra’ se ubica en ese espacio, el de una película más íntima y alejada del espectáculo comercial... ¿Qué es ‘Siembra?

Santiago Lozano: Esto es un trabajo de muchos frentes, con el que se siente que es una fuerza común, que se ha constituido en un proyecto cinematográfico de país que comienza a recoger frutos, pero no es sólo una coincidencia de un año de bendiciones, sino el resultado de una década de trabajo dedicado al cine.

Para llegar a la palabra siembra, nos tomamos tres años. Lo consideramos en el punto más específico del concepto “echar raíces”. Nuestra metáfora apunta a eso, a echar raíces en eso que llamamos ajeno a nosotros. Y la siembra es ese proceso natural, es una adaptación a nuevas formas y posibilidades.

Son tantos los frutos recientes del cine caleño que ¿ya se podría hablar de una nueva generación del Caliwood?

A.O: Creo que esas clasificaciones se hacen después de revisar la historia. Uno ahora habla del Caliwood porque se ve en un momento pasado. Pero así como en Cali se hacen cosas muy interesantes, en otras ciudades del país también. Esto es un movimiento de Nación, no una sola ciudad. Y aunque hoy estamos hablando de películas caleñas (‘Los Hongos’, ‘La Sirga’, ‘El vuelco del cangrejo’, ‘La tierra y la sombra’; entre otras) con un reconocimiento especial, sus equipos técnicos no sólo están integrados por vallunos.

¡Y claro!, este momento debe llevarnos a sentir orgullo por la región, pero sin que eso nos lleve a sectorizarnos y a generar clasificaciones o pisiones muy competitivas (en el mal sentido de lo competitivo) con el resto del país.

‘El Turco’ y su hijo Yosner representan el desarraigo, pero también se cruza con la idea de futuro. Y aunque la médula del argumento es el desplazamiento, también desde muy adentro describen problemáticas de ciudad como la violencia ¿Cómo lograron establecer los límites para no terminar cruzando el objetivo inicial?

S.L.: No se puede hablar del límite de la violencia urbana y el desarraigo. La película gira en torno al desarraigo, y en este caso este es producto de la violencia. En términos dramatúrgicos y narrativos hay una paradoja, porque ‘El Turco' sale de su tierra para proteger la vida de su hijo, pero en la ciudad en donde Yosner supuestamente está encontrando su raíz y su razón de ser, también encuentra el final de su vida. Y es a partir del duelo que metaforizamos la forma en que se puede cerrar un ciclo.

A.O: Yo agregaría que‘ Siembra’ aborda la violencia no en su punto más dramático, sino todo lo que está por debajo. No hablamos de la herida de frente. Tampoco pretendemos basarnos en la explotación comercial de la violencia como regla. Creemos que es un decisión de autor.

Entonces ustedes usan el desarraigo como pretexto para narrar el duelo...

A.O: Sí, todo el tiempo hay una catarsis con el desarraigo. Hay un duelo suspendido por el desapego a la tierra de origen. Pero nuestra idea es promover la reflexión hacia el duelo. Creemos que los rituales hacen parte de esa aceptación de eso que ya no está. Nosotros buscamos no exponer una historia sobre el desplazamiento, sino un escenario de posibilidades. Para nosotros es más importante el duelo que el desarraigo mismo; lo vimos como un pretexto. Es el caso de ‘El Turco’ que se ve obligado a vivir el ritual de la muerte con la pérdida de su hijo, pero también le posibilita asumirse en ese nuevo lugar en el que no se siente identificado.

S.L: El duelo en este caso se convierte en la oportunidad para cerrar ciclos y abrir nuevas oportunidades.

Hablemos un poco de lo que significa una coodirección, que aunque ya vienen trabajando desde hace años juntos, no deja de ser complejo conciliar las ideas de dos mundos y perspectivas...

S.L: Venimos trabajando en documental y siempre hemos tenido la misma metodología: Ángela con los personajes y yo con la cámara.

Entonces, desde estos lugares cubrimos el set sin poner el pie en el trabajo del otro. No se puede tampoco llegar a este punto sin un trabajo riguroso de escritorio que evita tomar decisiones en caliente.

Incluso más de dos directores estaban en esta producción...

A.O: Teníamos directores de sobra: Oscar Ruíz, productor; el asistente de dirección, William Vega; el foto fija, César Acevedo. Pero en general hay un respeto sobre el trabajo de otras personas. Más allá de sentirnos presionados, lo que sentíamos era un abrazo de amistad y de colegas. Los sentimos como un apoyo, más no un obstáculo.

Esta escuela del cine caleño tiene una coincidencia o una misma interpretación de las necesidades actorales y es que se trabaja con actores naturales o actores no profesionales ¿Ustedes acuden a este mecanismo?

S.L: En nuestro caso no hablamos de actores naturales. La premisa siempre fue "queremos trabajar con artistas", por lo que todo el casting principal viene de la música, sin necesidad de que fuera víctima del desarraigo. Nosotros buscábamos los personajes. Es decir, quién podría encajar en las características de quienes habíamos proyectado en el guion.

No nos interesaba revictimizar, por ello no nos acoplamos al término de “actores naturales” que tal y como se define, se refiere a personas que interpretan en una puesta en escena sus propias vivencias. Nuestros actores son connotados intérpretes de la música y la danza, mas no víctimas.

¿Por qué la danza y la música como principal filtro?

S.L: Porque en la música y en la danza hay una puesta en escena. Este es un trabajo que apuntó a la expresión en función de los cuerpos, de las formas de expresarse. Nos interesaba tener el vocabulario propio de ellos.

Hablemos del tratamiento estético. Ustedes acuden al blanco y negro, una característica que puede estar por fuera de lo que esperan los espectadores en esta era de cine basado en lo sensorial ¿por qué asumieron esta decisión?

A.O: Cuando comenzamos a explorar el color encontramos que hay una figura retórica muy interesante para generar un distanciamiento y es precisamente la supresión. En este caso, la supresión del color apunta a que se logre un alejamiento respecto a eso que uno ve como realidad a full color.

Nos interesó no sólo por lo estético, sino para posibilitarle al espectador la idea de que esta no es la realidad misma, sino una historia que interpreta la realidad. El blanco y negro lo usamos para decir "esta no es la realidad". Es más bien un asunto que se contrapone a la forma tradicional en que se percibe lo real.

Hay una mezcla de matices y sonidos que evocan a algo muy espontáneo en ‘Siembra’, ¿Cuál es el papel que juega lo sonoro?

A.O: Tuvimos la fortuna de contar con Alejandro Fábregas con quien soñamos hacer esta película. Él, además de ser un experto en esta materia, es una amigo cercano que supo interpretar -por así decirlo- nuestra banda sonora.

Porque para nosotros las sensaciones auditivas involucran no sólo la música sino el escenario sonoro de la vida: el tránsito vehicular, el ruido, los pájaros y la forma en que suena cada espacio. Para nosotros era muy importante que las canciones sonaran en directo y dar cuenta de ese contexto en el que estábamos.

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