'Siembra': detrás de cámaras de la película caleña triunfadora en el Ficci

Marzo 20, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Periodista de GACETA
'Siembra': detrás de cámaras de la película caleña triunfadora en el Ficci

La película es espejo de la vida de los jóvenes en el Distrito.

Se trata de una mirada íntima al fenómeno del desplazamiento, las secuelas de la guerra que nunca vemos. Su estreno será el próximo jueves 14 de abril. La película también fue galardonada este sábado en el Festival Cinelatino de Toulouse.

Es sábado,  ‘Siembra’ se acaba de estrenar en el Festival de Cine de Cartagena, y el equipo completo de la película – actores, directores, productores – sube al escenario del Teatro Adolfo Mejía en medio de un montón de aplausos. Un espectador le pregunta a los actores: ¿Cómo es verse por primera vez en el cine?

[[nid:518414;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/03/p8-9gacetamar20-16n1photo04.jpg;left;{Inés Granja es una de las cantadoras más reconocidas en el Pacífico. Foto: Especial para GACETA}]]- Yo nunca pensé que esta cara mía saliera alguna vez en una pantalla gigante, responde Inés Granja,  cantadora del Pacífico,  y el Teatro vuelve a estallar en aplausos y sonrisas tiernas.

-  Yo soñé  con esto desde niño, actuar en una película.  Gracias a Ángela Osorio y a Santiago Lozano, los directores. ¡Gracias a todos!, dice José Luis  Paz Preciado, bailarín de  freestyle, los ojos iluminados, la respiración agitada.

- Mi arte siempre ha sido la música, tocar la marimba en mi pueblo, Timbiquí,  pero me siento muy orgulloso de verme en esta película. Y esperando de pronto, si estoy en vida, una próxima oportunidad de seguir haciéndolo. Me gustó hacer cine, comenta Diego Balanta, quien hizo el papel protagónico, el del ‘Turco’, y desde un palco alguien grita:  ¡Bravo!

- Nosotros vivimos en un territorio en el que casi siempre, cuando se cuentan historias sobre él, se cuentan desde el morbo. Pero en esta ocasión siento que la historia se cuenta desde el respeto. Por eso estoy tan contento de formar parte  de este proyecto en el que la gente de nuestro territorio no se siente avergonzada, dice Jota Ramos, compositor,  y en el Teatro, repleto de cineastas, documentalistas, reporteros, ahora se hace silencio.

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‘Turco’, un pescador de la costa pacífica colombiana, añora regresar a la tierra que abandonó hace tres años en compañía de su hijo Yosner, a causa del conflicto armado. Vive en la ciudad atrapado por un sentimiento de desarraigo mientras su hijo encuentra en ella un futuro posible. 

La ilusión del padre por regresar se rompe con la muerte del hijo. ‘Turco’ se ve confrontado por el dolor y la impotencia ante ese cuerpo inerte que se ha convertido en un obstáculo más para volver a su tierra. Mientras se celebran los rituales tradicionales de velación, ‘Turco’ se distancia y deambula por la ciudad para realizar su propio duelo; pero el tiempo pasa y tiene que encontrar un lugar para enterrar a su hijo. (Sinopsis de ‘Siembra’).

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Tras el estreno de la película y un almuerzo para celebrar en el restaurante La Comunión, la Plaza Santo Domingo del Centro Histórico de Cartagena ha sido ‘tomada’ por el equipo de ‘Siembra’. 

Los actores cantan alabaos del Pacífico mientras los filma un noticiero, enseguida  posan para un fotógrafo, conceden entrevistas.

[[nid:518416;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/03/p8-9gacetamar20-16n1photo07.jpg;left;{En la foto, Santiago Lozano y Ángela Osorio, directores de 'Siembra'.Especial para GACETA}]]

Santiago Lozano y Ángela Osorio, en la mesa de un local en la que una cerveza nacional cuesta lo mismo que un almuerzo en el resto del país, cuentan  la historia del proyecto.

Todo empezó desde que eran estudiantes de comunicación social en la Universidad del Valle. Allí comenzaron a trabajar juntos en documentales en torno al territorio: narrar cómo Colombia se estaba transformando debido al desplazamiento de miles de personas que generaba el conflicto armado en el campo; contar cómo las ciudades a donde llegaban estas personas también se transformaban.

Luego comenzaron a indagar en sí el fenómeno del desplazamiento. No precisamente el cómo ocurrieron los hechos, no contando cómo fue la masacre, o si los paramilitares jugaron fútbol con el cráneo de sus víctimas, sino más bien las consecuencias del desarraigo  en una persona, en una familia. Lo que sucede después de la tragedia  y cómo se vive con esa condición, a veces un estigma: ‘desplazado’.

- Nos preguntábamos qué significaba esa palabra más allá de las cifras. Y encontramos que ser desplazado era un no lugar, quedarse en un tránsito. Uno de los elementos que hacía que a una persona le resultara muy difícil  salir adelante de esa situación era no tener una despedida de su lugar de origen, salir sin cerrar ese ciclo, esas puertas que, al cerrarlas, permiten afianzar la vida, el futuro. El desplazado no tiene esa posibilidad, y por lo tanto permanece en tránsito, en ese no lugar, dice Santiago.

- Además nosotros, cuando empezamos a trabajar, nos dimos cuenta que cuando se cubre  la violencia generalmente se registra la punta del iceberg, es decir el cómo mataron a la víctima,   el cómo la desplazaron.  Lo que no se cuenta es lo que  hay en medio de ese iceberg, o  lo que hay debajo, es decir, la cotidianidad de las personas después de convertirse en víctimas y esas consecuencias de la guerra que no se notan. Esa es la película, agrega Ángela.

‘Siembra’ tiene ese poder: entretiene y  hace pensar. El espectador  se cuestiona. No solo porque quienes no somos víctimas directas de la guerra no hacemos nada por las que sí lo son, sino que además por constatar que ignorar, subir el vidrio, excluir a los desplazados que viven en la periferia de las ciudades, les hace la vida más difícil. No conocemos sus historias, luego no nos importan. 

- El título de la película se nos ocurrió  durante la investigación de lo que queríamos contar. En esa idea del desarraigo encontramos que la historia era un doble duelo, primero por la tierra que se dejó, y luego por la violencia en la ciudad que genera la muerte de un hijo. Sin embargo ese duelo por la muerte es una manera también de cerrar ciclos, cerrar esas puertas aún abiertas, esas heridas, para iniciar de nuevo. La muerte es de alguna manera un acto de siembra de una nueva vida, dice Santiago.

Para rodar la película, siempre sucede, pasaron varios  años. Sus directores aplicaron  al estímulo del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, en la modalidad de escritura de guion. Ganaron. En el camino, además, la Universidad Autónoma de Occidente se asoció como  coproductora, lo que finalmente  garantizó los recursos.  

El casting, también,  se hizo durante años, aunque sin sospecharse que se estaba haciendo. La mayoría de los actores fueron los mismos personajes que alguna vez entrevistaron Santiago y Ángela para sus documentales.

 A Diego Balanta, el actor protagónico, por ejemplo, lo conocieron cuando realizaron ‘Viaje de Tambores’, un documental sobre los grupos musicales del Pacífico que se preparan durante todo el año para participar en el Festival de Música Petronio Álvarez, en Cali. Diego, 57 años, nacido en Timbiquí, Cauca, integra el grupo Sonar de Marimbas. Ahora justamente se acerca a la mesa para contar la historia.

- Para mí llegar a la película fue una sorpresa, porque nunca había hecho cine. Y nunca me imaginé que iba a ser actor. En el pueblo me contratan para tocar en alguna fiesta y con eso me gano $50, $100 mil, para asegurar el sustento. O vendo rifas, marranos, y  cada año participo en el Petronio.  Pero pese a no ser actor, en la película puse todo mi empeño. Me prometí no ‘azararme’ mientras grababa.  Y así fue. Yo me  aprendía lo que me pedía Ángela que me aprendiera. En las noches me acostaba pensando en lo que debía decir en la escena del día siguiente. Los directores lograron que  estuviera muy tranquilo a la hora de grabar. Así saqué adelante mi papel.

Pese a no ser actores profesionales, todo el  elenco de ‘Siembra’ está conformado por artistas que entienden el trabajo de lo que significa una puesta en escena.

- Cuando escribíamos el guión siempre pensábamos en ellos como  unos referentes, sin pensar que iban a ser los actores, aunque lo terminaron siendo, explica Santiago.

La película se rodó en parte en el barrio Mojica de Cali, Distrito de Aguablanca. Sin embargo había escenas  invasivas para la comunidad, incómodas,  como filmar dentro de un cuarto a la madrugada, o en la sala al anochecer. Así que  la producción construyó todo un barrio en un municipio cercano, Jamundí, para realizar las grabaciones. Era una réplica de muchas de las invasiones del Distrito de Aguablanca.

[[nid:518415;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/03/p8-9gacetamar20-16n1photo05.jpg;left;{Carol Hurtado, Licenciada en Arte Dramático de Univalle.Especial para GACETA}]]

- Cuando vi el escenario que habían construido, todo tan pobre, pensé que era un poco exagerado. Que esa pobreza, la casa de tablas, el piso de barro, los techos rotos, las ventanas cubiertas con sábanas o papel periódico, era exagerada. Yo, pese a que vengo de un barrio popular, no pensé que hubiera gente que viviera así. Pero cuando  fuimos a grabar en Mojica , me di cuenta de que en Colombia hay gente que vive peor que el asentamiento que construyó la producción. La película fue una manera de entender al país, dice Carol Hurtado, quien se ha sumado a la conversación y fue la única actriz profesional - actriz de teatro - que hizo parte del proyecto.

La película, interviene ahora el actor José Luis Paz Preciado, es espejo de la vida de varios de los protagonistas.   Su mamá, por ejemplo, fue desplazada de Barbacoas, Nariño. A su papá no lo conoció; lo mataron.  Y los hijos de los desplazados encuentran en la ciudad el sitio donde quieren permanecer. 

José Luis, al igual que su personaje en la película, halló en el baile una razón para quedarse en el Distrito pese a sus peligros, por ejemplo. El baile en algunas calles del Oriente de la ciudad se asume como un duelo, una manera de vencer al otro, y eso a veces genera conflictos, envidias, porque entre otras cosas, generalmente el que mejor baile se queda con la muchacha más linda. Nadie quiere perder. En su hombro, José se levanta la camisa,  tiene la cicatriz de una puñalada producto de una riña durante un duelo.

Aunque   ‘Siembra’ logró pacificar la zona donde se rodó, zanjar enemistades. José por un lado dice que dejó de ser ese bailarín engreído que alguna vez fue, ese que no le enseñaba sus pasos en nadie, y en cambio ahora es maestro de baile de por lo menos 80 niños en el Distrito de Aguablanca, sin cobrar un centavo.

Los que se consideraban sus enemigos, además, fueron los extras de la película – el mismo José Luis se los presentó a Santiago y a Ángela -  y ahora, mientras está en Cartagena, le escriben en el celular una bella palabra: bendiciones. ‘Siembra’ resultó ser también una experiencia de paz.

 - Es cierto – habla   Jota Ramos, que la película representa  nuestras vidas. Yo vivo en Villarica, un territorio del norte del Cauca donde está el seno del conflicto.  En una ocasión los paramilitares me cortaron los dedos. Fue con un machete. Esto te lo cuento para explicarte que solo hasta cuando  rodamos la película, entendí en realidad qué es el desplazamiento, la guerra. Porque cuando uno está dentro de una zona de conflicto, no ve la violencia y sus consecuencias como se ven desde afuera. Cuando uno está adentro siente que la violencia es normal. Como algo más del paisaje, el pan de cada día. Algunos desplazados sienten que esa es su realidad, que tarde o temprano los iban a desplazar.

Porque es lo que han visto siempre. Se acostumbran. Y eso pasa en las ciudades. La gente ya no se asombra con la violencia. Es como si fuera natural que algo malo pase. Que fuera normal que un paramilitar le cortara los dedos a un niño de 14 años. Por eso en Colombia matan a alguien y nadie se sorprende.

Es lo que pasa en la película. Si ves al protagonista, nunca llora su tragedia,  porque en el fondo la esperaba. La película fue la oportunidad de reflexionar en torno a la pérdida de nuestra capacidad de asombro frente a la violencia.

Quizá ‘Siembra’ es más bien una forma de resiliencia. Mostrar la capacidad de los colombianos de seguir adelante pese a lo que nos sucede. 

Pero también, insiste  Ángela Osorio,  es un intento por cambiar el foco, la mirada desde donde se mira la violencia. Nos acostumbramos a ver la guerra como  una cuestión pornográfica: nos interesa qué pasó, cómo ocurrió el homicidio, nos interesa también en términos de la magnitud estadística, ¿a cuántos mataron?, pero nos importa muy poco quiénes son las víctimas y el impacto de toda esa violencia en la cotidianidad de las personas, la psiquis de la sociedad.

- La  ventaja que se tiene en los relatos cinematográficos  es precisamente poder construir una conexión con las problemáticas de la gente, visibilizarlas, dice Ángela.

- La película habla de una patria inmensa y adolorida, escribe el crítico Juan Carlos Romero. 

Otra vez: ‘Siembra’ es capaz de entretener, pero también  de hacernos pensar. Eso explica  los premios que ha obtenido: el Bocalino de Oro en Locarno, Suiza;  el premio a Mejor Película del Festival de Tarragona,  y el premio especial del jurado en el Festival de Cine de Cartagena. 

La película colombiana 'Siembra, una cinta en blanco y negro sobre el drama de los desplazados en Colombia, se alzó este sábado con el gran premio del Festival Cinelatino de Toulouse.

La cinta, ópera prima de Ángela Osorio y Santiago Lozano, aborda con una excepcional fineza la historia de un padre que añora regresar a la tierra que tuvo que abandonar a causa del conflicto armado en Colombia de más de medio siglo.

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