'Sex, Love, Salsa': historia de una mujeriego

Septiembre 20, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Periodista de GACETA

Un director de cine estadounidense de padres vallecaucanos está arrasando con los premios de los festivales con 'Sex, Love, Salsa', su ópera prima. Se trata de Adrián Manzano, quien con apenas 34 años ya se ha ganado la atención e medios como The New York Times.

Adrián Manzano se encuentra en un café internet de algún lugar camino a Riohacha. No tiene celular en Colombia, así que la única manera de hablar con él es a través de Hangouts, el servicio de mensajería de Gmail.

- Llevo una vida simple, explica. 

A través de la pantalla del computador se alcanza a detallar una barba de días, el cabello desordenado de quien va sin preocupación alguna hacia la playa. Al fondo se escuchan voces de acento caribeño,  el agite de un local en pleno mediodía.  De vez en cuando alguien lo interrumpe, y él  responde con amabilidad.

- Últimamente mi vida es un poco caótica. Hace unos meses estaba en Los Ángeles haciendo trabajos de actuación en una novela. Soy free lance. Y así me la paso, entre esos trabajos y la promoción de mi película, lo que me ha obligado a viajar mucho. No tengo un horario fijo,  y eso me gusta.  Además soy soltero, no tengo hijos ni muchos gastos. Soy de los que puede dormir un mes en el sofá de un amigo. Una vida simple. Eso le da mucha libertad a mi creatividad. Y no es que sea tacaño, pero sé administrar muy bien el dinero.

La película a la que se refiere Adrián es su ópera prima: ‘Sex, Love, Salsa’, un reflejo de su vida en muchos sentidos, incluido el financiero. El filme costó apenas 7000 dólares, y sin embargo se las arregló para lograr una historia que no pasara inadvertida. La película fue reseñada en  The New York Times, ganó el premio del público en el Festival Internacional de Harlem, lo mismo que en el Festival de Cine Latinoamericano de  Montreal, Canadá, y el Premio a Mejor Película en el Reel Independent Film Extravaganza.

  - Los premios han significado mucho. Y es curioso porque yo esperaba más premios del jurado, reconocimiento crítico, por lo experimental de la película. En  cambio los premios han venido de  parte del público, algo que me ha sorprendido. Y claro, es mejor. Hoy en día, como hay tanto cine,  tanta gente haciendo películas, es importante tener un público que te quiera, que te siga. Sobre todo cuando en Estados Unidos no tenemos apoyo del gobierno para financiar los proyectos, como sí sucede en Colombia o en otros países. Tener un público es súper importante para un director de cine independiente, comenta  en un perfecto español con el tono de un gringo de pura cepa, aunque en realidad  se considera mitad estadounidense, mitad colombiano.

Su padre, Lewis Manzano, nació en Palmira; su madre,  Consuelo Valencia, en Cali. En los años 70 ambos, sin conocerse, viajaron hacia Estados Unidos en busca del sueño americano.

II

Es sábado, y Adrián  escribe un mensaje a través del correo electrónico:

- Otra cosa: como no tenía dinero para contratar estrellas para la película, y además yo también estaba actuando, pensé que tenía que dar más de mí, revelarlo todo. Hasta la historia de mis padres, las peleas familiares. No dejar nada, para que el público se lleve algo. Guste o no, van a ver algo real.

Seis meses después del viaje desde Colombia hacia Estados Unidos, Lewis y Consuelo coincidieron en una boda. La fiesta era en el distrito Queens de Nueva York, una zona habitada por inmigrantes   y, mientras bailaban salsa, se conocieron. 

Como eran días en que no había celular, mucho menos Facebook, dejaron de verse durante un mes. Parecía que todo había terminado así, un simple encuentro en una fiesta, pero por una casualidad milagrosa se reencontraron  en esa ciudad tan grande a la que también llaman  ‘capital del mundo’. El uno recordaba el nombre del otro. Cinco años después se casaron, tuvieron dos hijos. Adrián nació el 6 de junio de 1981.

Para sostener a la familia,  Lewis se dedicó primero a los oficios varios y finalmente logró acreditarse como electricista. Consuelo, durante 30 años, fue secretaria de un banco francés cuyas oficinas estaban ubicadas en el World Trade Center. Un año antes del atentado del 11 de septiembre de 2001, se retiró. Como si el destino siempre hubiera jugado a su favor.

En casa, mientras tanto, Adrián aprendía español escuchando a sus padres. También bailaba salsa. Cuando  tenía 7, de hecho, Consuelo hizo que él se parara  en el sofá de la sala para que desde allí la viera,  le siguiera los pasos. Adrián aprendió rápido, y en sus viajes a Cali,  durante los veranos,  sus primas se encargaron de perfeccionarle los movimientos. Desde entonces no dejó de bailar. Tampoco abandonó lo que era un juego infantil desde que tenía 12: el cine.

Con la cámara de su padre hacía  cortos junto con su hermano y sus primos. Después Adrián ingresaría a la universidad a estudiar literatura - le encantaba  Shakespeare y los autores rusos –, siguió haciendo cortos “en serio”,  fue actor de teatro, probó el negocio de los bienes raíces, fracasó tras la debacle de 2008, el estallido de la burbuja inmobiliaria, se enfocó de nuevo en el arte.

Sin embargo,  para decidirse a hacer su primera película debieron suceder dos explosiones aún más importantes, más cercanas: una decepción amorosa,  primero, una novia que le dijo: “a ti lo que te gustan son las cámaras y escribir, dedícate al cine”.

- Ese fue el ‘clic’ que necesitaba.

III

Adrián sigue en el café internet de algún lugar camino a Riohacha. En este momento sonríe con cierta malicia. Julián Suárez,  el personaje principal de su película, protagonizado por él mismo, dice,  tiene mucho de lo que fue Adrián en algún momento: mujeriego.

- ‘Sex, Love, Salsa’ nació de una relación que se terminó. Yo  salía con una chica que bailaba mucho salsa, y ella tenía un novio en California. Entonces él la vino a visitar y ahí se acabó todo.  Yo quedé destrozado. Y empecé a escribir un guión alrededor de esa experiencia. Lo escribí en tres meses. Empecé en junio de 2010, terminé en agosto y en septiembre ya estábamos filmando. Fue algo muy impulsivo. Mi novia me estaba empujando a hacerlo.

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