“Ser columnista me ha dejado bastantes enemigos”: Juan Gabriel Vásquez

Enero 24, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros?Periodista GACETA
“Ser columnista me ha dejado bastantes enemigos”: Juan Gabriel Vásquez

Juan Gabriel Vásquez, escritor bogotano que estará presente en el Hay Festival 2014.

El escritor Juan Gabriel Vásquez estuvo en la Feria del Libro de Bogotá presentando su novela más reciente, ‘Las reputaciones’. GACETA conversó con él y descubrió que comparte con el autor una certeza: los colombianos tenemos una relación especial con nuestros “opinadores”, tanto los que nos gustan como los que detestamos.

Uno queda con la duda. La duda de qué tanto Javier Mallarino se parece a uno de esos caricaturistas de renombre que tiene Colombia. Digamos Osuna, Luisé, Mheo, Matador. Juan Gabriel Vásquez no lo desmiente del todo y alimenta el misterio. Ese personaje, Mallarino, protagonista de ‘Las reputaciones’, su más reciente novela, es el fruto de largas y desprevenidas conversaciones con Vladdo y El Roto, un tipo conocido en las páginas de opinión de la prensa española. La duda nace porque la manera en que el autor describe, casi a mano alzada, el oficio de un hombre que se gana la vida dibujando pesares y alegrías de un país en una hoja de periódico es fidedigno.Porque, en esencia, un caricaturista es, como lo dice la esposa de Mallarino, alguien que se mete en problemas, que se obliga a pelear con todo el mundo y a todo el mundo a pelearse con él. Después de eso, hay solo dos caminos: o eres héroe o eres villano. Y paralelo a eso van las reputaciones. La de quien termina retratado en los dibujos. La de quien está detrás de la mesa de dibujo. Que lo diga el escritor bogotano, que estuvo en Colombia presentando esta novela corta en la Feria del Libro de Bogotá, cuyó telón caerá este miércoles 1 de mayo. Juan Gabriel, una pregunta antes de entrar en ‘Las reputaciones’. ¿Cómo pasar la página después de una novela tan celebrada como ‘El ruido de las cosas al caer’? Nunca pienso en los libros anteriores, como no sea para rebelarme contra ellos. ‘Historia secreta de Costaguana’ es una rebelión contra ‘Los informantes’. ‘El ruido…’ una contra ‘Costaguana’. Lo mismo pasa con ‘Las reputaciones’: es un intento por hacer algo que no hubiera hecho antes. Si me dejara presionar por las expectativas de los lectores, acabaría siempre escribiendo el mismo libro, ¿no? Más bien, lo que quiero es explorar nuevas cosas, sorprender a los lectores y sorprenderme a mí mismo. Por eso, entre otras cosas, el género: nunca había escrito una novela corta, a pesar de que siempre las he apreciado como lector. Esta era la oportunidad. Cuesta trabajo no pensar que ‘Las reputaciones’ es una novela en clave, que la historia de Javier Mallarino no está inspirada en la de un caricaturista real... ¿Hago bien en evitar eso?Evítalo, por favor. ‘Las reputaciones’ no es, lo digo enfáticamente, una novela en clave. La historia de Mallarino es una ficción. Y, como todos los personajes de ficción, está construido con una mezcla de materiales de verdad. He usado anécdotas que me han contado Vladdo o El Roto, gran dibujante español; y he usado rasgos biográficos de Antonio Caballero y Héctor Osuna. Pero son rasgos circunstanciales. La peripecia en que se ve envuelto Mallarino es ficticia, así hay que leerla.¿Cómo logró dibujar tan bien (casi a mano alzada) lo que es el oficio de un caricaturista? Espero haber dicho algo que se aproxime a la verdad. Si es así, es por la generosidad de Vladdo y de El Roto, que me dieron el punto de partida. El resto es instinto. Claro, el instinto es muy importante para un novelista.Es cierto. También que usted ha dicho varias veces que sus novelas suelen partir de una escena: ¿Cuál detonó ‘Las Reputaciones’?Lo primero que imaginé fue lo primero que sale en la novela: un caricaturista que se está embolando los zapatos en el Parque Santander, en pleno centro bogotano, y cree ver pasar a Ricardo Rendón. El problema es que Rendón, gran caricaturista colombiano, murió 79 años antes. A partir de ahí comenzaron las preguntas: ¿quién es este hombre? ¿Por qué lo inquieta tanto la memoria de Rendón? ¿Cómo es su relación con la ciudad, con su oficio? El personaje de Javier Mallarino fue naciendo así. Mallarino es el protagonista, sí, pero hay otro implícito: el poder de las páginas de opinión. El modo como influyen en la forma de pensar del ciudadano de a pie... Es como si esas páginas le ayudaran a ese ciudadano a resolver ciertas preguntas que se hace sobre el mundo... Yo llevo muchos años leyendo las páginas de opinión de nuestros periódicos, caricaturas incluidas, y llevo cinco años escribiendo columnas de opinión. En este tiempo he creído ver que los colombianos tenemos una relación especial con nuestros “opinadores”, tanto los que nos gustan como los que detestamos. En la novela se dice que esas páginas son como el “diván colectivo de un país largamente enfermo”. Para muchos lectores las páginas de opinión son lo que para otros es el psicoanalista o el cura. ‘Las reputaciones’ quiere explorar indirectamente esa relación. En varias páginas se siente también una crítica fuerte contra la clase política. Uno lee frases poderosas como: “A la oligarquía no le gusta que se hable de ella, no sea que nos demos cuenta de que ahí sigue”... ¿Hay algo de desahogo en estas 139 páginas?Bueno, no hay que leer la novela como una larga opinión mía. Mallarino tiene sus ideas y yo tengo las mías. Es verdad que mi concepto de nuestra clase política no es el mejor. Hay excepciones, pero en general nuestra clase dirigente es de una mediocridad intolerable, intelectualmente pobre y moralmente desviada. Nuestro Congreso, salvo las excepciones que menciono, es un gran espectáculo de corrupción, ignorancia, intolerancia y estupidez moral. Y una mirada a la historia basta para saber que no siempre ha sido así. El libro evoca otro oficio que le vemos ejercer de forma permanente y que usted mencionó hace un rato: el de columnista. ¿Cómo analizar con tanto acierto este país desde la distancia? ¿Lo logro? Pues muchas gracias por creer que sí, pero lo que yo siento a veces es que nada de eso importa. Mis columnas muchas veces responden al desasosiego, la indignación o la franca tristeza que me causan las prácticas políticas de este triste país, pero las escribo consciente de que no cambiarán nada, porque la gente que está al mando es sorda a los argumentos y a la razón. Y, si eso es así, ¿qué reputación cree que le ha dejado su labor como columnista?No tengo la menor idea. Pero me ha dejado bastantes enemigos, así que espero que por lo menos la gente se dé cuenta de que trato de no esconderme de los asuntos importantes, aun si las consecuencias para mí no son las mejores.Uno de los personajes de esta novela, Samanta Leal, habla de hacer memoria. Y eso, hacer memoria, es algo que siempre aparece en sus libros. Es como si usted escribiera para que a sus lectores no se nos olvide de qué está hecho este país...Bueno, siempre he creído que ésa es una de las cosas que mejor hace la literatura: mantener vivo el pasado, alertarnos contra los peligros del olvido. Lo que sucede en la novela tiene que ver con un momento del pasado de Samanta y Mallarino. ¿Qué sucedió ese día realmente? De la respuesta depende todo en la novela y en la vida de los pobres personajes. Y mucho me temo que lo mismo pasa en nuestras vidas, y por eso nos preocupa siempre tener claridad y certeza sobre nuestro pasado, tratar de que no cambie. Hay otra frase que me encanta de esta novela: “En 40 años en este país no han cambiado dos cosas: lo que nos preocupa y lo que nos hace reír". ¿Eso solo lo sospecha Mallarino o es una certeza de Juan Gabriel Vásquez?Sí, es una de esas opiniones que comparto con Mallarino. Lo descubrí durante la escritura de la novela, revisando o conociendo la historia de la caricatura en Colombia desde los pasquines del Siglo XIX. Las preocupaciones son las mismas que uno encuentra en un libro de Héctor Osuna o de Vladdo; también son iguales las cosas que nos hacen reír. Y eso, no sé por qué, me tranquiliza.Vea aquí la programación completa del Festival.

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