Restauran el documental 'Agarrando Pueblo' para presentarlo en el Festival de Cine de Cartagena

Restauran el documental 'Agarrando Pueblo' para presentarlo en el Festival de Cine de Cartagena

Marzo 08, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros l Periodista de GACETA
Restauran el documental 'Agarrando Pueblo' para presentarlo en el Festival de Cine de Cartagena

Luis Ospina, director y productor de la cinta; Luis Alfonso Hoyos, uno de los protagonistas; y Carlos Mayolo, codirector durante el rodaje de 'Agarrando pueblo'.

‘Agarrando pueblo’, el icónico documental que grabaran Carlos Mayolo y Luis Ospina en 1977 fue restaurado y será presentado en el Festival de Cine de Cartagena. Gaceta reconstruye la historia del rodaje de una de las piezas cinematográficas más recordadas del Caliwood.

La gota que rebosó la copa en aquel momento fue ‘Gamín’, el documental escrito y dirigido por Ciro Durán en 1977. El hombre había llevado a la gran pantalla, como ya otros realizadores en el último par de años, un retrato de la pobreza extrema de las grandes ciudades de América Latina: niños robando radios de los automóviles; basura, hambre, rostros tristes y mugrosos. 110 minutos que muy pronto comenzaron a rodar por festivales europeos con notorio éxito. ‘Waif’ se le conoció por fuera del país. Quien hace memoria es Eduardo ‘La rata’ Carvajal, uno de los integrantes del Grupo de Cali. Del Caliwood, como lo conocemos todos. El fotógrafo comienza a recordar en su casa, a las afueras de la ciudad. Casi cuarenta años atrás, cuenta, ‘Gamín’ suponía el punto más descarnado y detestable del fenómeno audiovisual que se había tomado las salas de cine colombianas: la explotación de la miseria.La culpa de todo la tenía la recién creada Ley de Sobreprecio, nacida en apariencia para promover la industria cinematográfica en el país. El asunto era simple: a la boleta del cine se le incrementó su valor en 1,50 pesos para que, además de la película de cartelera, el espectador viera, previamente, un cortometraje. Ese dinero extra que se pagaba, iba a parar entonces a un fondo destinado a apoyar económicamente a los directores de esos cortometrajes. Y el número de producciones creció en Colombia, calro, pero a un costo muy alto. Ramiro Arbeláez, que dirigió el Cine Club de la ciudad, cuenta que fue por esa época que muchos realizadores —pero sobre todo aficionados al cine— empezaron a ver esa oportunidad más como un negocio que una apuesta artística. “Comenzaron a aparecer lo que llamábamos cineastas de fin de semana. Tipos, algunos abogados o contadores, que cogían una cámara o contrataban a cualquier camarógrafo por ahí, y se iban un par de días a un pueblo apartado o a un barrio pobre a capturar, sin escrúpulos, imágenes que luego acompañaban de un texto de discurso sociológico. Y ese modelo se repetía y se repetía”. Entonces había que hacer algo. Eduardo evoca la imagen de Carlos Mayolo junto a Luis Ospina, por entonces unos jóvenes de 32 y 28 años —sus amigos—, puliendo los últimos detalles de un guion en el que, en clave de ironía, humor negro y grandes dosis de sarcasmo, intentarían cuestionar películas como las de Ciro Durán y decenas de cortos que se valían de la misma fórmula y luego eran vendidos a canales de televisión extranjeros que los pagaban, claro, con cheques gordos. Ese guión, pues, comenzaba con lo que varias generaciones hemos visto luego: en pantalla una claqueta, ‘Escena A, toma 1’. Lo primero que se escucha, una voz grave que grita ¡Acción! En cuestión de segundos, comenzamos a caminar —de la mano del camarógrafo— por la Carrera Quinta, a un costado de la Catedral de San Pedro. El centro caleño a blanco y negro. La ciudad que vamos recorriendo es la de 1977 con sus hombres vestidos de pantalones ligeramente acampanados y sus mujeres adornadas con copetes y altos moños. En ese paisaje urbano aparece un director que nos hace creer que se llama Alfredo García y que está buscando la ciudad —la pobre, la fea, la marginal— para filmar un documental, ‘¿El futuro para quién?’, por encargo de un canal alemán.Se trata en realidad de un entusiasta Carlos Mayolo, que aparece en pantalla junto al mismísimo Eduardo Carvajal, quien interpreta a un camarógrafo que va grabando, con una Boleex de 16 milímetros, todo lo que su jefe señala con el índice: un anciano que pide limosna con un tarro metálico a las afueras de la Catedral, una pequeña descalza sentada en un andén vecino, un hombre que logra algunas monedas tragando fuego y revolcándose sobre vidrios molidos. “¡A la cara, a la cara, necesitamos niños... ¡Quedamos como unos vampiros!”, vocifera el falso director.Lo que ocurre tras esas imágenes es un ‘mockumentary’, un falso documental de 28 minutos que, casi 38 años después, ya tiene su lugar asegurado en la historia del cine nacional: ‘Agarrando pueblo’. Mayolo lo llamó también ‘Los vampiros de la miseria’. Codirigido con Luis Ospina, Mayolo expresó en su momento que se trataba de un manifiesto de la ‘pornomiseria’, expresión acuñada por él; materia prima de la que estaban hechos trabajos como ‘Gamín’: “Filmaban a los pobres sin preguntarles nada, como si fueran un zoológico y después mandaban eso a Europa y se ganaban premios”, se quejaba Mayolo por esos años. Lo propio creía Luis, que había estudiado cine en la Universidad de California y que con Mayolo había hecho parte del Cine Club de Cali y la revista Ojo al Cine, dos espacios en los que se fundó el mito del Grupo de Cali, junto al escritor Andrés Caicedo. Juntos habían rodado otras cintas que hoy hacen parte de la memoria del Caliwood. Una de ellas ‘Oiga vea’, de 1971, en la que ambos comenzaron a dar muestras de su mordacidad y capacidad de innovación para abordar la realidad: en esa cinta retrataron la Cali ignorada por los Juegos Panamericanos; esa otra ciudad que no participó de la fiesta de escenarios deportivos, competencias, delegaciones internacionales; de esos aires de progreso de la nueva capital.Con ‘Agarrando pueblo’ el objetivo caminaba en esa misma dirección: Ospina y Mayolo, sin pertenecer a ninguna corriente política, sin caer en el panfleto, combinaron la sátira y la denuncia para dejar un mensaje contundente en contra de la utilización de la pobreza extrema como un producto rentable. Mientras planeaban cómo llevar a buen puerto ‘Agarrando pueblo’, los dos realizadores se acordaron de Luis Alfonso Londoño, el actor natural, trigueño, delgadísimo y de pelo desordenado, que justamente había sido el cómplice de ‘Oiga vea’, seis años atrás. “Cuando fueron a buscarlo, se dieron cuenta de que vivía en las mismas condiciones. En la misma pobreza. En el mismo rancho del barrio El Guabal, que en sus inicios fue una invasión”, recuerda Eduardo. Seguía siendo además el mismo hombre que se ganaba la vida como zapatero. Pronto, la dupla de realizadores intuyó que Luis Alfonso resultaba perfecto para el personaje principal que necesitaba el documental: el tipo que entra en escena sobre el minuto 21 para dar sentido a todo lo que hemos visto hasta entonces: —Con qué ‘agarrando pueblo’, ¿no? Solo vienen a filmar aquí para hacer reír a los que están por allá, lejos. —¡Corten!..Fue una película de denuncia, pero sobretodo una de amigos. Que ‘Agarrando pueblo’ fuera restaurada para preservarla como patrimonio fílmico del país solo tiene una razón, cree Ramiro Arbeláez: la vigencia que sigue conservando hoy a pesar de haber sido grabada hace casi cuatro décadas.“Te reías con ella en el 78, cuando fue estrenada, y te sigues riendo ahora si la vuelves a ver. Si somos críticos, uno diría que es una historia de ficción sobre dos realizadores que están rodando un documental.Pero siendo críticos también tenemos que decir que es una historia real, que maneja los códigos del documental pues pretende mostrar la realidad de cómo se manipulaban en esa época las imágenes sobre la pobreza”, asegura Ramiro, hoy director de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle.Es un producto del cine sobre el cine mismo, agrega enseguida. “Tiene de documental el manejo de la cámara en mano, torpe, tartamuda; la grabación en exteriores y el hecho de que quienes aparecen en pantalla no han memorizado textos. Entonces, a pesar de que el empaque es la ficción, la historia que muestra es cierta. Por eso es una apuesta muy inteligente de Mayolo y de Ospina”. El rodaje se tomó un mes. Eduardo Carvajal sigue recordando y dice ahora que las tomas se lograron no solo en el centro caleño, sino en algunas calles de Bogotá, en el rancho del propio Luis Alfonso, el zapatero, y en la casa paterna de Ospina en el barrio Versalles. A veces tenían cinta, a veces no. Y las grabaciones eran intermitentes pues las cámaras con las que trabajaban, una Boleex, suiza, y otra francesa, ambas de 16 milímetros, eran prestadas.Es que dinero no había. Entonces, como bien dice Ramiro, se acudió a los amigos. Amigos como Fabián Ramírez y Astrid Orozco, que en el documental interpretaron a la falsa familia que se presta para pasar por pobre y darle mayor dramatismo a la historia del inescrupuloso Alfredo García. Eran realmente dos artistas que trabajaban para el departamento de artesanías de Ciudad Solar, centro cultural y guarida permanente de los integrantes del Caliwood, que se alzaba en la Calle 6, entre carreras 5 y 6.La posproducción y edición se hizo en París; la lideró Luis Ospina. Y la primera vez que la película se mostró al público fue a los propios habitantes del Guabal, que durante varios días habían visto su barrio convertido en un set de grabación. Ramiro Arbeláez, que en el documental interpretó a un falso periodista, piensa ahora en el Mayolo director. “En eso era excepcional. Era, ante todo, un gran director de actores. Lo de ‘Agarrando pueblo’ fue mi primera vez como actor de cine porque hasta entonces solo había hecho teatro. Mayolo lo sabía. Entonces lo que hacía, lo que uno le veía hacer siempre, era actuar para el actor y, a partir de esa propuesta, uno la alimentaba, la pulía, la mejoraba”. Ospina recordó en una entrevista para El País que cuando ‘Agarrando pueblo’ fue proyectado en Colombia recibió muchas críticas. Que era un falso documental. Que era más una burla que una denuncia. Aún así, fue premiado como el Mejor cortometraje argumental en el III Festival de Cine del Instituto Colombiano de Cultura en 1978. Fuera del país también recibió aplausos. En el Festival Internacional de Cine de Lille, de ese mismo año, se quedó con el Premio Novais-Teixeira. En el Certamen Internacional de Cine Documental de Bilbao, España, obtuvo una mención especial y en el Festival Internacional de Cine de Oberhausen, de 1979, el Premio Interfilm.Luis Ospina cree que ya la historia se encargó de darle al documental el lugar que merecía: “Nos dijeron que la película no usa el cine como arma revolucionaria. Pero lo que muestra ‘Agarrando pueblo’ es que justamente el cine es un arma. Lo que Mayolo y yo hicimos fue una película sobre lo que conocemos: sobre el cine, sobre sus formas y sobre lo que significa develarlas y ponerlas en entredicho”.HOMENAJES A MAYOLOEn Ciudad de México, Cartagena y Bogotá hay actividades para rendir homenaje a la vida y obra de Carlos Mayolo, fallecido el 2 de febrero del 2007. El primero de ellos se realizó esta semana que terminó en el Festival Internacional de Cine de la Universidad Nacional Autónoma de México (Ficunam), donde se presentó el libro ‘Carlos Mayolo: un intenso cine de autor’. Del 11 al 17 de marzo, durante el Festival Internacional de Cine de Cartagena, se repasará su obra cinematográfica y se verá por primera vez la copia restaurada del documental ‘Agarrando pueblo’, que realizó junto a Luis Ospina. En Bogotá, la próxima edición del Cuaderno de Cine Colombiano, que edita la Cinemateca Distrital, estará dedicada a su obra. Los amantes del cine tienen además otra buena noticia: una selección de su trabajo será recopilada en una colección de DVD patrocinada por Proimágenes Colombia.

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