Reseña de cine: ¿y después del amor?

Diciembre 11, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez (Docente Universidad Autónoma) / Especial para Gaceta

La película francesa ‘Después del amor’ navega en las tensas aguas de la incertidumbre y la espera. Una pareja intenta poner punto final a su relación de quince años, pero no es tan sencillo cortar lazos cuando hay finanzas e hijas de por medio.

En una escena intima de cocina, la madre le confiesa a la hija que el secreto de la felicidad del matrimonio está en dejar de ver a la pareja como amante y  asumirlo como amigo.  Pero está fórmula mágica que hace mutar la pasión por amistad no parece tener ningún sentido para la hija, Marie, una mujer joven que lleva sobre sus hombros un divorcio en curso.  

La situación no podría ser peor:   su exmarido se niega a irse de la casa que comparten, por dos razones. La primera es que  no tiene un trabajo estable que le permita pagarse su propio lugar. La segunda y aún más relevante, es que no piensa salir con las manos vacías de ese divorcio.  Ella saca a la luz que es la que siempre ha puesto el dinero en esa sociedad; él, que con sus manos también construyó esa casa que parece ser su mejor  inversión.  Una discusión sin punto intermedio, ni siquiera por un momento. 

La película francesa que en su idioma lleva por nombre ‘La economía de la pareja’ y que llega al país como ‘Después del amor’ se basa en la historia de esta pareja, padres de unas gemelas y que, tras quince años de matrimonio, deciden separarse.  La producción dirigida por el belga Joachim Lafosse (‘Los caballeros blancos’ y ‘Perder la razón’) está protagonizada por  Bérénice Bejó (‘El artista’) y por el también director Cédric Kahn.

Desde su propuesta y su título esta película es clara.  A Lafosse no le interesa desviar la mirada hacia otros asuntos que no sean la tensión latente en la que vive esta pareja en torno a un divorcio que los dos reconocen como necesario, aunque no como deseado. 

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Pero no tienen opción.  Están condenados a compartir el mismo techo y a intentar guardar las apariencias por sus hijas.  Por eso director opta por el encierro y, así, la película ocurre toda al interior de la casa entre los personajes que entran, salen, cocinan, duermen y se bañan sin poder huir el uno del otro. 

Y en medio de esta cotidianidad surgen los encuentros con la madre de ella y los amigos mutuos que, sin querer ni tener por qué, se ven envueltos en la compleja situación de tomar partido por alguno de los dos bandos.   

Entonces las escenas largas de situaciones similares se repiten una y otra vez, con conversaciones que giran en torno a lo mismo.  Ella no se cansa de pedirle que se vaya y él, de responderle que no puede hacerlo, que no quiere.  Entonces el dinero emerge una y otra vez como el tema que más preocupa a esta pareja que a los ojos de muchos forma una hermosa familia.     La lucha no cesa cuando los sentimientos son una marea que va del odio a la nostalgia, de la indiferencia a la pasión, del olvido al volver a empezar.  

De eso va ‘Después del amor’, del aprendizaje muto, de la aceptación del cambio, de la mutación del amor.  Razón tenía la madre en aquello de dejar de ver al amado como el objeto de deseo y transformarlo en el amigo, pero ésta no es una fórmula que Marie y Boris puedan aplicar como pareja, sino como padres.  

Es una historia donde la vida les va demostrando que las decisiones no pueden ser solo de ellos y donde una canción alegre bailada por sus hijas surge como un bálsamo que cura las heridas, pero que también abre las puertas a la nostalgia.  

Esta no es una película a la que haya que pedirle más. Basta con sumergirse en la historia y disfrutar sus diálogos extensos pero bien construidos y una puesta en escena más parecida a la teatral, pero que es, a fin de cuentas, muy europea. 

‘Después del amor’ no es solo una película más sobre el divorcio porque, aunque tiene de esto, ahonda en la construcción de sus personajes y en el incómodo conflicto del dinero. 

Las hijas parecen ser un tema superado en esta película que, a diferencia de otras de temáticas similares, trata el conflicto de una manera muy distinta.  Imposible no pensar en la clásica ‘Kramer vs Kramer’ (1979), que mostró el drama de la custodia como consecuencia del divorcio. Pero nada es lo que parece y después de una exposición larga, la historia de la familia conformada por Boris y Marie se rompe por el punto más frágil: las hijas.   

Sencilla en su anécdota pero compleja en su naturaleza.  Una producción austera que centra su atención en el asunto y  retrata la vida con naturalidad.  Una historia que engancha y que  logra mantenernos inmersos en una atmósfera pesada, siempre en zozobra.  Una película bien actuada y en la que, sin duda, encontraremos un poco de nosotros.    

 

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