Rafael Ordóñez expone su obra en el Museo Rayo

Diciembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de GACETA
Rafael Ordóñez expone su obra en el Museo Rayo

Rafael Ordóñez, artista vallecaucano.

Hijo del Museo Rayo, este roldanillense regresa a casa para exponer su obra ‘Vértebra del desierto’ luego de ocho años radicado en Zacatecas, México, donde lo inspiró su paisaje.

¿Cómo es la región de Zacatecas, en México?Es una región ubicada al norte de ese país, un estado amplio geográficamente, caracterizado por ser semi desértico y cuya ciudad ha sido declarada patrimonio cultural de la humanidad. Es una ciudad que está hecha en piedra de cantera de color rojizo y rosado en varias gamas, entonces lo que domina su entorno y su paisaje son los colores de ese matiz. Para alguien que viene del verde vallecaucano ¿cómo fue la sensación de enfrentar ese paisaje?Ahora que regresé lo hice con un periodista de Zacatecas, que me dijo mientras viajábamos por tierra desde Bogotá a Roldanillo que le mareaba ver tantos tipos de verdes, porque allá hay algo de ese tono, pero es más tirando a amarillo. Esa misma impresión tuve yo pero a la inversa. Por un lado está el clima tan seco y por otro los tonos del paisaje, es algo que te agrede de inmediato no solo como percepción física, también espiritual, entonces resultó inevitable comenzar a abordar ese tema en mi pintura. ¿Pero cómo materializar esas impresiones?Los sentimientos y lo que uno percibe es algo abstracto. El paisaje es algo concreto, muy figurativo, pero en este caso no lo hago porque para mí de lo que se trata es de expresar sentimientos muy propios y por eso los represento de un modo abstracto. En cuanto a los colores, mi paleta se ha transformado. Antes eran muy vivos y de muchos tonos, ahora en esta serie ‘Vértebra del desierto’ dominan esos tonos rojos y rosas, también algunos verdes, pero que son muy secos y el azul que caracteriza el cielo zacatecano.¿Cómo ha sido el proceso de creación de las obras?Viajo con frecuencia a diversos lugares entre Monterrey y Zacatecas y hago fotografía. Pero no se trata de copiar lo que hay en las fotos, aunque me ha sorprendido cómo muchas de esas imágenes tienen esas formas abstractas y colores de mis cuadros.Y en Zacatecas, ¿qué opinan de la visión que hace de su paisaje?He realizado algunas exposiciones aunque con cuadros en formatos más pequeños a los que presento en Roldanillo. Hubo un reseña crítica de una escritora en la que hace una relación de mis cuadros con el poeta Ramón López Velarde, un zacatecano que hizo poesía de su tierra, aludiendo a esa relación con su cielo cruel y su tierra colorada.¿A qué obedece el nombre de la exposición? ‘Vertebra del desierto’ hace referencia a la tierra, al paisaje fragmentado y eso es lo que trato de nombrar en esta serie cuyos cuadros no llevan título sino que están cubiertos por ese sólo nombre.¿Hace bocetos para sus cuadros?Yo trabajo directamente sobre el lienzo. El punto de partida es algo accidentado. Luego hay un espacio en el que voy orientando el trabajo, para decidir por dónde continuar, qué ubicar allí o acá. Ya no hago bocetos, porque cuando los realizaba la mayoría terminaban en la basura. Entonces, prefiero lanzarme de una vez. O me salvo o me ahogo. Es más difícil hacerlo así, por eso lleva también más tiempo realizarlos porque hay que pensar bien en lo que se está haciendo. ¿Usted creció con el Museo Rayo cómo influyó esta institución en su vida profesional?He pensado mucho ese tema. A veces me pregunto si de no haber existido el Museo a lo mejor sería jardinero u otra cosa. Pero haber crecido junto a él me aportó para perseguir esos sueños que tenía de niño, porque siempre me gustó dibujar, amasar barro, crear con las manos. Como todo niño participé en el concurso de dibujo del Museo.¿Y cómo fue su relación con el maestro Ómar Rayo?En mis inicios sólo lo veía llegar a Roldanillo. Mi contacto inicial fue con el Museo a través de los talleres de formación que el maestro Rayo organizaba, trayendo diversos artistas. Luego de varios años, el acercamiento fue más directo cuando el maestro Rayo comenzó a organizar un grupo de artistas locales y allí sí empezamos a recibir su orientación.¿Cómo resume la experiencia que ha tenido estos ocho años en México y por fuera de Roldanillo? Ha sido un periodo de mucho aprendizaje, tanto como lo que viví durante mis años en los talleres del Museo Rayo. Ahora sigo aprendiendo, visitando museos, haciendo talleres, por que este es un arte que uno nunca termina de aprender.¿Cómo fue su camino hacia la abstracción?Mis primeros intentos en la pintura fueron a través del surrealismo. Pero con el tiempo me incliné a lo abstracto. Ha sido un camino recorrido; pienso que uno debe pasar por el dibujo, lo figurativo, para poder llegar a lo abstracto y entender qué está haciendo. No es algo que uno busque directamente sino que uno va llegando al lenguaje.

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