¿Quién mató a Federico García Lorca?, un crimen que 80 años después sigue lleno de incógnitas

Agosto 28, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Enrique Álvarez Qulequejeu / Especial para GACETA
¿Quién mató a Federico García Lorca?, un crimen que 80 años después sigue lleno de incógnitas

Federico García Lorca.

A propósito del reportaje publicado en GACETA el domingo pasado sobre la vida y obra del poeta español Federico García Lorca, un ávido lector de la revista aporta algunas otras luces de lo que fue su muerte.

Hace dos semanas, en esta revista dominical apareció un excelente escrito del periodista Santiago Cruz Hoyos titulado ‘La Huella de Lorca’ en el cual hace una biografía magnífica del poeta  y transcribe fragmentos de su obra.

También en estos días, una Juez Argentina está iniciando un juicio para aclarar algo más sobre la muerte del poeta.  Pasan 80 años y sigue vigente el tema.

Como quiera que los aspectos literarios, poéticos y biográficos de Federico fueron magníficamente descritos por Cruz Hoyos, consideramos no obstante que vale la pena aclarar algunos puntos de su escrito y que también sirven para ilustrar otro artículo publicado el año pasado en El País por el Dr. Oscar López Pulecio y que igualmente contiene algunos conceptos  y errores  sobre la muerte del poeta granadino.

Cuando estalla la guerra civil en España se desatan todos los odios, pasiones y rencores que había originado la Segunda República, y si bien antes del alzamiento ya se habían producido asesinatos de lado y lado, quemas de iglesias y toda clase de salvajes anárquicos crímenes, una vez que se produce el alzamiento se desata la violencia y caen víctimas del odio toda clase de ciudadanos sin distinción alguna de religión, partidismo político o clase económica.

A modo de ejemplo, solamente en el seno de la Iglesia católica, fueron asesinados 6.680 religiosos desde obispos hasta seminaristas, incluyendo entre estos últimos unos seminaristas colombianos hoy día beatificados por la Iglesia.

En el campo de los intelectuales, algunos, aún siendo republicanos, salvaron sus vidas exiliándose en las embajadas de Madrid o huyendo al extranjero.  

Fue así como Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala, Meléndez Pidal, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Azorín, Pío Baroja, y otros destacados escritores, no obstante su ideología y apoyo inicial a la República lograron vivir y morir tranquilamente en los años del franquismo.

A Federico García Lorca, ya para esa época poeta y dramaturgo de gran prestigio, lo sorprende el 18 de julio en Madrid, pero ya, con anterioridad, el día 11 manifestó a sus amigos, entre ellos al escritor falangista Agustín de Foxá, que pensaba irse a Granada.  Foxá le dijo: “Si quieres marcharte no vayas a Granada sino a Francia”.

Otros amigos quisieron disuadirle pero él les replicó “no soy enemigo de nadie” y una vez que se supo del asesinato del Senador monárquico Calvo Sotelo, comunicó a sus amigos “Estos campos se van a llenar de muertos. Me voy a Granada”.

Granada quedó en los primeros días casi aislada del resto de la zona nacionalista.  El inglés Hugh Thomas describe así los hechos de esa ciudad: “En Granada, terminó finalmente la indecisión el 20 de julio.  A medio día las calles estaban llenas de trabajadores que reclamaban armas, mientras los oficiales de las guarniciones seguían negándose a entregárselas a pesar de las órdenes del general Campins.  

[[nid:570643;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/08/p4gacetaagos28-16n1photo01.jpg;left;{A 80 años de su muerte, los restos de García Lorca no han sido exhumados. Especial para GACETA}]]El general Pozas telefoneo desde Madrid para pedir al gobernador civil que se empleara (desesperada y sangrienta resistencia) contra la menor manifestación de alzamiento militar, a la vez que este estaba siendo tramado por los coroneles Muñoz y León.  Campins, que, con mal acuerdo realizó una segunda visita al cuartel de Artillería, se oyó acusar de traidor por uno de sus propios capitanes.  

Con gran asombro se enteró de que todos los oficiales de la guarnición, la Guardia Civil y la Guardia de Asalto estaban del lado de los rebeldes. Quiso volverse para salir, pero ya tenía el camino cortado. Su ayudante le sugirió que firmase la declaración del estado de guerra, cosa que hizo después de que otra visita al cuartel de Infantería le hubo convencido de que también los oficiales de este último cuartel apoyaban la rebelión.

En este momento las tropas de la Guarnición de Granada recibieron la orden de lanzarse a la calle. Pero su jefe no era ya el general Campins que fue encarcelado, sino el coronel Muñoz.  La ciudad fue ocupada con extraordinaria facilidad.  La multitud, que se encontraba desarmada, se dispersó ante la llegada de los militares frente al ayuntamiento y el gobernador civil y sus ayudantes fueron detenidos sin resistencia. Solamente un soldado resultó muerto en esta conquista del centro de la ciudad.  Por la noche, solo resistía el barrio de obreros de Albaicín, situado bajo la Alhambra.  Este barrio no pudo ser reducido hasta el 24 de julio, y ello después de sufrir los obreros incontables bajas”.

Una versión sobre Trescastros Hay  versiones  que indican que  Trescastros sí participó en el fusilamiento de Lorca, según documentos oficiales. Una de ellas se puede ver en este enlace: www.eldiario.es/sociedad/documentos-prueban-asesinato-Lorca_0_380412999.html Por su parte, el biógrafo de Lorca,  Ian Gibson, ha explicado que: “Obviamente Franco no mató a Lorca personalmente, pero lo mató el nuevo régimen”.

En la zona republicana, y concretamente en Madrid, algunos escritores, biógrafos y dramaturgos fueron encarcelados y asesinados en sus primeros días por el solo hecho de no ser rabiosamente republicanos y no haberse podido pasar al bando contrario o huir a Francia.

Fue así como el gran filósofo e historiador Ramiro de Maeztu, el politólogo Víctor Pradera, el gran dramaturgo Muñoz Seca fueron, entre otros, pasados por las armas.

En los últimos años, se han escrito interesantes libros y artículos sobre los últimos días y verdugos del poeta, y aunque hasta el día de hoy no han sido exhumados sus restos, libros como el de Manuel Caballero Pérez y artículos como el publicado hace poco en la revista catalana e izquierdista ‘La Aventura de la Historia’ se hace un buen análisis  de la situación de Granada en esos días y ha  quedado plenamente aclarado quiénes fueron los autores intelectuales, inductores y materiales del crimen.

Los escritores granadinos Eduardo Molina Fajardo y Miguel Caballero han contribuido al esclarecimiento del crimen que 80 años después sigue rodeado de ciertas incógnitas.

Miguel Caballero, en su libro ‘Historia de una Familia. La verdad sobre el asesinato de García Lorca’, escrito en colaboración con Pilar Góngora, aclara la influencia que pudo tener en el asesinato del poeta las rivalidades entre grandes familias como los Roldán y los Alba, caciques políticos y económicos de la comarca, y unas de las familias rivales de los Lorca.

En otro artículo reciente de Miguel Caballero titulado ‘Las trece últimas horas de García Lorca’, también desvela y recompone el entramado de rencores parroquiales de interés que provocaron su detención y posterior asesinato.

Vale la pena aclarar aquí un punto del artículo de Santiago Cruz, pues Juan Luis Trescastros no fue uno de los ejecutores, sino uno de los que se presentaron en la casa del poeta Luis Rosales, falangista e íntimo amigo de Lorca y en cuya casa se había escondido. 

Entre el numeroso grupo de hombres que sacan a Lorca de la casa de los Rosales, figuraron el ya mencionado Juan Luis Trescastros, Ramón Luis Alonso, Federico Martín Lagos y otros, que fueron ordenados por el Teniente Coronel retirado de la Guardia Civil Nicolás Velasco, amigo y protector de la ya citada familia Roldán.

El mismo 16 de agosto lo trasladan a un recinto en el cercano municipio de Viznar y en la madrugada siguiente fue fusilado por un pelotón compuesto por un guardia civil, tres guardias de asalto y un Antonio Benavidez, primo lejano de los Lorca.  Otro concepto que vale la pena aclarar es atribuir al “Franquismo” el asesinato del poeta, error de multitud de escritores y de algunos libros como ‘Personajes Célebres de la Humanidad’ de Editorial Norma.

En los primeros meses de la Guerra Civil las provincias andaluzas sublevadas estaban bajo el precario mando del general republicano Gonzalo Queipo de Llano, quien se había alzado en Sevilla al grito de “viva la República”.

En otros frentes mandaban generales como Mola en Pamplona y Cabanellas en Zaragoza  y un sinnúmero  de coroneles como los que en ese momento dirigían las cuatro columnas convergentes sobre Madrid.

El “Franquismo” como tal solo se originó a partir del mes de octubre de 1936 cuando es proclamado Franco jefe único del movimiento.

Atribuir el crimen de Granada a un inexistente “Franquismo” en esos días es tergiversar parcialmente la historia.

Tampoco tiene credibilidad atribuir al Romancero Gitano de Federico García Lorca alguna forma de odio por parte de la guardia civil. Y si bien la homosexualidad del poeta era conocida en algunos círculos literarios de la Residencia de Estudiantes de Madrid, es poco probable que su militancia fuera conocida por quienes lo ejecutaron y desde luego que tampoco puede haber “incomodado” a generales sublevados en esos días.

Hechas estas pequeñas aclaraciones históricas vale la pena felicitar nuevamente a Santiago Cruz Hoyos por su artículo sobre un poeta cuyo asesinato hace 80 años aún lamentan los pueblos de habla hispana.

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