¿Quién es en realidad José Asunción Silva?

Noviembre 22, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Redacción GACETA.
¿Quién es en realidad José Asunción Silva?

Este 27 de noviembre se cumplen 150 años del natalicio del poeta. Reconstruir su historia no es sencillo. Las leyendas que lo describen como un hombre melancólico y suicida contrastan con las que lo retratan como un escritor de muy buen humor que murió asesinado.

Era la noche del lunes 20 de febrero de 2012. Por diferentes circunstancias, me encontraba en el Cementerio Central de Bogotá. Febrero es el mes de los periodistas, y a manera de homenaje el Instituto para la Economía Social había programado un recorrido nocturno para narrar las vidas de los reporteros que han sido sepultados en ese lugar: Rafael Pombo, Luis Carlos Galán, Alfonso López Michelsen, Enrique Olaya Herrera,  José Asunción Silva, entre muchos otros.

Era curioso que se le hiciera un homenaje a los periodistas justo en un cementerio, cuando hay quien afirma que el oficio, por lo menos el que se ejerce en la prensa escrita, está en riesgo de desaparecer. En fin. 

El recorrido se realizó a la luz de las antorchas que portaban los guías. El fuego, la noche, las sombras que se formaban al pasar por las criptas convertían a la caminata en una experiencia misteriosa. Como quien está a la expectativa de que en cualquier momento ocurra algo extraordinario.

Jesús David Pérez, uno de los guías (era curioso también que un hombre que se llamara Jesús se dedicara a caminar entre muertos) se detuvo frente a la tumba del caricaturista Ricardo Rendón. Según el relato de Jesús, Rendón dibujó un cráneo atravesado por una bala antes de dispararse en la boca. 

- Fue el segundo suicida que enterraron en el Cementerio Central. El primero fue el poeta  José Asunción Silva.

Ninguno de los que estábamos en el recorrido -  reporteros, estudiantes de literatura, fotógrafos, curiosos- levantó la mano para decir que aquello no era  cierto o que por lo menos, existe otra versión de los hechos. Todos seguimos de largo a la siguiente tumba creyendo que efectivamente Silva se había suicidado. Nuestras certezas pueden ser en realidad verdades a medias. O por lo menos valdría la pena revisarlas, darle una oportunidad a la duda.    

Según la leyenda, en la madrugada del 24 de mayo de 1896  José Asunción Silva se disparó en el corazón, donde poco antes se había hecho pintar una cruz por su médico, Juan Evangelista Manrique. En su cuarto, además,  se encontró un libro llamado ‘El triunfo de la muerte’. Tenía apenas 31 años, una barba tan tupida que le cubría su cuello y ya era considerado una celebridad.

II 

En el Fondo de Cultura Económica de Bogotá, la ciudad donde nació el poeta el 27 de noviembre de 1865,  está abierta  una exposición de arte que de alguna manera tiene que ver con él.  Se llama ‘Aumenta la luz y disminuye la sombra’ y su autor, el artista Ramiro Ramírez, dice que el título es un verso de José Asunción Silva, solo que él decidió invertirlo.

-   Esta exposición no es un homenaje al poeta como algunos periodistas han dicho, pero lo que sí es cierto es que José Asunción Silva ha sido el escritor  que más me influenció desde que dejé de ser un niño y me convertí en adolescente. Sentí que compartía con él ese sentimiento un poco trágico de la vida, pero a la vez romántico.  Ese  mundo extraño, nocturno, melancólico en donde se han perdido tantas cosas. José Asunción Silva,  a los 17 años, sentía las cosas así, hablaba como si hubiera vivido siglos, y eso lo comparto con él.

-   ¿Crees que se mató o que lo mataron? 

-   Yo creo que Silva le pidió a su médico que le dibujara el corazón y se mató, ¿no? No creo que haya sido de otra forma. Él se disparó por lo mismo que  VanGogh: la incapacidad de vivir en este mundo.

Quizá la manera más honesta de contar la historia  de un hombre de quien se han elaborado tantas versiones sea incluyendo cada punto de vista, cada leyenda. Porque, ¿quién podría jurar hoy, cuando se cumplen 150 años del nacimiento  del poeta, que tiene la razón? 

III 

En el teléfono está el novelista Ricardo Silva Romero. Con la historia de José Asunción tiene una relación cercana. El poeta, para empezar, es en su caso de esos familiares lejanos. Y en el colegio siempre era una referencia, lo mismo que en su casa.

-   Mi papá, Eduardo Silva, ha vivido fascinado con José Asunción Silva. Físicamente el papá de José Asunción, Ricardo,   se parece mucho al papá de mi papá y eso a él siempre le ha parecido un misterio. Con el poeta he tenido una  conexión muy cercana  a través de mi padre.

Ricardo escribió una novela sobre  la muerte de José Asunción, de hecho. Se llama ‘El libro de la envidia’. Allí dice algo de lo que está completamente seguro, pero que no podría comprobar en un estrado judicial y por ello recurrió a la ficción: al poeta lo mataron y el móvil fue la envidia.

-  La  de Enrique Santos Molano es justamente la gran biografía que hay sobre José Asunción Silva. No hay ninguna otra que se acerque a lo que Molano  hace: desmontar la caricatura que se ha enseñado por años, esa que indica que José Asunción  era un poeta taciturno, incomprendido, tristón, incestuoso, lleno de deudas, que se iba a pensar sobre la muerte en los cementerios, y en cambio lo convierte en lo que en realidad era él: un hombre muy político, consciente de su tiempo, gran lector, conocedor de varios idiomas, experto en la poesía de todos los tiempos y sobre todo, un tipo de muy buen humor y de un talento extraordinario. Lo que queda de su obra, sus poemas y el borrador de su novela ‘De sobremesa’, prueban un talento que fue muy reconocido en su tiempo.

- ¿Tenía  la fama que tiene hoy?

-  Silva era un poeta muy famoso, más en esa Bogotá de cien mil habitantes y en la que  los poetas eran  las estrellas pop de la época.  Los abordaban en las calles y cada nuevo poema de cada autor de estos (Julio Flórez, Silva, Pombo) era todo un acontecimiento. La gente se  sabía los versos de memoria. Así que Silva fue un poeta de  prestigio. Llegó a muchos países de habla hispana, incluso en vida.

- Y por eso le envidiaban…

-  Desde chiquito todo el mundo pensó que Silva era presumido, que se sentía superior, porque desde los dos años sabía varios idiomas, leía, hablaba perfecto, era un hombre extraordinario, muy inteligente, genio, que a la gente además le parecía bonito. Entonces sí,  fue muy envidiado. Y sus biógrafos inmediatos, la gente que contó su historia después de su muerte, fue precisamente gente que no era tan amiga de él. Y que empujaron la idea de que él era ese bobo que le pide a un médico que le pinte el corazón para dispararse. Y ese fue quizás  un segundo asesinato: descargarlo de su humor, de su humanidad, volverlo una figurita. En la poesía de Silva  hay mucho humor, mucho sonido, mucha música, algo que  han seguido otros escritores colombianos. No tuvo mucha prensa que lo retratara en su verdadera dimensión.

IV

Enrique Santos Molano, uno de los biógrafos de José Asunción Silva, ha estado por estos días en los que se cumplen los 150 años del natalicio del poeta dando conferencias y entrevistas. Su biografía, de casi 1000 páginas, está a punto de salir al mercado de nuevo. Molano la escribió pensando en entender por qué se había matado José Asunción, y lo que descubrió fue algo muy distinto.

-  No lo podría probar, pero él  habría sido  asesinado por falsificadores de papel moneda. Hernando Villa, quien fue cercano a  Silva, contó después de la muerte del poeta que él había sido el último que lo había visto con vida en su cuarto y el primero que lo vio muerto. Una afirmación muy sospechosa. Dos meses después de la muerte de José Asunción, Hernando es capturado en el río Magdalena con un cargamento de billetes falsos. Es posible que José Asunción le hubiera dicho al Presidente Miguel Antonio Caro, de quien era muy amigo, que estaban falsificando los billetes del Banco Nacional. Y tal vez a eso se deba  su muerte. Lo mataron para que no siguiera hablando.

A Molano, como al novelista Ricardo Silva, le parece además muysospechosa la manera como fue encontrado el poeta tras su presunto suicidio: acostado perfectamente, como posando para un oleo, con la mitad de la ropa puesta y la otra mitad sin manchas de sangre, con un revólver en la mano como si alguien lo hubiera puesto y un disparo a la madrugada que extrañamente nadie escuchó en esa Bogotá solitaria , silenciosa, fría.

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