¿Quién asumió las riendas de la mítica agencia literaria de las obras de Gabo?

Noviembre 05, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros l Reportera de El País
¿Quién asumió las riendas de la mítica agencia literaria de las obras de Gabo?

La agente literaria Carmen Balcells era poco dada a figurar. La vida pública era para sus escritores, la suya estaba en los manuscritos de sus protegidos

Además de Gabo, la agencia también maneja obra literaria de Vargas Llosa, Cortázar y más. Conozca quién está detrás de las obras luego de la muerte de Carmen Balcells.

Lo iba a ser fácil. Luis Miguel Palomares lo sabía. La empresa de la que comenzaba a asumir las riendas era nada menos que la agencia literaria más importante de las letras hispanas. Cuna y hogar del ‘Boom’ latinoamericano. El lugar que fundara en Barcelona su madre —Carmen Balcells— sin la cual no es posible entender el milagro de una pléyade de escritores que se dedicó a retratar a un continente a través de sus historias. Luis Miguel Palomares, el hijo —el nuevo agente literario— intuyó a tiempo que nadie mejor que él podía emprender la misión de conservar ese legado, pese a los rumores insistentes que sugerían que la agencia cerraría sus puertas ante la amenaza del libro digital y de autores universales pretendidos por otras firmas que parecían ofrecer mejores condiciones para ellos.  Carmen Balcells, confiesa su hijo, supo embestir la realidad de esos nuevos tiempos y hasta el último día de sus 84 años trabajó para que los autores que ella se encargó de descubrir permanecieran en sus filas. A veces perdía, claro: en 2008  dos de ellos, las obras de Guillermo Cabrera Infante y Roberto Bolaño terminaron en manos de otros editores.  Fue por eso que Luis Miguel se hizo cargo de la Agencia que vio la luz en 1955 la misma semana en que falleció su creadora, el pasado 22 de septiembre. Él era apenas un niño cuando comenzaron a pasar por su casa de Barcelona las carcajadas de Vargas Llosa, las eternas pláticas de Gabo, las veladas en las que Neruda narraba sus viajes por el mundo. Tipos que iban dejando regados por ahí libros que él luego leía más por curiosidad que porque se tratara del negocio que daba de comer a la familia.   Hacía ya mucho rato que Carmen andaba tras la pista de las mejores  plumas de América Latina. Que leía en compañía de su esposo, Luis Palomares, durante las madrugadas, los cuentos de un novel autor de un pueblo perdido del Caribe. “Eran Los Funerales de la Mamá Grande y ella los leyó fascinada. Yo la escuchaba hablar en casa sobre Gabo,  Fuentes, Cela,  Neruda y Asturias, pero en ese momento no entendía el poder de esos mundos mágicos”, dice Luis Miguel. Solo callaba y observaba discretamente cómo su mamá se las ingeniaba para fichar a desconocidos escritores sobre los que decía tener un pálpito certero. Fue así, por ejemplo, cómo llegaría hasta Mario Vargas Llosa después de haber leído un par de libros suyos. “Se fue a buscarlo hasta Londres para ofrecerle, de su propio bolsillo, los 500 dólares que él decía necesitar mensualmente para dedicarse tan solo a escribir y a acabar una novela, ‘Conversación en la catedral’, que resultó una de sus obras fundamentales”. Con Gabo escribió un capítulo parecido. Enterada de la necesidad de que el hijo del telegrafista llevara sus libros al inglés, viajó hasta Estados Unidos para conseguir un contrato de US$1000 con la agencia Harper & Row. “Ese era su estilo, era una agente literaria arriesgada y con un olfato que pocas veces le falló”. Junto al escritor peruano y a los demás autores de su imperio literario, Balcells asumió la misma lucha: crear mejores condiciones para que  enfrentaran dignamente su oficio. Nada de contratos vitalicios y otras tiranías. “Creó cláusulas de cesión por tiempo limitado de derechos y los dividió a partir de derechos electrónicos o por adaptaciones al cine, al teatro o televisión. Los editores la temían, fue una pionera en el negocio”, reconoce el hijo. Luis Miguel recuerda cómo a veces también él mismo la llevaba en el carro modelo SAAB 900 de la familia hasta las ferias literarias que se hacían por Europa. Y cómo la habitación de hotel que compartían acababa convertida en un centro de negocios en el que la agente luchaba por lograr las mejores condiciones para sus autores.  Otras veces, sus gestiones iban más allá de lo literario. Gracias a ella  conseguían “hojas para que escribieran, colegio para los hijos y hasta fiestas de aniversario que ellos, sumergidos en sus necesidades literarias, no tenían tiempo de planear. Otras veces les buscaba médicos especialistas o les conseguía préstamos  comprarse una casa. Todo con tal que de no descuidaran su trabajo, pero no perdieran a sus familias. Era una verdadera Mamá Grande, aunque ella no disfrutara mucho de que la llamaran así”. Todo aquello lo consignaba en los únicos libros que su hijo cree que escribió Balcells: decenas de cuadernos de hojas amarillas y cuadriculadas en las que registraba cada detalle de sus escritores.Sus secretos, cree Luis Miguel, debió haberlos escrito es un perdido recodo del corazón: “Por eso ella solía decir ‘valgo más por lo que callo que por lo que digo’”. 

Luis Miguel Palomares estudió fotografía, pero se formó como agente literario al lado de su madre.   Sin embargo,  estuvo muchos años alejado de la Agencia Literaria Balcells. En los últimos años, dados los quebrantos de salud de Carmen, quien estuvo al frente fue Guillem d’Efak Fullana-Ferré, de quien ella decía sería su “sucesor”. En el tiempo que lleva al frente de la agencia firmó los derechos de la obra de Gabo para Mongolia.

 

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