¿Que pasó en 1971 en Cali que cambió la historia de la ciudad para siempre?

Julio 16, 2017 - 08:12 a.m. Por:
Yefferson Ospina / Periodista de Gaceta
La tertulia

Foto icónica de la exposición 'Cali / 71 Ciudad de América'. La fotografía original expuesta en el Museo es de Eduardo 'La Rata' Carvajal. 

Jorge Orozco / El País


Año 1971. La Segunda Guerra Mundial llegó a término 26 años atrás y el mundo vive otra, soterrada, trémula, un enfrentamiento por el dominio del sistema de pensamiento mundial que en cualquier momento puede despeñarse en el abismo: la Guerra Fría.

En Colombia la Violencia partidista de los años 50 se ha transformado en una lucha entre las fuerzas del Estado y varios grupos guerrilleros de origen comunista.

Francia ha vivido el Mayo del 68 y, mientras Cuba pretende ser la materialización de la utopía socialista, Estados Unidos hace la guerra del Vietnam.  Cali es una pequeña ciudad que se encuentra en un límite: ha engendrado a quien será uno de los escritores más importantes de la literatura colombiana, Andrés Caicedo; es la casa de una de las compañías teatrales más importantes del mundo, el TEC; es ahora la meca nacional del cine con Luis Ospina, Carlos Mayolo, Ramiro Arbeláez y todo el Grupo de Cali.

Es, también, una ciudad de profundas contradicciones: todo aquella ebullición artística tiene lugar a la par que la urbe empieza a poblarse por desplazados que vienen del Cauca o la Costa Pacífica, huyendo de la violencia y trayendo consigo la paradoja de su pobreza evidente y de la riqueza cultural de su música, de sus saberes, de las cosmogonías que habrán de transformar la ciudad.

Es 1971. En julio de ese año se iniciarán los Juegos Panamericanos y la Bienal Internacional de Artes Gráficas. Durante los últimos diez años, Cali y el país entero han decidido hacer de esta ciudad algo que llaman “una urbe moderna”, el escenario que será epicentro por varios días del deporte y el arte de todo el continente americano.

¿Cómo fueron aquellas convulsiones que dieron forma a parte de lo que hoy somos? ¿Cómo se vivió en las calles aquella suerte de revolución que tuvo lugar en ese año?

Ciudad renovada
Recorro junto a Alejandro Martín el Museo La Tertulia que alberga una exposición sobre la memoria de la ciudad en aquel año. Se llama ‘Cali 71, Ciudad de América’ y es una brillante reconstrucción de los acontecimientos, las contradicciones y los estremecimientos sociales que definieron esa época.

Martín –quien junto a Katia González es el curador de la exposición– trata de sintetizarlo: “Antes de 1971 Cali era una ciudad pequeña, con pretensiones de modernidad, que atraía a extranjeros por su cercanía con el Puerto y que estaba viviendo unos procesos culturales muy fuertes que se iniciaron en el año 1956, cuando se abre el Club Cultural La Tertulia. El año 71 significó el clímax de todos esos procesos y el salto de Cali hacia una ciudad moderna”.

Fue, en lo que tenía que ver con el diseño y la construcción de una ciudad renovada, el plan más ambicioso de desarrollo urbano y arquitectónico que haya tenido lugar en la historia de Cali.

Los VI Juegos Panamericanos, continúa Martín, constituyeron el motor que aceleró la ejecución de un conjunto de obras estipuladas en el Plan Piloto de 1950, entre las que se destacaba una nueve sede para la Universidad del Valle, que sería una enorme ciudadela universitaria en la que se albergarían los deportistas participantes de los Juegos y luego ocuparían las residencias estudiantiles. Por otro lado estaba la construcción del Aeropuerto, que inicialmente se llamó ‘Palmaseca’, y de la Terminal de Transporte, que se convirtió en la primera en todo el país y en el primer edificio con escaleras eléctricas en la ciudad.

Estas obras emblemáticas, sumadas a la construcción de los escenarios deportivos ubicados entre las calles 9 y Autopista con carreras 39 y 34, y el gran Coliseo del Pueblo –cuyo diseño oval y techo elíptico constituyeron un reto de ingeniería para la época– se vieron acompañadas de una especie de ‘boom’ de la construcción de viviendas con proyectos como la Unidad Residencial Santiago de Cali, ubicada en la Calle 5 frente a Cosmocentro; la mejora y la construcción de varias avenidas y los proyectos para hotelería y turismo que la inversión privada empezó a desarrollar.

“El Gobierno Nacional, el departamental y el local, se encaminaron a la ejecución de las obras para los Juegos del 71, apoyados por la burguesía local, sobre todo por hombres como Alfonso Bonilla Aragón y por grandes personalidades de la cultura y la política del momento. En gran medida, la Cali del 71 es un proyecto de la burguesía caleña y de una clase media que viene surgiendo y que busca que la ciudad no solo tenga una infraestructura diferente, sino que fortalezca espacios para el arte y la cultura. Un proyecto que busca cambiar a la Cali que nos dejó el año de 1956, con la explosión de los camiones de dinamita en el barrio San Nicolás”, dice Martín.

Ciudad trastornada
Aquel proyecto de renovación, enmarcado en el contexto del surgimiento de movilizaciones obreras y estudiantiles y de los éxodos de campesinos que empezaron a poblar el oriente de la ciudad, entró en contradicciones con la otra realidad convulsa de una Cali que, además, no era ajena a la lucha ideológica de las orillas soviética y norteamericana.

Colombia, como todos los países latinoamericanos, recibía el influjo de los dos actores de la Guerra Fría: la Unión Soviética enviaba reclutadores y formadores, y los EE. UU., inyectaban dinero a los gobiernos y apoyaban proyectos de desarrollo estructural y económico.
“Cali vive esa confrontación. De hecho, la nueva sede de la Universidad del Valle se construye con parte del dinero que EE. UU. entrega al Gobierno Nacional. No es gratuito que allí se ubiquen las ingenierías, teniendo en cuenta que EE. UU. buscaba fortalecer su modelo de desarrollo industrial y las empresas que empezaban a surgir en Cali requerían ingenieros”, comenta Martín.

Por otra parte, el influjo de la Unión Soviética y el comunismo estaba presente a través de los grupos guerrilleros y del Partido Comunista, y las manifestaciones del Mayo del 68 en Francia resonaban en toda Latinoamérica con el levantamiento de protestas estudiantiles y obreras que, al menos en Cali, entraban en contradicción directa con los proyectos del 71.

“En Berkeley, Nanterre, Ciudad de México, Bogotá, Cali, entre otras ciudades, emergían movilizaciones que terminaban en revueltas reprimidas por la Fuerza Pública. En Cali los corteros de caña se estaban movilizando y realizando paros, y ciertos sectores sentían el descontento de ver toda la inversión que se realizaba para los Juegos Panamericanos mientras la pobreza seguía creciendo en el oriente de la ciudad.

Y por supuesto, los estudiantes de la Universidad del Valle no estaban satisfechos con el hecho de que se invirtieran recursos de la Fundación Rockefeller o del Banco Interamericano de Desarrollo en la universidad. Todo eso se entendía como propaganda estadounidense dentro de la Guerra Fría”, continúa Martín. Cali, aquel año, habría de ser también el escenario de algunas de las más fuertes represiones de la Fuerza Pública contra las manifestaciones estudiantiles y sociales.

La tertulia

Alejandro Martín, quien junto a Katia González realizó la curaduría de la exposición ‘Cali /71 Ciudad de América’.

Jorge Orozco / El País

La ciudad y el país entero viven una ebullición de inconformidad y protestas. El 24 de enero del 71 el magisterio vallecaucano inicia un paro que es declarado ilegal por el Ministerio de Educación.

El paro decanta hacia manifestaciones constantes, muchas de las cuales terminan en enfrentamientos con la Policía.

Los estudiantes del Santa Librada también llaman a paro por los problemas económicos del colegio. El 7 de febrero la Unión de Trabajadores de Colombia, UTC, llama a paro y el ministro de Trabajo, Jorge Mario Eastman, califica el llamamiento como un acto de subversión.

El 8 de febrero hay huelgas en la Universidad del Valle y el 11 se enfrentan estudiantes con policías en la Plazoleta San Francisco. Durante todo el mes las protestas de diferentes sectores sociales son cada vez más fuertes y el Gobierno Nacional siente la presión de los delegados para los Juegos Panamericanos que exigen controlar la seguridad.

Ahora es 25 de febrero de aquel 1971.
Centenares de estudiantes de la Universidad del Valle se toman pacíficamente la Plaza de Caycedo. Se denomina la ‘Toma sin bolillo’ y, además de los estudiantes, se presenta el Teatro Experimental de Cali, dirigido por Enrique Buenaventura, hay recitales, canciones y una exposición móvil con recortes que denuncian la gestión del entonces rector Alfonso Ocampo Londoño.

El propio Buenaventura lanza un discurso contra la “dominación yanqui” y al día siguiente, el 26 de febrero, los estudiantes se toman la rectoría de la universidad. La crisis está por estallar.

La Fuerza Pública ocupa la universidad y, en medio de la confusión y los enfrentamientos con los estudiantes, es asesinado por disparos del Ejército el estudiante Édgar Mejía. Aquella muerte desata una serie de revueltas en barrios populares de la ciudad que son reprimidas por las fuerzas del Estado y que terminan, según los registros de la prensa, con un total de 8 muertos y 47 heridos, a pesar de que en un texto posterior de Enrique Buenaventura se señala que el total de los asesinados son cuatro estudiantes y quince otras personas que hicieron parte de las revueltas.

“Al día siguiente, el 27 de febrero, la ciudad completa amanece militarizada y el presidente Misael Pastrana decreta el Estado de Sitio en todo el país. Por supuesto, lo hace porque Cali está ‘ad portas’ de la inauguración de los Juegos y estas protestas estaban poniendo un manto oscuro sobre la ciudad. Así que debían reprimirlas a como diera lugar”, afirma Martín.

Ciudad rebelde
Recorro la exposición junto al guía David Díaz. Hay una proyección constante del documental ‘Oiga, Vea’, realizado por Carlos Mayolo y Luis Ospina, que muestra cómo viven -o no viven- los Juegos Panamericanos las clases bajas de la ciudad.

Hay varias obras de Éver Astudillo, fotografías de Fernell Franco, otra proyección del documental ‘Planas, testimonio de un etnocidio’, en el que la cineasta Marta Rodríguez denuncia la masacre de una comunidad indígena en los Llanos Orientales para favorecer proyectos petrolíferos.
Hay grabados de Pedro Alcántara y otra serie de obras gráficas que hicieron parte de la Bienal de Artes Gráficas, realizada ese mismo año.
En un país debatido entre el discurso progresista, los métodos represivos, la disputa de la Guerra Fría y los efectos de su conflicto interno, el arte se convierte en una de las voces más potentes para confrontar la realidad.

En la ciudad, aquel mismo año nace el colectivo 'Ciudad Solar', que reúne en una casa del centro histórico de Cali a pintores, cineastas, literatos, fotógrafos, con el único objeto de pensar aquello que ocurría en las calles y sintetizarlo en una obra para la posteridad.

Maritza Uribe de Urdinola, fundadora del Museo La Tertulia, lo concluye en una columna de opinión: “El hecho real y evidente, a propósito de esta Bienal, es que la denuncia política fue la predilecta en la mayoría de la obra de los colombianos y de los latinoamericanos”. Aquella fue otra herencia del 71, la convicción de que siempre podrá quedarnos el arte cuando la opresión llegue.

***
Le pregunto a Alejandro Martín sobre lo que pasó después del 71. Alejandro se toma la barba, reflexiona por un momento y responde: “Creo que con el narcotráfico de los 90 gran parte de lo que se logró en el 71 se vino al suelo. Creo que el narcotráfico cambió la lógica del ascenso social: ya no se trataba de hacer parte de una clase media y estudiar duro y trabajar, sino que ahora estaba la posibilidad de hacer dinero de un mes para otro. Eso fue realmente desastroso para la psiquis de la ciudad y con ello Cali empezó a perder mucho. Creo que de ahí se desprenden muchas cosas: Cali dejó de tener una lógica de planeación de la ciudad, de desarrollo urbanístico. Pero, sobre todo, con la crisis de principios de este siglo luego de que el dinero del narcotráfico dejó de fluir, los caleños empezamos a sufrir una especie de falta de autoestima. Creo que debemos mejorar eso, creo que Cali debe volver a tener ambición, a pensar en grande, a pensarse como una ciudad moderna, cosmopolita”, concluye.

Quizá, a pensarse de nuevo como una ‘Ciudad de América’.

 

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