“Que nombren al Chamán ministro de Medio Ambiente”: Guillermo Angulo

Enero 22, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal / El País
“Que nombren al Chamán ministro de Medio Ambiente”: Guillermo Angulo

Guillermo Angulo, maestro colombiano, escritor, fotógrafo, cineasta, documentalista, viajero, periodista y orquideólogo.

El maestro Guillermo Angulo en entrevista con Margarita Vidal, hizo un viaje por su vida y bajo su buen sentido del humor pidió que nombren ministro de Medio Ambiente al Chamán que fue noticia toda la semana, por sus actuaciones en el Mundial Sub 20 y la posesión del presidente Juan Manuel Santos.

Escritor, fotógrafo, cineasta, documentalista, viajero, periodista, orquideólogo furibundo, amigo de políticos e intelectuales, repentista y mamagallista insigne, el maestro Guillermo Angulo es un optimista irremediable. A tal punto que cuando fue secuestrado por la guerrilla en su finca de Choachí, en Cundinamarca, bautizada con su característica gracia como Orquidiócesis de Tegualda, no se arredró y durante seis meses caminó parte de la geografía nacional sembrando coloridos jardines de orquídeas salvajes, allí donde le daban un respirito.Angulo conservó la calma durante el secuestro y después. Sus amigos sostienen que en su caso el Síndrome de Estocolmo ocurrió al revés: sus secuestradores se enamoraron de él y lo trataron a cuerpo de rey. (Rey de la selva -se entiende- pero, al final de cuentas, rey).Entrevistar a Angulo es una fiesta. Están invitados..Pequeños pueblos son cuna de grandes personajes: Belisario, de Amagá, Betancur; Manzur, de Neira; Otto Morales, de Riosucio; Gabo, de Aracataca; usted, de Anorí.La única persona realmente importante que ha dado Anorí es el pintor Pedro Nel Gómez. Estaba casado con una florentina, como yo.Un día Bernardo Ramírez (ministro de comunicaciones de Belisario) me llamó para decirme con voz condolida: “Ustedes, nacidos en pueblos tan perdidos como Anorí y Amagá me dan mucha lástima”. Yo le contesté: y ¿con qué autoridad me dice eso si usted es de una ciudad intermedia como Pereira, que no es nada?. ¿Cómo que no es nada?, ripostó. Sí, un pueblo es un pueblo y una ciudad es una ciudad, pero ciudad-intermedia no es ni chicha, ni limoná. Se batió en retirada y me dijo: pues abra el libro que le mandé en la página 29 para que lea la historia de Anorí y colgó indignado. Abrí el libro y decía: “Anorí: su nombre se deriva del cacique Norí cuyas hazañas se desconocen por completo”. Risa. ¿Qué hacía su padre? Tenía un trabajo muy raro: era alcalde liberal de profesión. Fue alcalde de Sonsón, de Santa Rosa de Osos, de Andes…y por eso yo me eduqué en un sinfín de colegios. Mi papá sólo dijo dos malas palabras en toda su vida: una vez, porque a los muebles Toné de tanto desarmarlos y armarlos ya no le funcionaban los tornillos: “Hasta cuándo, ¡carajo!”. Y otra vez, para referirse a un tipo muy bruto, dijo que era un “pendolo”.Una hazaña en un país de gente malhablada. Aquí somos campeones es en eufemismos. O si no, ¿Cómo le parece llamar ‘falsos positivos’ a lo que en realidad es un crimen de Estado? Para ponerle otro ejemplo, en España las mujeres tienen tetas y culo. En Colombia no; vinieron a tener tetas porque eso llevaba al ‘paraíso’. Pero culo todavía no tienen. Risa. Otro: Uribe nos hizo creer que había acabado con las autodefensas; no, sólo, con ayuda de los militares, a quienes no les gustaba aquello de paramilitares, las pusieron Bacrim. El mismo perro con distinta guasca. A propósito, y para guardar equidad de género, cómo era Herminia, su mamá? Se distinguía por el sentido del humor y porque no le importaba absolutamente nada. Una vez me la encontré en una cantina de putas en Guayaquil, zona caliente de Medellín, sentada en un butaco, sin zapatos y aireándose los pies, y le dije: “¡Miña!”, qué está haciendo aquí? Ay mijo!, venía cansada de caminar, ví este sitio atendido por estas señoritas encantadoras y entré a tomarme una Freskola. Risa.Era muy divertida. Una vez le preguntó a un señor que llegó de visita: Alirio, ¿vos por qué no trajiste a tu mamá? Es que ella no está saliendo, contestó. Mi madre tuvo la impresión de que se había roto un pie y como nuestra casa tenía muchas escaleras, le dijo: Ay! nosotros la hubiéramos subido entre todos. No, es que ella, ni siquiera cargada. Mi mamá insistió: Le hubiera hecho unas empanaditas que le gustan tanto. No, no está comiendo nada, doña Herminia. ¿Entonces, qué es lo que pasa con tu mamá? Vea, doña Herminia, ella se murió hace seis meses y usted ni siquiera nos dio el pésame! ¿Cómo logró irse a estudiar y trabajar a México? A mí me interesaba la pintura, ver a los grandes muralistas y me fui por entre las tiendas, parando en Panamá, Costa Rica, Guatemala. México me deslumbró. Allí viví cinco años y yo digo que es mi país porque allí me formé intelectualmente. Es un país extraordinario o, mejor, muchos países y uno no sabe cómo logran una cohesión tan importante de países tan distintos: la parte Maya, la parte norte que es casi Estados Unidos, y la parte central que es lo que para nosotros es propiamente México. Luego se fue a estudiar cine a Italia Sí, porque yo tenía un hermano que murió muy joven, pero que era lo que en México llaman 'riquillo'. Allá la diferencia entre rico y ‘más o menos acomodado’ es el riquillo. Me preguntó qué quería hacer y yo le dije que estudiar cine y entonces me fui a Europa.Debió conocer personajes muy interesantes, ¿por ejemplo? Cesare Zavattini a quien le decíamos Za, como a él le gustaba. Me lo había presentado en México el escultor Rodrigo Arenas Betancur. Fui a visitarlo en Roma y nos hicimos muy amigos. Era el gran guionista del neo-realismo: Ladrón de Bicicletas, Humberto D, Milagro en Milán y otras. Muy amigo de Vittorio De Sica que venía de la frivolidad porque hacía unas películas apodadas teléfonos blancos, una manera de sacarle el cuerpo a la política en la era fascista.Un día me atreví a preguntarle cómo, él tan profundo, podía ser tan amigo de De Sica y me contestó: De Sica y yo somos como el café y la leche: completamente distintos, pero juntos hacen un delicioso café con leche. Risa.Entiendo que Za también fue maestro de García Márquez, quien lo ha citado en La Santa, uno de los Doce Cuentos Peregrinos. Sí, ‘Gabo’ me llamó un día para preguntarme cómo se llamaba la calle de Roma donde vivía el maestro y ahí mismo le contesté: Angela Merici 48. ‘Gabo’ escribió que Cesare Zavattini era uno de los grandes de la historia del cine, que trataba de enseñarnos no sólo el oficio, sino una manera de ver la vida. ¿Dónde estudió? En el Centro Sperimentale Di Cinematografia di Roma, donde había estudiado Antonioni y tenía compañeros que después fueron muy importantes como Néstor Almendros, el gran director catalán de fotografía que luego se convirtió en el director preferido de Truffaut y se gano un Oscar con Days of Heaven. Manuel Puig estudió fotografía y se volvió novelista: El Beso de la Mujer Araña que luego se llevó al cine. También fue compañero mío Luciano Tovoli, un toscano que hizo varias películas con Antonioni y participó en una de las películas más complicadas que yo he visto en términos de iluminación y de todo en general, que se llama Titus, una super producción gigantesca. ¿Qué hacía Arturo Zavattini, hijo de su maestro? Era operador de cámara del famoso director de fotografía Otello Martelli y juntos habían fotografiado, entre otras varias películas, una inolvidable para quien la vio: La Dolce Vita de Fellini. ¿Conoció a Gabo en Roma? No. Yo fui a buscarlo según las indicaciones que me había dado: “si no me encuentras en Cinecittá, ve a la Plaza Italia número 2, ahí subes al segundo piso donde hay un solo apartamento. Tocas el timbre. Va a salir una señora con una toalla en la cabeza, cantando ópera. Preguntas por Birri, un director argentino, y él va a saber dónde estoy yo.” Llego, toco el timbre, sale la señora cantando La Donna e Mobile, yo me muero de la risa y la señora se pone muy molesta. Le pregunto por Birri y ella me dice: Ese sí es un tipo bien educado -primer vainazo- pero ya se fue. ¿Y Gabriel García Márquez?, le digo tímidamente. Me contesta: ¿Y quién carajo conoce a García Márquez?, en italiano. No nos pudimos ver porque ‘Gabo’ se fue a París. ¿’Gabo’ realmente estudió cine? Un día me dijo: “lo único que he estudiado es cine y nunca he hecho una buena película”. Lo que pasa con él es muy simple: su literatura es tan literaria que no es posible llevarla al cine. Todo lo de ‘Gabo’ es así, tan bellamente literario que pone a bullir la imaginación y ésa no tiene rivales. Pero lo más bonito es que Rodrigo García Barcha, su hijo, es un gran director de cine y, óigame esta predicción -que es muy fácil: va a ser la primera vez que en una familia haya un Nobel y un Oscar. Rodrigo es excelente. No tiene nada que ver con ‘Gabo’ porque su personalidad es como la de un sueco, un sueco que conoce mucho a las mujeres. Él es mi maestro de mejicano. Por ejemplo, cuando hay una cosa que ya no se puede detener me dice: ¡Encaminado el peine, chingue a su madre el piojo!. Risa. Que bien traducido significa: ‘eso no tiene reversa’. ¿Cuál fue su primer contacto con García Márquez? Él publicó fotos que yo hice en una Semana Santa en Xochimilco. Las publicaron con textos suyos en El Espectador y como ‘Gabo’ ha sido siempre mentiroso, escribió: “Colombiano hace cine neo-realista en México”. Y hablando de mentiroso, ‘Gabo’ me contó que una vez la Gaba estaba peleando con él y lo recriminaba: “porque tú eres un mentiroso!, se detuvo un momento y añadió: y además, vives de eso!”. Risa. Un día le pregunté por el episodio a la Gaba y muy olímpica me dijo: Gabito y yo nunca hemos peleado. ¿Cómo se encontraron después en París? Cuando yo llegué a París él me había dejado razón de que se había ido con Plinio Mendoza a visitar los países socialistas .Yo llegué al Hotel de Flandre, donde él vivía y pedí el cuarto más barato. Era en el último piso y yo estaba trabajando allí un día cuando, de pronto, se abre la puerta y entra ‘Gabo’ como un huracán: Ajá maestrico, ¿usted qué está haciendo en mi cuarto? Desde allí nos volvimos amiguísimos. En esa época en París había un grupo de colombianos que luego fueron importantes en diferentes disciplinas. Sí, tanto en Italia como en París, a finales de los años 50, estaba reunido lo que yo llamo la ‘intelligentzia’ colombiana: en Florencia estudiaban Fernando Botero y Enrique Grau, en Roma Eduardo Mendoza Varela y en París Plinio Mendoza, García Márquez, y tres arquitectos: Hernán Vieco, Germán Samper y Rogelio Salmona, a quien le decíamos le petit Salmoná, a la francesa. Todos leíamos en ese entonces Cahiers du Cinemá, de quienes en ese entonces eran críticos como Truffaut, Rohmer y Godard, que más tarde fueron grandes directores de cine. ¿La pobreza legendaria de Gabo en esa época era tanta? Le ilustro con esta anécdota: Él me había mandado parte de El Coronel con una amiga que se llamaba 'La Pupa', que en italiano quiere decir muñeca, no lo que parece, pero 'La Pupa' sí era pupísima…Risa. Nieta de un ex presidente de Costa Rica, era tan descarada, que la mandaron de Primera Secretaria de la Embajada de Costa Rica en Roma, pero ella despachaba en París. Iba a Roma sólo a cobrar el sueldo. A Gabo un día le llegó una tarjeta muy gruesa con un dibujo de palmeras remitida por Alejandro Obregón y el 'Nene' Cepeda en la que le decían: “Marica! tú allá aguantando frío y nosotros aquí metiendo ron con unas viejas buenísimas y en el calorcito de Barranquilla”. Furioso, ‘Gabo’, que estaba muerto de hambre, botó esa vaina a la basura. Dos horas después le llega una carta express donde le advierten que la tarjeta anterior era un sánduche y que adentro iba un billete de cien dólares. Corrió desesperado a buscar entre la basura del edificio y lo encontró. Era sábado, el hambre acosaba y no tenía como cambiarlo por francos. Alguien le dijo que 'La Pupa' acababa de llegar de Roma de cobrar su sueldo y que tenía francos. Era invierno y como ‘Gabo’ era muy friolento, andaba con un suéter grueso de cuello gordo, como los de Hemingway, gran bufanda terciada y un enorme Montgomery, esos chaquetones con capucha. Cuando se abrió la puerta salió la vaharada caliente de un apartamento muy bien habitado y 'La Pupa' completamente desnuda. Ella, que tenía un cuerpo maravilloso, se empelotaba a la menor provocación.Pero Gabo es muy tímido. Apenas vio eso se subió la cremallera del chaquetón, se puso la capucha y empezó a echar humo por el cuello como un tamal. (Dúo de risotada total).Gabo me dice que ella actuaba como si estuviera vestida. Se sentó frente a él y cruzó las piernas, en un gesto premonitorio del de Sharon Stone en Bajos Instintos. Tartamudeando, ‘Gabo’ le contó su problema. Ella se levantó impasible, sacó la plata de un cofre se la entregó y lo invitó a tomarse un trago. ‘Gabo’ le dijo no puedo, porque tengo un compromiso ineludible. Lo que quería comer en ese momento era comida y se pegó un atracón de tales proporciones que estuvo enfermo como tres días. Después volvió donde ella y se hicieron muy amigos y novios. Un día pelearon y cuando le pregunté por qué, me dijo: “Es que las mujeres no tienen sentido del humor, se enojó sólo porque le dije: 'Pupa', tú que tiras tanto, por qué no has aprendido?. Risa. ¿Qué hizo usted cuando regresó a Colombia? Cuando vino la diáspora, Salmona llegó, contratado por la Universidad de los Andes. Intrigó con Germán Samper y me nombraron profesor de fotografía e historia del cine. Éramos tan amigos que él es el responsable de que mi luna de miel con Vanna, mi mujer, fuera inolvidable. Esa noche llegó Rogelio a mi apartamento para que le hiciera unas fotografías urgentes de una maqueta del edificio del Bachillerato de la Universidad Libre y así fue como pasé mi noche de bodas haciendo fotos de arquitectura. Vanna él y yo nos paseábamos en su famoso deportivo MG, íbamos a cine hasta tres veces al día y éramos habituales de 'El Cisne', un famoso tertuliadero bogotano donde caía toda la intelectualidad: la crítica de arte, Marta Traba, el pintor Alejandro Obregón, el poeta Mario Rivero, el arquitecto Guillermo Bermúdez, el director de teatro Santiago García, en fin, escritores, músicos y bohemios, a hablar de política, cine y literatura. Su amistad con Salmona es legendaria, ¿qué tenían en común? La música, el cine, la literatura, la conversación. Él era un gran aficionado a la música con una fascinación muy especial por Béla Bartók. Era un hombre cultísimo, de una manera muy particular porque casi no leía narrativa. Le gustaban más bien la política, la filosofía, la teoría de la arquitectura. Seguía estudiando sus obras aún después de terminada su construcción, sacando conclusiones, observando hallazgos, mirando defectos. Entre los arquitectos que él admiraba, los dos más importantes eran Frank Lloyd Wright y Alvar Aalto. Por eso cuando se murió Alvar yo le mandé unos versos para tomarle el pelo: ‘Muerto AlvarQuién más sabio que tú, Quién más alto?’ Tenía fama de ser un gran seductor, ¿le contó su secreto? Yo he dicho siempre que he conocido a dos grandes conquistadores: un amigo en México que donde ponía el ojo ponía la bala y Rogelio. Al mejicano le tenía tanta envidia que un día me escondí detrás de un sofá en mi casa, para averiguar, por fin, qué le decía a las mujeres: entornaba los ojos y con voz ronca por la emoción, les soltaba esta perla: “Dónde has estado tú toda mi vida?”.Rogelio, por su parte, cuando estaba enamorando podía hacer cosas insólitas como subirse a zapatear flamenco en una mesa o currucutear como un palomo. Unas cosas divertidísimas.Ahora, siempre encontré que hay una característica común a tres grandes de Colombia: Salmona en arquitectura, Botero en pintura y Gabo en literatura: todos completamente dedicados a su trabajo. Las mujeres son secundarias en los tres. Botero se inventó una enfermedad: si no pinta se le reseca la piel porque el aceite le hace falta. Una vez llamé a Gabo que estaba soltero todavía y yo tenía un problema porque había invitado a salir a dos mujeres, algo que no le sirve a uno para nada. Le dije: maestro, ayúdame. No, no puedo porque tengo que corregir el capítulo ocho. Bueno, pero es que usted no tiene contrato. No, yo me propuse eso y lo tengo que cumplir. No hubo manera.Y Salmona, además de un talento innato, fuera de lo común, tenía una dedicación obsesiva por su trabajo, que tenía absoluta prelación en su vida. También fue muy amigo del escritor antioqueño Manuel Mejía Vallejo. Sí, a él toda la vida le dio pena acordarse de una cita que hicimos con unas muchachas muy bonitas, en Maracaibo, Venezuela, para ir a bailar. Fuimos a recoger a la primera, que apareció con la mamá. Le dije: Y tu mamá? Viene con nosotros. Entonces yo arranqué a toda. Manuel se puso rojo toda la vida de la vergüenza. Pero ni por el diablo iba yo a sacar a bailar a la mamá. Risa. Vivió con Mejía el Guayaquil malevo de su novela Aire de Tango? Yo he vivido más por fuera que en Medellín. Pero en Maracaibo tuvimos una novia que era de Medellín, muy inteligente. Se llamaba 'La Machuca' y era una putica encantadora. Tú sabes que cuando se dice en diminutivo esa palabra no es insultante. Era muy divertida y decía: tengo que hacerme un sicoanálisis: yo puta y leyendo a Neruda!. Risa. Y Manuel y yo hacíamos una cosa que puede parecer cruel, pero que la divertía: la jugábamos a cara y sello y el que perdía se quedaba con ella. Como nos quería a los dos, gozaba con eso. Cuando Manuel fue a recibir el Premio Rómulo Gallegos a Caracas yo ya estaba empezando a aficionarme a las Orquídeas y él me trajo un libro sobre orquídeas venezolanas con dedicatoria: “Maistro, pa’que te acabes de mariquiar”. Risa.También es íntimo amigo del presidente Betancur, quien lo nombró en el Consulado de Nueva York, con rango de embajador. Cómo lo conoció?Lo conocí porque le caminaba a una hermana mía. Risa. Yo le decía que no le parara bolas a ese tipo que era godo, requetegodo y escribía con el seudónimo de Bélico. Descubrí que tengo una especie de automatismo para tratarlo. Si estamos solos le digo Bélico o don Bélico y lo trato de vos. Cuando estamos entre amigos lo trato de usted y le digo presidente y cuando estamos con gente no conocida le digo señor presidente.Cuando Alfonso López estaba en el poder Belisario no quería irse de embajador en Madrid y López le puso un señuelo: te voy a mandar un amigo de cónsul en Barcelona y me nombró. Ahí sí se decidió e hicimos muchos viajes juntos. Ya cuando Belisario fue presidente me mandó de cónsul a Nueva York. Cómo recuerda su visita a Fernando González, el filósofo antioqueño de Otraparte? Ah! Una vez, osadamente, fui a su oficina a conocerlo, vestido a la moda que hacía furor: media blanca, zapato negro, saco deportivo, corbatín, pantalón gris. Mi hermano Eduardo, que era ganadero, estaba en un café al frente y cuando yo pasé le dijo a un amigo, mírale las medias a ese tipo, tiene pinta de marica. Y él otro le contestó: sí, más dañado que agua de florero. Es mi hermano, le aclaró Eduardo. El otro se puso morado. Risa.Cuando llegué a donde el maestro lo encontré en su escritorio con un sombrero de vaquero, de alas anchas y sus ojos de loco inteligente. Le dije, maestro vengo a conocerlo. Me regaló uno de sus libros que más me gusta: El Remordimiento. Tiempo después fui con Alberto Aguirre, mi amigo de juventud, y le hice unas fotos. Me mandó una tarjetica que decía: Guillermo, yo no creía que la fotografía fuera un arte hasta que vi los retratos que usted me hizo, con mi boca de culo. Risa.Una vez el maestro iba caminando por el campo con Aguirre, cuando vieron dos arañas peleando y se agacharon encantados a ver la pelea, hasta que llegó un tipo y también se puso a verla. Entonces Fernando dijo vámonos y, furioso, caminó como quince minutos sin decir nada. Al final rezongó: por eso no me gusta el comunismo, esa pelea de arañas era nuestra y este tipo no tenía por qué meterse. Otras grandes amigas suyas son las orquídeas de las que me dicen tiene más de cinco mil especies diferentes en su bella finca Orquidiócesis de Tegualda, en Choachí. Ese es un Edipo pos-morten porque a mi madre le encantaban las flores, sobretodo, robadas. Llevaba unas carteras grandes y como tenía cara de ser muy honesta nadie pensó que se robara las matas. Teníamos en El Poblado una terraza que ella iba llenando de matas y yo le decía: 'Miña', cada metro cúbico de tierra pesa un poquito más de una tonelada. Un día de estos usted va a poner una margarititica y la casa se le va a caer. Risa. Cuando ella murió me ví haciendo algo que nunca había hecho: cultivando las flores que a ella le gustaban, especialmente las orquídeas. Cultiva de todo hasta Victoria Regia. Cómo logró semejante hazaña, cuando es una planta exclusiva del Amazonas? Es la Victoria Amazónica, mal llamada regia. Cuando la ví por primera vez en el jardín Botánico de Brooklyn quedé enamorado. Tiene una flor que no dura sino dos días. La primera noche es hembra. La segunda es macho y a la tercera se muere se muere. Cuando abre la primera vez huele a piña, una manera de atraer al polinizador. Logré cultivarla y eso es un milagro porque la Orquidiócesis está a 1.650 metros sobre el nivel del mar y ella se da entre 40 y 80 metros. Yo la cultivo primero en una bañera a una temperatura de 28 grados. Cuando ya se ha acostumbrado, espero que haga un poco de calor y la traslado. Aguanta hasta 14 grados que es hasta donde baja de pronto el agua en esa región. En el Jardín Botánico florece cada tres o cuatro meses y a mí me florece cada tres días. ¿Cuáles son las orquídeas más raras? Colombia es un país que tiene miles de especies, pero está un poco abandonado de la mano de Dios, también desde el punto de vista de las orquídeas, porque los científicos no pueden ir al campo, debido a la guerrilla. Por eso hay montones de orquídeas todavía sin clasificar. Aquí se han clasificado alrededor de ocho mil, de las cuales unas 3.500 son de especies diferente. En el mundo debe haber entre 30 y 35 mil especies.La orquídea más extraordinaria la ando buscando, y no descansaré hasta conseguirla y cultivarla, lo que es muy difícil. Está en vía de extinción y sólo se da en la Florida, Cuba y las Bahamas. Susan Orlean escribió un estupendo libro sobre su búsqueda (nunca la encuentran), The Orchid Theaf, y de ese libro hicieron una mediocre película, en donde la orquídea se vuelve fuente de alucinógenos. Su nombre vulgar es Orquídea fantasma, científicamente Dendrophylax lindenii. A propósito de su hermosa finca, Orquidiócesis, que perteneció al presidente Abadía Méndez, en Choachí, usted fue secuestrado allí, en 2001. Yo llegué a mi casa con mi mujer y una hermana y dos tipos me apuntaron con sendos 45, a lado y lado. Les dije yo me voy, pero solo. Me dijeron No, las instrucciones son que se van todos. Yo tiré las llaves lejos y miré donde caían. Como ellos no tenían transporte, negociamos. Les dije yo sé donde están las llaves, nos vamos en mi carro, pero las mujeres se quedan. Aceptaron. Y lo que puedo decir respecto a mi secuestro es que mi caso es muy curioso porque yo soy el único que habla bien de un secuestro.Cuando liberaron a los secuestrados me llamaron de una emisora y dije: Yo no les sirvo porque hablo bien del secuestro. A mí no me amarraron, no me taparon los ojos ni me encadenaron, ni me mataron de hambre. Tal vez por viejo no me dejaban cargar nada. Me lavaban la ropa. Me hacían comida especial porque soy diabético. Decían esa verdurita guárdela para el maestro porque él no puede comer tanta grasa. En todo ese tiempo y ese trayecto tan largo conocí plantas y flores bellísimas y a donde llegaba hacía un jardín de orquídeas. Si nos mudábamos ahí lo dejaba y en el siguiente sitio hacía otro. En uno de ellos llegué a tener 60 orquídeas. ¿Cómo es el cuento del fusil que le prestaba un guerrillero? Había un guerrillero que era el único que tenía un fusil con mira telescópica. Lo llamaban ‘Ojitos’ porque había perdido parcialmente la visión por una bomba. Un día le dije préstame tu fusil para poder distinguir con la mira, allá arriba, si es una orquídea o un quiche. Quitó la mira y me la pasó. No era una orquídea. Al otro día le dije: vuélvemela a prestar y me pasó el fusil entero. Ah! sí, es una orquídea. Los muchachos se subían y me la bajaban. Yo los ponía a trabajar a todos. No ví niños, pero el gran jefe tenia 32 años y lo llamaban 'El Cucho'. A muchos de ellos los habían llevado los papás para ponerles oficio y para que los alimentaran. Para ellos tener arma y pelear era algo fenomenal, sobre todo para las mujeres, porque el uniforme y el fusil las hacen sentir poderosas. ¿Que le haya ido bien no quiere decir que le hubiera gustado estar secuestrado? Ah no, a nadie le puede gustar estar secuestrado, pero la realidad es que a mi me trataron muy bien. Bueno, el Síndrome de Estocolmo, pero al revés. ¿Ellos se enamoraron de usted?Claro, cuando estaban celebrando el aniversario de las Farc, se pusieron a cantar el himno y a mí fue al único que me invitaron a esa especie de ceremonia. Como al jefe se le olvidó la letra, me pasaron un papel impreso y yo hice de consueta. Y ¿cuál es, en últimas, su opinión sobre el secuestro que sufrió en carne propia?Toda mi consideración es para la familia que es la verdadera secuestrada porque, al fin y al cabo, uno sabe exactamente qué le está pasando. ¿Lo persiguió mucho el fantasma del secuestro? No, a los ocho días volví a la finca porque me dije: cuando a uno lo tumba un caballo, si a uno le gusta andar a caballo, vuelve y se monta o no vuelve a ver un caballo en la vida. Cuando me soltaron me hicieron subir a un bus que ya estaba pago. Pedí algo de plata, pero me dijeron que no porque mi familia me estaría esperando. Yo iba muerto de hambre porque no habíamos desayunado y se subió una señora a vender pollo con papa a dos mil pesos. Y, caray, yo tenía cuatro mil pesos de hambre.Saliendo del pueblo, Chiscales, al bus se le dañó la dirección hidráulica y yo dije para mis adentros: Mierda, después de toda esta vaina ahora voy a ser noticia de un bus que se fue a un abismo: “Se ignora si el chofer iba borracho o si fue falla mecánica”. Risa.Cambiando de tema ¿cómo le ha ido con la fotografía digital? Me cambié fácilmente y me va muy bien. No tengo ningún prejuicio contra lo digital, pero tengo un discípulo tan exagerado que me escribe a mano. Creo que es imposible diferenciar una buena foto hecha por los viejos métodos, de la digital. Esta tiene además una ventaja enorme frente a lo otro que era angustioso porque no sabíamos si se había velado el rollo y había además que esperar a terminar las 36 exposiciones para ver lo que se había tomado. A mí me gustan todos los inventos electrónicos. Si usted me preguntara en qué siglo me hubiera gustado vivir le diría que en cualquiera con Ipad. Soy un fanático. Me encanta. ¿Cómo ha hecho para durar 52 años casado con Vanna, su mujer? Yo conocí a Vanna en Florencia y cuando me vine, ella se quedó. Nunca nos habíamos agarrado la mano, ni nos habíamos dado un beso. Nuestro noviazgo fue a través de correspondencia y como en una oportunidad estuve haciendo una película para un español en el Amazonas, no le escribí durante un mes. Cuando regresé me enteré de que estaba furiosa y entonces le pedí la mano en una posdata: si usted lo que quiere es conversar, casémonos. Risa. ¿Cómo le ha parecido el escándalo del Chamán que hace parar la lluvia? Como a Juan Manuel el primer invierno lo agarró con los calzones abajo y cuando llegó el segundo no se los había subido, tiene el remedio a la mano: nombrar de ministro del medio ambiente al Chamán. ¿Sigue escribiendo? Sí, actualmente estoy escribiendo El sexo de las flores. La única función de la flor es sexual. No tiene ninguna otra. Allí cito a un cura francés de apellido Oraison (oración) que dice: No me explico cómo a las mujeres les regalan flores. "Es como si a uno lo invitaran a una cena y llegara con un racimo de pipís de perro en la mano.

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