¿Por qué usar una chaqueta de jean ayuda a cuidar el planeta?

¿Por qué usar una chaqueta de jean ayuda a cuidar el planeta?

Febrero 23, 2018 - 03:11 p.m. Por:
Yefferson Ospina / Periodista de El País
chaqueta jean

James Dean fue quien se encargó de popularizar la chaqueta de jean luego de su actuación en 'Rebelde sin causa'.

Especiales para El País

Levi Strauss debió gritar 'eureka'. Era finales del siglo XIX y Strauss había llegado desde Alemania a EE. UU., y había fracasado vendiendo telas para tiendas de dormir a los mineros de California, y un día uno de ellos le preguntó por un pantalón que soportara las inclemencias de ese tipo de vida y entonces, la luz: Strauss inventó el primer jean y la prenda que sería la más vendida de todo el mundo durante el siglo siguiente.

Luego vinieron las guerras de Europa, y la tela del jean, ya patentada, se convirtió en la preferida para los uniformes de los militares. El gran triunfo del jean fue el hecho de que podía durar mucho tiempo.

Si se hubiese inventado un pantalón que durara poco y obligara a sus compradores a ir por uno nuevo cada tres meses, habría fracasado. El jean fue y es lo contrario a eso que se llama 'Fast Fashion', o la moda que dura poco. El jean es, más bien el 'Slow Fashion'. O, al menos, lo fue.

Pasó el tiempo y Marlon Brando Y James Dean decidieron, en los 60, convertirse al jean y a su vez convertirlo en un símbolo: rebeldía, ir contra el mundo, juventud romántica y convulsa.

Si Strauss inventó el jean, Marlon Brando se encargó de que todos quisieran tener uno. Los hippies usaban jeans, y Mick Jagger y Marilyn Monroe, y no solo pantalones sino también, y sobre todo, chaquetas.
Hubo un tiempo en que ser cool, rebelde y 'outsider' era usar una vieja chaqueta de jean como quien dice: “Yo con mi chaqueta estoy más allá del mundo”.

Pero luego, del mismo modo que la imagen del 'Ché' ha servido para vender camisetas y foticos y tapitas y souvenirs diversos, el jean dejó de ser revolución y se convirtió en industria, en esquema. Las cifras dan vértigo: se calcula que cada año se producen alrededor de 5.000 millones de jeans en todo el mundo. Las cosas han dejado de ser románticas: muchas fábricas las han movido a países como India o Bangladesh, donde la mano de obra es más barata. Ah, y llegó la 'Fast Fashion', la moda pasajera.

Se calcula que una prenda de jean puede durar cuatro años si una persona la usa tres veces por semana y la lava una vez por semana. Pero la 'Fast Fashion' dice otra cosa: que un jean debería durar quizá tres meses, o menos, el tiempo suficiente para ser reemplazado por el jean de la nueva temporada.

Hace 30 años la moda tenía cuatro temporadas: ahora pueden ser más de 50 pequeñas temporadas en todo el año, que hacen que muchas marcas de ropa puedan vender millones de prendas. La 'Fast Fashion' es tan potente, que incluso empieza a cambiar el medio ambiente. Para producir un solo jean –cuya tela proviene del algodón- se requieren 8.000 litros de agua vertidos en un algodón que no es orgánico, que para su cuidado requiere de una buena cantidad de pesticidas.

Además, para que el jean sea azul, se requieren otros 2.000 litros de agua y se producen 13 kilogramos de emisiones de dióxido de carbono, medio kilogramo de sustancias químicas para el efecto desgastado, 10 kilogramos de colorantes y químicos y su consiguiente liberación al medio ambiente.

Esa es toda la contaminación que produce un jean: pero cada año se venden 5.000 millones... En esos términos, la revolución, o al menos la rebelión, sería volver a los orígenes, a la esencia: ropa para obreros y para mineros hecha para durar y que, además, podía ser ‘cool’.

En días de calentamiento global, de ciudades que se quedan sin agua potable, de mujeres y niños explotados en fábricas de países pobres, ser rebelde podría consistir en volver a la esencia del jean: llevar aquella chaqueta que puede durar cuatro años, 10 años, un tanto desgastada, con las marcas de la experiencia, durante el tiempo que nos lo permita. Y entonces, la chaqueta estaría allí, con su aspecto rudo y casi amenazante, indestructible: la imagen, tal vez, de algún tipo de rebelión, de una forma de cambiar el mundo.

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