Perfil: Gabriel García Márquez, un hombre destinado a la gloria

Perfil: Gabriel García Márquez, un hombre destinado a la gloria

Abril 17, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Un perfil que retrata los aspectos más importantes de la vida y la obra del genio colombiano más grande de los últimos tiempos, el Nobel Gabriel García Márquez.

El destino quiso que el hijo de Luisa Santiaga, la niña Luisa, naciera en Aracataca, aquel 6 de marzo de 1927 y no en Riohacha, a donde su esposo, Gabriel Eligio García, se había trasladado con ella.El hombre de profesión telegrafista había decidido poner tierra de por medio a las miradas desdeñosas de sus suegros, el coronel Nicolás Márquez y Tranquilina Iguarán, quienes no veían con buenos ojos su relación con la madre de su futuro primogénito.Y tenía que ser así, porque de lo contrario, esta historia sería muy distinta. O a caso ¿quién le hubiera contado al mundo que en esas tierras donde el tórrido sol cocina a fuego vivo sus polvorientas calles, una nube de mariposas amarillas podían preceder la llegada de un hombre llamado Mauricio Babiblonia. O que por sus virtudes, Mercedes ‘La bella’, “la criatura más bella que se había visto en Macondo”, se elevaría al cielo para abandonar este mundo?Cómo se sabría de la amargura de un coronel en su eterna espera por una pensión que nunca llega o las reflexiones de un General, libertador de seis naciones, en medio del ostracismo, la incomprensión y el olvido?Gabriel García Márquez tenía que nacer allí, en esa tierra bananera, metida en el corazón del Caribe y además permanecer durante nueve años junto a sus abuelos y tías, una familia de raza guajira de carácter serio y férrea disciplina quienes alimentaban su imaginación infantil con historias sobre su abuelo, el Coronel Márquez.Gabito, como le decían de pequeño, era entonces un niño “egoísta y envidioso. Lo que los otros niños tenían, lo quería para él”, según le contó en Aracata, al periodista John Saldarriaga de El Colombiano, María Magdalena Bolaños, la nana, que siendo apenas una adolescente se encargaba de “bañarlo y sacarlo a asolear y cuidarlo” hasta que se marchó con sus abuelos rumbo a Barranquilla.En esa ciudad estudió en el colegio jesuíta de San José y comenzó a labrar ese carácter que en palabras de su biógrafo Gerald Martin, lo convertirían en un ser fascinante, tímido, vanidoso, torrencial, generoso y, sobre todo, leal a sus amigos. “Es un gran seductor. Me asombró su poder de concentración, su tremenda energía y su amor por la vida. Tenía gran necesidad de amor, no sólo de pareja sino más general. Es una persona muy sensible, muy fácil herirla. Fue un niño que se crió sin su madre en los años críticos y que no supo muy bien cuál era su sitio”, dijo en una entrevista para El PaísFue en Barranquilla donde siendo un colegial de 13 años conoció en un baile a una mujer que lo impresionó tanto que decidió proponerle matrimonio allí mismo, era Mercedes Barcha, la mujer que le acompañaría el resto de sus días. García Márquez cumplió su promesa en marzo de 1958, cuando contrajo nupcias en la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Barranquilla .En 1943 Gabo se radicó en Zipaquirá para estudiar en el Liceo Nacional donde culminó becado su bachillerato. Esa etapa de su vida que duró cuatro años fue investigada por el escritor y periodista Gustavo Castro Caycedo, en su libro ‘Cuatro años de soledad’.Castro Caycedo contó en entrevista con El País que Gabo inicialmente fue poeta, que le iba regular en álgebra, y que fue justamente allí, en Zipaquirá, donde todo –incluido el frío– conspiró para que se dedicara al oficio al que ya estaba predestinado: ser escritor. También, que le gustaba cantar y que tenía un conjunto vallenato. Allí se enamoró de Berenice Martínez, su primer novia. “Una mujer muy linda, a quien Gabo le recitaba poemas desde el balcón de la casona colonial en la que vivía y seguramente le entregó sus primeros versos”, agregó el autor.Periodista y escritorGabo culminó su etapa en Zipaquirá En 1947 y se trasladó a Bogotá, para comenzar un vertiginoso camino que en menos de una década consolidó su carrera como periodista y escritor.Lo primer que intentó fue estudiar derecho en la Universidad Nacional carrera que abandonó. En 1949, de regreso a La Costa, fue columnista de El Heraldo y en 1950 hizo parte del Grupo de Barranquilla, con Álvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor, Alejandro Obregón y Germán Vargas con quienes descubrió autores que influirían vitalmente en su obra como William Faulkner, Ernest Hemingway, Franz Kafka o Virginia Woolf.Hacia 1952, nuevamente en Bogotá, el escritor Eduardo Zalamea comenzó a publicar en la sección dominical de El Espectador los cuentos de Gabo y vio la luz su primera novela ‘La Hojarasca’. Vinculado a este medio periodístico en 1955 debió abandonar el país tras publicar en plena dictadura del General Rojas Pinilla su crónica ‘Relato de un náufrago’.En el Viejo Mundo, aprendió cine en Roma, descubrió París y la nieve de la mano de su amigo Plinio Apuleyo Mendoza. Viajó con él a la Cortina de Hierro, para desilucionarse del comunismo.De regreso a la Ciudad Luz, pasa hambruna mientras, como explica el escritor Mario Vargas Llosa, escribe “a diario, con verdadera furia, desde que oscurecía hasta el amanecer”, obras como ‘La mala hora’ y ‘El coronel no tiene quien le escriba’.Y Fue en París donde conoció a la actriz vasca María Concepción Quintana quien a sus 24 años se enamoró de ese escritor costeño “reflaco, de pelo alborotado, mirar alucinado y bigote tempestuoso, parecido a un argelino” que en un comienzo le pareció petulante, pero que media hora después, ya era presa “en la red de su palabra embrujada, mientras le iba contando vida y milagros, como barrido por un súbito huracán de desamparo”, según confesó la actriz en una entrevista a Margarita Vidal .A comienzos de 1960 se trasladó a México con Mercedes Barcha, su mujer, y su primogénito Rodrigo, nacido en Bogotá en 1959. En el D.F. nació su segundo hijo Gonzalo, en 1962.Tres años después surgiría la inspiración que lo consagraría en la literatura universal. Un buen día mientras Gabo conducía se detuvo para decirle a su mujer que ya había encontrado el tono para narrar una novela que lo venía atormentando. “Voy a narrar la historia con la misma cara de palo con que mi abuela me contaba sus historias fantásticas, partiendo de aquella tarde en que el niño es llevado por su padre a conocer el hielo!”El escritor se encerró para narrar la saga de la familia Buendía en ese mítico pueblo llamado Macondo. Para ello, le dijo a su mujer que se hiciera cargo de los asuntos hogareños y que no le molestaran para nada.Fueron 18 meses de ferviente escritura que culminaron en junio de 1967 con la publicación de ‘Cien años de soledad’. El primer tiraje se agotó en pocos días y tres años después había vendido más de medio millón de ejemplares. Gabo cumplía su sueño de dedicarse de lleno a la escritura.El 21 de octubre de 1982, en Ciudad de México, Gabo llegó pálido y tembloroso hasta la casa de su amigo, el poeta y narrador Álvaro Mutis, a quien casi sin aliento le dijo: “necesito esconderme durante un buen rato, porque ha ocurrido algo terrible”. Mutis creyó que se había peleado con su mujer, pero con el humor negro de siempre Gabo le respondió: “Peor, me acabo de ganar el Premio Nobel”.Calmado el susto, García Márquez regresó a su casa, se reunió con Mercedes su mujer y sus hijos y les dijo: “En esta casa seguiremos la vida como si nada hubiera pasado, cada uno con las cosas que tiene pendientes”.Entonces salió al jardín y se reunió con reporteros, fotógrafos, camarógrafos, vecinos y amigos que querían compartir champaña con él. El resto ya es historia.Quizás en ese instante el escritor evocaría aquellos años de su infancia, cuando el destino caprichoso hizo que naciera en la calurosa Aracataca. Se vería al lado de sus abuelos y tías escuchándoles embelesado sus relatos épicos, que lo llevarían a la gloria. No es gratuito que cuando su madre, la niña Luisa, leyó aquel relato de la familia Buendía dijo: “Yo no sabía que Gabito fuera tan chismoso”.

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