Omar Sosa, el músico que hace meditar a su público

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Omar Sosa, el célebre pianista cubano que deleitó al público caleño hace pocos días, al cierre de Ajazzgo, nos habla sobre el aspecto místico, religioso y espiritual del jazz, género al que concibe como la banda sonora de la libertad.

Omar Sosa, el músico que hace meditar a su público

Octubre 02, 2017 - 07:42 p.m. Por:
Isabel Peláez | Reportera de El País
Omar Sosa

El músico cubano Omar Sosa.

Foto: Especial para El País

Omar Sosa, pianista cubano que deleitó al público de Cali en la final de Ajazzgo junto a los músicos Seckou Keita y Gustavo Ovalles, quiso tocar de niño el violonchelo pero debido a las características de sus dedos debió desistir de su sueño, para decidirse por la percusión y finalmente por el piano. Aunque estudió en el conservatorio, se siente un autodidacta y un ciudadano del mundo que prácticamente en cada viaje aprende una música nueva.

¿Cómo se sintió en Ajazzgo?

Es la experiencia más linda que he tenido en mi vida. La esposa de mi cuñado es de Cali y me encanta su forma de ser, pensé que ella era así, pero no, es que todos los colombianos son gente cálida, con fuerza y como público son espectaculares.

En eso nos parecemos con los cubanos…

Pero acá son mejores. Porque la apertura para recibir muchas cosas es más refinada. Acá también hay mucho reguetón, seguramente, pero es que en Cuba ahora casi que únicamente hay reguetón. No pasa nada, es un momento de la historia. Pero en Cali gusta mucho la música cubana, los Van Van vienen mucho aquí y muchos músicos de avanzada.

Usted define el jazz como la música de la libertad, ¿por qué?

Quien dijo esto es uno de mis guías, uno de mis héroes, Thelonious Monk, él dijo que el jazz es la filosofía de la libertad y eso me caló tan profundo, es lo que me ha dado la posibilidad de, usando el jazz como filosofía, poder tener estos diferentes encuentros con músicos de China, de Japón, de Corea, de Marruecos, de África.

¿Cómo logra esa química con músicos de culturas tan disímiles a la suya?

Con honestidad y libertad. Hay que respetar y escuchar, cuando hacemos eso somos capaces de entender más cosas que si solamente estamos hablando e imponiendo, que es cuando perdemos la oportunidad de compartir, de convivir. Yo estando en Colombia quiero comerme es un buen sancocho.

Eso me contaron… que le encanta el sancocho…

Esa es la tradición y la base de una cultura está en la tradición y es importante conocerla, para convivir y compartir. Todos somos seres humanos, así que un asiático no es diferente de un ecuatoriano en su corporeidad.

Su música tiene un contenido religioso, ¿qué efecto tiene en el público? Dicen quienes lo escuchan que sienten como si meditaran…

¡Wao! Gracias. Como músicos tenemos la misión de transmitir, de escuchar otras voces que nos llegan y hacen que si estamos limpios interiormente, transmitamos esas voces, esa energía, y la gente lo siente. Si eres honesto, transmites las voces de tus espíritus y tus ancestros. Estamos aquí porque algo ha sucedido antes. Muchas personas dicen todo el tiempo “yo”, “yo”, “yo”, y si estás hoy aquí es porque alguien ha venido antes y hay que respetar esa tradición. Sé honesto con lo que estás escuchando, compártelo, vamos a sentarnos en la mesa todos y a comer de ese plato.

Omar Sosa Ajazzgo

Omar Sosa (centro) se presentó en Cali junto a los músicos Seckou Keita (i) y Gustavo Ovalles (d).

Foto: Especial para El País

“Cuando
llegues a un lugar busca
la esencia,
la cultura,
la comida tradicional, porque allí
está la historia y
ella conecta directamente con la
música”
Omar Sosa
Artista cubano

Usted empezó con el violonchelo, siguió con la percusión y finalmente se decidió por el piano, todo pasa por algo, ¿qué enseñanzas le dejaron los primeros instrumentos?

Muy linda la pregunta, muy buena. Mi profesor de chelo me dijo: “El dedo meñique no te llega a la segunda falange del anular. Si quieres puedes entrar en percusión” y yo dije “Bueno, me gusta la música, voy para la percusión”. Hoy me he dado cuenta que podía haber seguido tocando pese a ese problema, pero como bien has dicho, las cosas pasan por algo y hay que seguir el curso del río, si vas en contra de este puede ser que perezcas. No hay que seguir siempre la corriente, pero sí tener claro cuál es la corriente.

Pero en la percusión también encontró un problema…

Sí. Has hecho la tarea bien, me has estudiado. Desde que me gradué siempre me han gustado los instrumentos melódicos, la vida sin melodía sería un poco triste y sin ritmo, también. Nuestro cuerpo es melodía y ritmo, el corazón es el ritmo y la melodía es el curso de la sangre por nuestras venas. Cuando quise estudiar xilófono y marimba, un instrumento que me encanta -en todos mis discos lo grabo-, me di cuenta que en la isla había muy pocos instrumentos, en el Conservatorio había dos y los otros dos estaban en la Sinfónica Nacional y en la Ópera y los usaban mis profesores. Entonces busqué la melodía en otro instrumento, vi el piano y empecé lentamente a tocarlo y me cautivó.

¿Qué edad tenía cuando empezó en el piano?

16 años. Me gradué a los 18 de la Escuela Nacional de Música. Con mi amigo Lázaro Valdés, director de la Orquesta Bamboleo, percusionista, mientras todo el mundo se iba a almorzar, nosotros nos reuníamos, yo tocaba el vibráfono y él tocaba el piano, después él tocaba el vibráfono y yo el piano. En esa época, en la escuela tocar música popular era un sacrilegio, porque la formación era clásica, si te escuchaban tocando música popular podían expulsarte del Conservatorio. La tocábamos al escondido. Yo digo que soy un percusionista que me gusta tocar el piano. Gonzalo Rubalcaba me decía que no dijera eso, lo mismo Chucho Valdés. Tengo muchas lagunas técnicas, pero estas te hacen encontrar tu propio lenguaje, porque tratas de buscarte algún camino. Y yo fui prácticamente autodidacta. Claro que en Cuba la formación musical es muy alta y tomé como instrumento complementario el piano. Yo no era muy buen estudiante que digamos, siempre me ha gustado hacer lo que he querido, pero en los estudios hay que tratar de cumplir con un programa. Mi profesora Carmen Encizo, que Dios la tenga en la gloria, siempre me decía “si tú estudiaras, podrías tocar mejor, porque tienes buenas condiciones”, pero yo llegaba dos días antes del examen, me ponía a estudiar y sacaba las piezas. Y ella me decía: “Tocaste muy bien pero no te puedo dar excelente porque no has venido a clase nunca”. Pero aprobaba. Cuando me gradué del Conservatorio intenté hacerlo más profesional y entendí que debía trabajar con más profundidad para ser un profesional. Y empecé a estudiar hasta ocho horas. Era profesor, tenía sólo un alumno, le daba la clase y me quedaba toda la noche estudiando en el piano que había en el aula.

Eso era en Cuba, ¿Cuándo decide irse de la Isla?

Yo empecé en el mundo de la nueva trova, me gusta la poesía, la vida sin poesía es mustia, sin color. Toqué con pequeños grupos del canto libre, como Vicente Feliú, muy cerca a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, hasta que di con quien erala mejor cantante que tenía Cuba, Xiomara Laugart. Dirigí el grupo de Feliú, hice arreglos de sus temas, produje su disco Arte Por Ética y sentí que ese mundo me llenaba. Empezamos a buscar otros caminos. Fuimos a México, fue mi primer contacto con el capitalismo. “Quiero comprarme un teclado, un pequeño piano” decía yo y empecé a pensar en cosas que nunca había pensado como salir de Cuba. Pero cuando empecé a escuchar otras músicas, quise hacerlo. Llegó Óscar D’León a Cuba y fue otra revolución. Vi que la salsa tenía un sonido distinto al de la música tradicional cubana. Buscaba información del jazz americano , conocí música de Marruecos, de África, y dije “necesito encontrarme con estas culturas en primera persona y en la isla no puedo”. La vida escuchó mi llamado y conocí a quien fue mi segunda esposa, Shirma Guayasamín, hija del maestro Oswaldo Guayasamín. Al mes de conocerla ya estaba viviendo en Ecuador y conocí la marimba esmeraldeña, los negros de Esmeraldas, y empecé a ver el paralelismo con la tradición afrocubana. Ya no me bastaba Ecuador, quería ir a África. Yo creo en lo que siento y visualizo. Siempre les digo a las personas “Visualiza lo que sientes y vívelo, aunque no lo hables con la gente, dilo a la naturaleza, dilo a la energía y la energía cósmica te va a escuchar”.

¿Y actualmente dónde vive?

Mi familia está en Barcelona, yo vivo en los aviones básicamente. Estoy entre Barcelona y Oakland, California, porque la oficina está allí. He logrado gran parte de mi sueño, ser un ciudadano del mundo y hacer una música donde todos podamos compartir. No soy partidario del “yo”, soy partidario del “nosotros”. Mi música te puede gustar o no, pero no puedes decir que no está hecha con alma y con pasión.

¿Cómo se dio el proyecto musical de ‘Transparent Water’?

Un amigo, el baterista que tocaba en mi grupo, me invitó a tocar con su grupo en Inglaterra y allí estaba Seckou Keita. Conectó su kora y empezó a tocar. La conexión nuestra fue tan grande que el concierto fue entre él y yo. Y cuando acabamos le dije: “Negro, tenemos que hacer un proyecto juntos”. A la semana lo estaba llamando para decirle que tenía reservado un estudio en Alemania, en medio de un campo de la nada. Este disco que salió el año pasado está grabado hace más de cuatro años, pero no había salido porque no era el momento. Nos fuimos al estudio sin música, solo con nuestra energía. Vivimos una semana los dos, comíamos, yo cocinaba yuca con mojo y frijoles y él, comida senegalesa. La música salió con espontaneidad. Después continué con la producción del proyecto. Para mí la kora es como como un manantial, que siempre tiene agua pura y transparente.

Usted unió a otros artistas a su proyecto…

Yo estoy muy cerca de la cultura oriental, del budismo, medito. Para los budistas la transparencia del agua es muy importante. Fui a China porque conocí en otro concierto en España a Wu Tong, un músico clásico de un instrumento de más de 4000 años de antigüedad. Cuando lo escuché tocar me sucedió lo mismo que con Seckou y lo invité a mi proyecto. Lo grabé en Beijing. Pero no me bastó. Yo adoro la cultura japonesa, donde el agua es muy importante. En los templos japoneses tienen un pequeño manantial, el agua va cayendo en un bambú y llega a una pequeña laguna y siempre es transparente para que se puedan ver los pez rosa. El mes que viene voy a Japón. Me encanta esa cultura de respeto. Conocí el koto, que es la kora de los japoneses. En París llamé a Niko Miyasaki, y la invité a Aguas Transparentes. Fui a India, un sitio donde hay un respeto por la transparencia del alma. Llamé a un músico indio de 19 años. A la hora de tocar no había música. Yo decía “Sólo quiero que expresen lo que sienten que es el agua transparente para ustedes”. Gustavo Ovalles, mi hermano de batalla de hace 20 años también se unió. Para nosotros en la santería el agua se llama Omitutu y tiene que ser limpia y transparente.

Dice que sintió la salsa al escuchar a Yuri Buenaventura…

Sí, él me invitó a tocar con él en el Teatro Olimpia, de París, fue maravilloso. Siempre ha estado la historia de que la salsa es música cubana, pero yo pienso que la salsa es la salsa y la música cubana es la música cubana. Es otro tiempo, es otro relax, otra dinámica, incluso se baila diferente. En Cuba tenemos el casino, hacemos el paso hacia adelante y ustedes van hacia atrás y después hacia adelante. Cuando escuché a Yuri dije: “¡Wao! Esto tiene una pasión y una cosa diferente. Esto es salsa colombiana, porque está la venezolana, la neoyorquina”.

¿Ya está pensando en otro proyecto?

Ahora mismo hay tres ya acabados. Tengo uno con una Big Band, alemana. El proyecto se llama ‘es:sensual’, ya salió en Alemania y es posible que salga en Estados Unidos y en Asia. El próximo año hay otro con una violinista cubana muy talentosa,  Yilian Cañizares, ya está grabado. Y estoy trabajando en otra producción con músicos de Suráfrica. Fuimos con un músico joven a una región de Sudáfrica, que se llama Limpopo, en Venda, y nos reunimos con los viejos, estudiamos su música, grabamos en Pretoria la parte tradicional y yo le añadí piano, batería, guitarra. Es un viaje por caminos de África. Está una cantante que es zulu, un trompeta de Nueva Orleans, un guitarrista de chicago y un maestro d la música africana y del jazz. Lo mezclé antes de ir a Cali. Es Cuba, es África, es la madre tierra. Es América, es la esencia de la tradición negra.

¿Qué tánto sabe de la marimba?

Grabé con los maestros de la tradición afrovenezolana como Papa Roncón, Rosita Huila, Mamalú, compartí con el gran maestro de la marimba esmeraldeña ecuatoriana, el difunto don Remberto Escobar Quiñones, quien me hizo a mano mi marimba de tres octavas, la hizo a mano. Sé tocar un poco marimba… “Andarele, andarele, andarele vámonos… que esta noche siento un bombo, andarele, vámonos”. Estuve dos meses viviendo en Esmeraldas con ellos. Si vas a explorar una cultura, más te vale que la conozcas y que estés con los viejos, con lo auténtico.

¿Tiene hijos? ¿Son músicos?

Tengo dos, un varón de 15, Lonious, y una hembrita de 12 años, Iyade, porque en la tradición Lucumí, en la santería, Iyalonde es la diosa del amor y su mamá en vez de llamarla Iyalonde le puso Iyade. El niño estudió percusión cuando era pequeñito, la niña estudió un poco de música, pero a lo mejor le han hecho rechazo porque el papá no ha estado en casa mucho tiempo por eso.

¿Le gustaría regresar a Cuba?

Sí me gustaría pasarme un tiempo en Cuba, pero los niños están en una etapa compleja de adolescencia y escolarización, tienen sus amigos. De hecho mi hija fue a Cuba y le encantó. Cuba me llena, pero también me llena el mundo.

¿En Colombia le gustaría vivir?

Me gustaría estar un tiempo en el Pacífico también para compartir. Aquí me siento como en casa. En Cartagena tuve mis primeras vacaciones planeadas con mi esposa y quería quedarme. Quiero aprender a tocar gaita.

¿Cómo se comunica un musulmán con un santero?

Seckous es musulmán y yo santero. Más que la religión, que es muy personal, es la manera de comunicarnos entre nosotros, con un respeto extremo, buscando siempre la paz, la luz, el consenso y que la energía sea de amor, de paz, de optimismo. Y cuando lo tienes para ti se lo vas a dar a los demás.

¿Le gustaría hacer un proyecto musical con un colombiano?

Me encantaría. Gustavo Ovalles se reunió con músicos de acá para ello. Cuando llegues a un lugar busca la esencia, la cultura, la comida tradicional, porque allí está la historia y contacta directamente con la música. Yo aprendo la música de forma autodidacta o estudiando con los viejos.

Chucho Valdés aprendió viendo tocar a su padre, ¿y usted?

Escuchando música y viendo a Chucho.

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