Novela de Santiago Gamboa es finalista del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana

Novela de Santiago Gamboa es finalista del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana

Enero 25, 2017 - 12:00 a.m. Por:
Yefferson Ospina, reportero de El País
Novela de Santiago Gamboa es finalista del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana

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La novela ‘Volver al oscuro valle’, de Santiago Gamboa, es una vuelta a la que es probablemente una de las obsesiones más importantes del autor: el regreso. 

Sí, obsesión importante, porque para un escritor las obsesiones son su alimento, no sus razones para pedir una cita con el psiquiatra. 

Y sí, el regreso. Aunque no se sabe muy bien hacia dónde y aunque se ignore, o se intente ignorar, que todo regreso es imposible, es una utopía oscura, ni siquiera una metáfora. “Ya lo dijo Heráclito, uno no puede regresar porque uno nunca es el mismo”, sentencia Gamboa.

En esta novela  “los personajes se ven envueltos en una aventura que los hace regresar de Madrid a Colombia para cumplir una venganza. Los tres personajes principales son Manuela, Tertuliano, el gurú de una extraña secta neo nazi ambientalista, y el poeta francés Arthur Rimbaud. El centro de la novela es la idea del regreso a algún lugar del mundo... ¿Para qué? Para vivir la vida de otro modo. Para ser libre o feliz. Para reanudar las tareas olvidadas y tal vez perdidas”.

La novela es una de las tres finalistas en el Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana que entrega este miércoles en la Eafit en Medellín, junto a ‘Historia oficial del amor’, de Ricardo Silva y ‘Vida’, de Patricia Engels.

Lea también: ‘Volver al oscuro valle’, la novela de Santiago Gamboa que llega a la Feria del Libro de Cali

¿Para usted son importantes los premios?

Los premios suponen un gran estímulo, pero uno no escribe para ellos, uno escribe para los lectores. De ahí que los premios sean efectos colaterales. Uno se fija en los premios que se ha ganado, pero en realidad la vida de un escritor es perder muchos, eso es lo normal. Hay galardones en todo el mundo y uno participa de ellos y no los gana, eso es lo normal. 

Parece que los galardones literarios se han convertido en una forma de consagrar autores...

Yo no creo eso. Existen autores extraordinarios que no han ganado premios y estos no representan una consagración. Los premios son la fotografía del gusto del jurado y es maravilloso ser finalista en un concurso, eso hace que el libro gane notoriedad.

La literatura no es una ciencia exacta y no se puede decir la calidad literaria de una obra corresponda a los premios que gane. 

Cuando se escoge entre libros en una final de un concurso no se hace necesariamente una comparación de calidad, muchas veces eso depende del gusto. 

¿Cuáles son sus obsesiones como escritor?

Mi ejercicio de escritura es, ante todo, en la novela. Yo he escrito mucho, he hecho periodismo y cuento, pero lo que más me interesa es la novela  y escribo para entender mi vida y la vida de quienes me circundan. La literatura es eso, una forma de pensar el mundo y escribir; por supuesto, es una forma de pensar. A mí no me gusta una novela por el tema, a mí me gusta una novela por la visión del mundo que el autor propone y por eso, cuando leo a un autor, procuro leer toda su obra. Y bueno, el modo en que uno lee es también el modo en que uno escribe. 

En su novela aparece como personaje el poeta Rimbaud. ¿Qué influencia tiene él en usted?

Para mí, Rimbaud ese el más grande autor de Francia en el siglo XIX. Él señaló un camino y la poesía y la literatura del siglo XX se mueven en esa dirección. 

Rimbaud fue un hombre que desconfió de la racionalidad y huyó de ella. Como lo llamó William Ospina, él es el primer prófugo de Occidente y es un hombre que busca volver, que busca regresar. En mi vida los viajes están muy presentes, yo viajo mucho y siento que mi vida es una búsqueda constante, una búsqueda por encontrar un lugar en el que me sienta bien. 

¿Usted también pasó por ese proceso de ‘parricidio’ por el que muchos escritores colombianos debieron pasar, respecto a García Márquez?

No, yo soy de una generación muy alejada de García Márquez. Cuando yo lo leí tenía creo que 12 años y él ya era un gigante. Yo lo conocí y llegué a sentarme con él y nunca lo traté como un amigo o como un colega. No, él es un maestro. Pero yo no tuve influencia de él, mi mundo es muy lejano, no es el mundo de la costa y del mar, es el mundo frío de Bogotá y de Europa. 

¿Cuáles son sus autores predilectos entre los contemporáneos?

Para mí los más grandes escritores de novela en la actualidad son Michelle Houllebecq, que es Francés; Javier Marías, español y Martin Amis, inglés. A ellos los leo constantemente y hay otros que también me interesan como Jhonatan Franzen y el salvadoreño Horacio Castellanos Moya. 

¿Cuál es su opinión de la producción literaria colombiana?

Me parece que es muy buena, que es mucha y que es de muy alta calidad. En el país se está haciendo de todo tipo de novela, novela negra, histórica, realista, naturalista. Hay muchos autores muy variados que son leídos en todo el mundo y, sobre todo, hay una especie de profesionalización del oficio.

En este momento se está escribiendo sobre todo y la literatura ha mostrado que se ha adelantado a muchos debates sociales. Por ejemplo, la literatura se adelantó al debate por el respeto de la comunidad Lgbt. A principios del siglo XX Alonso Sánchez Baute, con ‘La maldita primavera’, ya abría una puerta para que se diera ese debate. Y sobre otros tópicos también es así: el debate sobre las drogas, el revisionismo histórico. La literatura ha llegado mucho antes a esos temas. 

¿Es difícil ser escritor en Colombia?

Hay escritores que pueden vivir solo de sus libros, pocos, pero los hay. Hay otros que son periodistas y hay muchos que son profesores. La literatura está en crisis, como todo en el mundo. Yo no escribo para ganar dinero ni para ganar premios, yo escribo para mis lectores, porque me gusta leer y porque a través de la lectura y la escritura puedo acceder a un mundo superior. 

¿Cuándo usted dice que la literatura está en crisis, a qué se refiere?

Dentro de la industria de los libros la operación literaria es cada vez más reducida, se ha ido desplazando. Hace unos años los libros que más se vendían eran los de literatura, las novelas, la poesía, el teatro, los cuentos. Ahora, es probable que lo que más se venda sea la autoayuda. Eso es una crisis que, a mi juicio, está viviendo la literatura.

“Yo no escribo para ganar dinero ni para ganar premios, yo escribo para mis lectores”, Santiago Gamboa, escritor.

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