Noches latinas en Katmandú

Noviembre 02, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Juanita Malagón | Especial para GACETA

En los últimos años la salsa se ha vuelto muy popular en Nepal. Las razones abundan: acceso a internet y canales de TV internacionales. Allá, sin embargo, existen códigos curiosos para esta práctica: no coquetear, no acercarse demasiado, y no alardear de los pasos de baile. Salsa de exportación.

Son las 8:30 de la noche del martes y en Jhamsikhel, la zona rosa de Katmandú, retumban las voces de Joe Arroyo y Juanes. Un grupo de gente se guía por la canción ‘La noche’ y entra al restaurante bar Tamarind, en el corazón de la capital nepalí. A juzgar por el número de carros en el parqueadero y los niveles de la música, la fiesta promete estar animada. No me equivoco. Adentro, en la pista de baile, ocho parejas se mueven sin parar. Y cómo no, las canciones de Celia Cruz, Marc Anthony y el grupo Niche suenan a reventar. Es que hoy, como todos los martes, es la Noche Latina. Y los que bailan no son extranjeros ni turistas, sino en su mayoría nativos de Nepal, ese país asiático incrustado en la inmensidad del Himalaya, entre China e India.Ellos saben cómo moverse con soltura al ritmo de la salsa, el merengue, el chachachá. Todos conocen los movimientos: atrás-atrás-adelante-pausa, adelante-adelante-atrás-pausa, paso lateral, paso cruzado, vuelta, y otra vez. Algunas mujeres, incluso, usan zapatos especializados de baile. En los últimos años la salsa se ha vuelto muy popular entre los nepalíes. Las razones abundan: acceso a internet, exposición a canales de TV internacionales, reality shows de baile como ‘Bailando con las estrellas’, canales de música, Bollywood y un gran interés en explorar diferentes formas de expresión. Riyaj Shrestha, profesor de salsa y quien sale dos veces a la semana a bailar, cree que el baile latino es muy popular en su país porque es una forma de rebelión. “Nosotros no bailamos en pareja y nuestros bailes no aceptan estar tan cerca entre sí. La salsa es una expresión. Las canciones te hacen mover. El swing latino es tan animado que te hace disfrutar la música y también la vida. Cuando empiezan a tocar, yo simplemente olvido mis problemas”, dice Riyaj durante una pausa entre canción y canción.Él explica que no tiene horarios fijos para enseñar y que lo hace de acuerdo a la demanda. En cuatro años de enseñar salsa ha tenido 50 estudiantes y el 80 por ciento son de Napali. “Los martes y jueves los tengo reservados para bailar salsa con mis amigos. Nos reunimos sólo por el placer de bailar. Nunca he dudado en venir y jamás me he aburrido. En los primeros seis meses de inaugurada la Noche Latina, no venía mucha gente. De pronto fue como un ¡boom! La gente empezó a llegar cada semana. Es como si estuvieran adictos a la música”, bromea Riyaj.A Riyaj lo acompaña cada noche su esposa, Malvika Subba, Miss Nepal 2002. Ella confiesa que le encanta el ritmo latino y lo demuestra moviendo sus caderas. A menudo recibe halagos de los demás y hasta le han preguntado si tiene sangre latina. Ashok Bhandari, profesor de matemáticas medio tiempo y de salsa el otro medio, dice que la salsa es un baile hermoso. “Es así de sencillo: ver a otros bailar me produce felicidad. Es divertido moverse y aún más divertido ver a otros hacerlo”, dice Ashok en el estudio donde enseña tres veces a la semana a extranjeros y locales.Los nepalíes han incorporado el ritmo latino bien porque no son extraños a la música, la llevan en sus venas. Ashok y Riyaj concuerdan en que los nepalíes aprenden muy rápido. Sin embargo es difícil enseñarles al principio porque después de todo, los movimientos son nuevos. Pero una vez los aprenden, adoptan fácilmente el ritmo. Ellos, que son profesores graduados en academias de Estados Unidos e India, explican que la diferencia entre latinos y nepalíes es que los primeros no hacen pasos complicados o combinaciones aprendidas en la academia a diferencia de los asiáticos. Los latinos disfrutan, se dejan llevar por el oído y la música y no piensan en las tecnicidades del baile. “El baile de los latinos es más sabroso mientras que el de nosotros es más técnico y se ve un poco mecánico”, dice Ashok con esa sonrisa amplia característica de los nepalíes. El contacto físico entre personas del sexo opuesto es mínimo en Nepal -un ejemplo cotidiano es que no estrechan las manos al saludarse sino que unen sus palmas a la altura del pecho y dicen Namaste- y esa proximidad (o falta de) en un baile nuevo puede prestarse para malentendidos donde uno de la pareja aprieta demasiado o toca donde no debe. Es que bailar apretados puede resultar intimidante, por eso, junto con los pasos de baile, las academias enseñan protocolo. Los profesores hacen énfasis en los pasos y etiqueta al bailar lo que significa respetar el espacio personal. “Nosotros decimos, respeten al otro y no vuelvan el baile vulgar”, dice Ashok. Un alemán y un ecuatoriano fueron los primeros en llevar el ritmo latino a Nepal a fines de los 90 y el nepalí Binayek Das Shrestha fue el pionero en implementarlo profesionalmente. Con estudios de salsa en Estados Unidos y certificados en otros países asiáticos, Binayek es el fundador y director de Salsa Dance Academy, una escuela de baile en el corazón de Katmandú. En los 12 años que lleva funcionando ha tenido más de 6,000 estudiantes.Desde el segundo piso de la escuela y mirando por la ventana que da a un enorme y sagrado árbol de breva, explica que de los 70 estudiantes que tiene hoy día, 99% es nepalí. Las edades varían entre 18 y 45 años y ahora, por primera vez los hombres encabezan la lista de participantes. La mitad de los estudiantes toma sólo un mes, y un cuarto se queda por más de seis. Los nepalíes están viendo la importancia de bailar salsa o cualquier otro ritmo. Los beneficios que trae y de los que hablan investigadores de la Clínica de Mayo van incluido en la charla del aprendizaje: Reduce niveles de estrés, aumenta la energía, incrementa la tonicidad muscular y la coordinación, y aumenta la fortaleza física.Binayek dice que sus estudiantes ven con sus propios ojos esas y otras ventajas. Por ejemplo, se aumentan los contactos y se afianzan las destrezas sociales como interactuar con extraños y perder la timidez; hace sentir mejor a la persona; y aumenta la autoestima. Binayek habla también del papel que tiene en la globalización, “Aumenta el interés y por ende el conocimiento de culturas tan diferentes y lejanas -como la latina-”.Por esto, no es extraño que cuando alguien joven en Nepal conoce a un colombiano, quien quiera que sea, lo primero que le pregunte es si sabe bailar salsa. Luego viene la siguiente pregunta: “¿Y te mueves como Shakira?”.

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