No solo del ‘aguante’ se vive en Aguablanca

Junio 22, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Jessica Mesa * Especial para GACETA
No solo del ‘aguante’  se vive en Aguablanca

Robinson Ruiz, hoy llamado Robinson Cruzó, es el protagonista de ‘D’aguante’, un cortometraje que narra la vida de un hombre que se vé involucrado en un hecho desafortunado.

Un corto realizado en el Distrito de Aguablanca fue reconocido por el Premio Víctor Nieto. Hoy, sus realizadores sueñan con volverla una película. Historias que cruzan fronteras imaginarias.

Suena un disparo. La calle está oscura y solitaria. De repente, un cuerpo aparece tirado en el suelo. Frey, asustado, se acerca para saber quién es el muerto. Justo entonces pasa lo que no debe pasar: que alguien más se acerca a la escena del crimen y supone lo que no debe suponer: que Frey ha asesinado a esa persona que yace inerte sobre el asfalto. Entonces Frey corre. Rápido. Escapa. Esta escena, que bien podría ser parte de un espeluznante ‘thriller’ de esos que aparecen en las carteleras de cine, es, en realidad, la escena inicial de un cortometraje realizado en el distrito de Aguablanca, en Cali, en donde muertes como esa suceden con una frecuencia mucho mayor de la que quisiéramos admitir.Se trata de ‘D’aguante’, una película de 12 minutos —hecha de manera artesanal pero en HD’—, que estuvo guardada cinco años después de terminada, para despertar luego con una noticia que parecía inverosímil: había sido elegida como ganadora del premio Víctor Nieto a mejor corto, un premio alterno al oficial que se entrega dentro del marco del Festival Internacional de Cine de Cartagena. La película narra la vida de Frey, un habitante de la comuna 15 de Cali, cuyos días transcurren en los barrios Mojica y la colonia Nariñense. Es un corto protagonizado por Robinson Ruiz, también habitante de la Comuna 15, y cuya vida se parece mucho a esa de Frey, a la de ser señalado solo por el hecho de ser negro y vivir en Aguablanca. Robinson, 36 años, hoy disc jockey reconocido por la juventud caleña, cuenta que la historia se le ocurrió una mañana cualquiera, hace ya cinco años, cuando trabajaba en un proyecto con un canal regional y que involucraba organizaciones del sector. Quería contar esa historia que sucede cada noche en sus barrios, la de la estigmatización, la de la persecución, la del miedo, pero también la de la esperanza. “Un día fui al apartamento de un amigo que sabe del tema de producción y le insistí muchas veces que teníamos que hacer la película. Él se reía de la forma como se lo pedía: ‘¡Tenés que dirigir esto, men, tenés que dirigir esto!’. Es que yo no podía ser a la vez el director, el barrendero y el protagonista”, cuenta hoy entre risas Robinson, quien finalmente convenció a su amigo Carlos Arias, y conformó un ‘parche’ de película.***Frey llega a casa para descubrir que el retrato hablado del asesino es su propia cara. La persona que lo vio dio sus características y ahora por él se ofrece una jugosa recompensa. Sintiéndose atrapado, decide pedirle a un amigo que lo entregue y reclame la recompensa, y que con ese dinero le dé parte a su esposa para pagar sus deudas y con el resto contrate a un abogado para sacarlo de la cárcel. El amigo, claro, lo entrega. Pero no sigue las instrucciones al recibir el dinero. La palabra traición se conjuga en su sonrisa. ¿Amigos? Tal vez no. “Esa parte es tenaz, pero hace parte de la realidad que vivimos. Sin embargo, el final no es truculento. Al final Frey logra salir adelante, y lo que quiero decirles a todos es que quien tiene fe en sus proyectos puede salir adelante como lo hemos hecho nosotros”, explica.Quizá tenga razón, Robinson. Es que quien habla es un ‘pelado’ de 36 años que luego de ser estigmatizado por ser negro y ser de Aguablanca logró ‘cruzar’ la frontera imaginaria que divide al Distrito del resto de Cali. “Quien ha venido acá, conoce las dificultades, los estigmas que enfrentamos. Y cruzar esa barrera no es fácil”.Él no solo la cruzó, sino que pudo cambiar el destino con el que nacen muchos allá. Ahora es locutor de Caracol, en donde trabaja para programas Las 40 principales y lidera proyectos culturales. Es un referente para la juventud de la ciudad. Tanto cambió su vida, que un día decidió cambiarse de apellido. Cambió el Ruiz por el Cruzó, un juego de palabras entre el célebre naúfrago de Daniel Defoe (Crusoe) y el hecho de ‘cruzar’ esa línea divisoria. Robinson se siente un privilegiado. “Es que soy un referente para la juventud del Distrito. Ellos ven en mí la posibilidad de salir adelante, por eso me piden consejos y eso me halaga, pero también me llena de responsabilidad y compromisos”. Uno de esos compromisos es convertir el corto en una película. Es que la idea inicial era esa, pero hace seis años no estaban preparados para hacer cine de verdad. Ahora sí. Con la experiencia adquirida, y con la unión de los colectivos culturales de Aguablanca, está seguro de que sí se puede. Entonces habla del premio Víctor Nieto. “Es un premio alternativo para el cine comunitario y nosotros fuimos seleccionados entre 700 trabajos como el mejor”, cuenta Robinson. Allá llegaron luego de haber presentado el trabajo en El Espejo Film Festival, un concurso organizado en Bogotá para trabajos realizados en escuelas de cine.Robinson no se imaginó que su idea fuera a llegar tan lejos. Y es que aquí sí vale el cliché de haberse hecho “con la uñas”. Para ahorrar gastos, por ejemplo, el mercado de las pulgas hizo las veces de centro comercial, y los actores eran todos naturales, del mismo barrio, que se unieron al proyecto por convicción. “Lo bueno de esto es que aparecen los rostros verdaderos de quienes viven en esta zona”.Igual sucedió con la entonces llamada Colonia Nariñense, uno de los sectores más temidos de Aguablanca. Fueron a grabar allí acompañados de policías, pero la sorpresa fue que la gente los recibió de manera muy cordial, les prestaron una casa para grabar una de las escenas y no hubo ningún inconveniente. Se respiraba un aire de solidaridad. Por eso hoy, cuando Robinson habla de catapultar esa idea de cruzar la calle, uno le cree. Uno cree que sí se puede. Que no todo el Aguablanca tiene que ser el ‘aguante’.*Estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Autónoma de Occidente.

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