“No podía adentrarme en la intimidad del personaje sin abordar la mía propia”: Alfonso Buitrago

Diciembre 13, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de GACETA
“No podía adentrarme en la intimidad del personaje sin abordar la mía propia”: Alfonso Buitrago

Entrevista. Este escritor y periodista paisa se dio a la tarea de remontar los años de su propia vida para narrar ‘El hombre que no quería ser padre’, un reportaje personal en cuyas páginas logra desacralizar la figura del padre. Café para la memoria.

Alfonso, ¿cuál es el punto de partida de este libro? ¿Cómo convertir al propio padre en el personaje de un reportaje personal?El libro empezó con la idea de escribirle una carta a un hombre fundamental en mi formación y a quien yo quería decirle cómo lo veía y lo que significaba para mí. Al mismo tiempo, era un hombre cuya vida me parecía que expresaba un carácter y muchas de las contradicciones de Medellín, donde vivo. Por eso decidí que esa carta tendría forma de reportaje, porque a través de su vida y mi relación con él quería hablar de la sociedad donde nos habíamos hecho padre e hijo.¿Cómo fue, en su caso, ese proceso de redescubrir al padre, de desacralizarlo? No debe ser fácil dejar de lado al hijo que hace memoria para que el periodista haga su labor de investigar...La labor principal de “desacralizar” la figura del padre la hizo él mismo a lo largo de su vida. El libro cuenta precisamente ese proceso y lo que eso significa para la vida del hijo, para saber quién es, en qué cree, cómo se enfrenta a la enfermedad, al amor filial, a la muerte. La investigación periodística le suma voces a la historia y reivindica el tremendo valor que una persona del común, un taxista, tiene para hablar de temas sociales.¿Cómo fue el proceso de investigación para buscar pistas o atar cabos de la historia de Alonso Buitrago? Todo el proceso duró unos cinco años. Desde que le diagnosticaron cáncer de garganta hasta tres años después de su muerte. La investigación incluyó a los médicos que lo trataron, sus amigos de toda la vida, sus familiares, visité el lugar donde nació, los colegios en los que estudió, las casas en las que vivió. El último año lo dediqué casi exclusivamente a completar la reportería y a la escritura.¿Con qué ojos ve a ese padre hoy? Algunos siguen creyendo que en algún momento hay que 'matar' al padre para seguir viviendo...La visión que tenía de mi padre no cambió radicalmente con la escritura del libro, lo que me permitió fue entrar en contacto con muchas personas que también sentían la necesidad de explorar esa figura y entender su relación con la forma como somos. Si “matar” significa conocer, confrontar y compartir, sí creo que nos ayuda a vivir mejor.Muchos autores caen en la tentación de escribir ficción. Quizá sea un terreno más cómodo para narrar. ¿Por qué acudió al periodismo para contar esto?Tenía la intención de quitarle un tema propio de la novela y dárselo al periodismo, hacer un retrato periodístico lo más cercano posible y comprobar hasta donde podía llegar contando la intimidad de una persona. En la línea delgada del periodismo literario, en esa relación promiscua con la literatura de la que hablan algunos, no debería haber temas exclusivos. Además, la reportería me permitió contar con mayor precisión la época y la ciudad en las que vivió el personaje.¿Qué tan sencillo o complicado es sacar a la luz la intimidad de uno mismo: la fragilidad, los miedos, los abismos?Era un compromiso. No podía adentrarme en la intimidad del personaje sin abordar la mía propia. La ambición de entender el significado de la figura del padre imponía al mismo tiempo tener que exponer parte de la propia vida para conseguir develar un conocimiento mutuo.¿Cómo esquivó el melodrama?El drama está para mostrar la vida y el pensamiento de un personaje que encarna una posición ética y política con respecto a la forma como funciona la familia y como nos relacionamos en una ciudad con marcadas contradicciones sociales. No se trata de la historia de mi padre, sino de un padre en rebeldía y constante lucha contra las condiciones en las que tuvo que vivir.Hay referentes de este tipo de relatos, como ‘El olvido que seremos’... Existe una ‘tradición’ contemporánea de literatura sobre el padre: Philip Roth, Paul Auster, Raymond Carver, Orhan Pamuk, V.S. Naipaul, Martin Amis. Ellos me mostraron cómo encarar mi libro. El de Héctor Abad fue una comprobación: desentrañar la figura del padre trae profundas consecuencias. Pero ninguno hizo un relato periodístico aunque ‘Honrarás a tu padre’ de Gay Talese o ‘El secreto de Joe Gould’ de Joseph Mitchell me influyeron.

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