"Muchos extranjeros vienen a Cali por sexo y drogas, pero esa imagen no me interesa": Michael Wildman

"Muchos extranjeros vienen a Cali por sexo y drogas, pero esa imagen no me interesa": Michael Wildman

Febrero 25, 2018 - 01:29 p.m. Por:
Yefferson Ospina / Periodista de Gaceta
Michael Wildman

Michael Wildman, fotógrafo escocés.

Jorge Orozco / El País

Michael Wildman lo dice con un cierto dejo de humor: en la calle la gente lo mira con extrañeza, como a una especie de Quijote -usa barba al estilo de don Alonso Quijano y suele llevar un sombrero de fieltro- extraviado en las calles de esta ciudad.

Quizá nunca antes Wildman estuvo tan obligado a la pura observación: es escocés, habla muy poco español, apenas lo entiende, y hace tres meses llegó de Edimburgo a Cali, donde la semana pasada presentó una exposición de fotografías y proyecta iniciar varios cursos de fotografía analógica.

Wildman es no solo aquello que se conoce como un fotógrafo urbano -un tipo que se dedica a tratar de comprender las ciudades y la gente que las habita a partir de su cámara- sino que también es, en cierto sentido, un romántico.

Sus fotos han sido exhibidas en Escocia, en Inglaterra, en ciudades como Edimburgo y Glasgow, y algunas de ellas han sido seleccionadas para varias ediciones de la revista 'Lens Culture', una de las publicaciones de fotografía más importantes del mundo.

Ha recorrido Argentina, Chile y Bolivia, y ahora está en Cali, Colombia, buscando otros ángulos, otras imágenes, otras perspectivas para su obra, con su cámara análoga, haciendo fotografías que no retoca en Photoshop, que alguna vez revelaba él mismo y que ahora envía a un laboratorio en Bogotá.

¿Cómo negar que en Wildman hay algo de quijotesco más allá de su barba y su figura delgada?

Michael Wildman fotografía

Una de las fotos de Wildman seleccionada por la revista Lens Culture.

Michael Wildman / Especial para El País


*
La historia de cómo Wildman llegó a Cali es, como tantas otras, una historia de amor. Hace varios años Wildman conoció a Adriana Carolina Borda, una bogotana que entonces trabajaba en Escocia.

Se enamoró, se enamoraron, la mujer regresó a Colombia y él vino tras ella. Luego fueron a Bolivia y ahora están en Cali, donde ella trabaja como directora de investigaciones para un banco.  Aquella vuelta del destino, dice Wildman, le ha prodigado la posibilidad de agregar una mirada a su obra fotográfica.

Antes de convertirse en fotógrafo trabajó en varias compañías en Estados Unidos y en Europa, luego se convirtió en modelo para fotografías y, después, en medio de algo que él llama una búsqueda de sí mismo, encontró la cámara como posibilidad de hallarse y, también, de encontrar a otros.

Y esa búsqueda ha terminado en pequeñas epifanías, descubrimientos cotidianos de otros puntos de vista, de formas de verse a sí mismo, de ver a quienes retrata desde ángulos que los propios modelos desconocían.

Wildman fotografías

Imagen tomada en Silvia, Cauca.

Michael Wildman / Especial para El País


*
Sus fotos son miradas reposadas, de una complejidad estética evidente, pero también de una especie de naturalidad que alcanza una poesía secreta de lo cotidiano.  Desde noviembre del año pasado, cuando llegó a Cali, Wildman ha estado en Popayán, en Silvia y en Toribío, en el Cauca, haciendo eso que define como su más imperiosa necesidad: fotografiar.
Y lo que sorprende de sus imágenes es, justamente, el cambio de punto de vista.

El cliché sería la historia de un europeo fotógrafo que llega hasta una ciudad del tercer mundo, y luego viaja a pueblos de ese tercer mundo en donde se ha vivido una guerra, para fotografiar los estragos de ese conflicto. Es decir, para tratar de contar algo sobre lo cual los hombres y mujeres que viven en esos pueblos ya han vivido bastante.

Sin embargo, sus fotos nada tienen que ver con aquello. Son, de hecho, imágenes de personas que están por ahí, que trabajan, que viven las contradicciones y alegrías diarias de la existencia, como las vive cualquier hombre o mujer en Edimburgo, o en China, o en Oslo, o en Silvia y Toribío, Cauca.

En esas imágenes no aparecen disparos, ni casas destruidas, ni paredes maltrechas, ni techos rotos. No, solo hombres, mujeres, que viven, en cuyos rostros se adivina una historia más allá de la guerra, más allá de la violencia.

Wildman dice que, justamente, su trabajo lo que se propone es un entendimiento del otro, una comunicación que sobrepase lo que es evidente.  Un principio estético que deviene en uno ético. Wildman dice que los medios de comunicación suelen crear imágenes que no son del
todo ciertas, que exageran ciertos rasgos de algo o de alguien, y que esconden otros.

Michael Wildman fotografía

Imagen tomada en la plaza principal de Popayán.

Michael Wildman / Especial para El País


Como un europeo que descubre a Colombia, ha podido entender que aquello de la imagen de un país completamente abatido por la violencia es solo una imagen fragmentada de una realidad humana más rica, y eso es lo que trata de retratar: ese otro ángulo de un país que parece que hemos olvidado los propios colombianos. Una imagen que no esté atravesada por la violencia y la guerra.

*
Hay cosas, sin embargo, que están establecidas con una fuerza implacable, que no ceden.

Wildman camina las calles de Cali con la admiración de quien descubre un mundo, salvo que no puede llevar su cámara fotográfica descubierta para retratar a quien desee, como ha acostumbrado a hacerlo siempre.
Las razones de esa decisión son obvias para cualquiera que viva en esta ciudad. Pero está bien, dice, es parte de los descubrimientos.

-¿Y qué visión se ha hecho de Cali? Pregunto.

Para empezar, dice, Cali no cabe en una visión, sino en muchas. Cali es una diversidad abrumadora de colores, de sabores, de razas, una riqueza que él no había conocido antes, una serie de contrastes brutales, entre el negro y el blanco y entre lo opulento y lo escaso, entre el ruido y el silencio.

“Hay una idea entre extranjeros de una Cali bohemia, con alcohol, sexo, músicas, drogas, todo al alcance de la mano, un clima exótico y demás. Esa es una Cali que mucha gente viene a buscar, pero que a mí no me interesa para nada. Yo busco algo que es más profundo, que es más humano y que por tanto es también más genuino, que está en la calle, en la gente que camina al trabajo, en las señoras que venden frutas, en la gente que camina cantando”.

Entre las fotografías que ha hecho de la ciudad hay una en la que un hombre, vestido de overol, casco, botas de trabajo, hala con un esfuerzo resignado un cable que parece sostener un gran peso.

La fotografía, como todas las de Wildman, está hecha con su cámara analógica Pentax de 6 x 7 centímetros, está en blanco y negro pero se puede percibir el duro sol, las sombras recortadas con perfecta nitidez sobre el asfalto, mientras el hombre mira al suelo, concentrado en la necesidad de mover eso que no se sabe qué es, pero que parece demasiado pesado.

Una especie de Sísifo cargando la roca a la que lo condenaron los dioses.
Una visión ni siquiera metafórica, sino más bien poéticamente literal de lo que también es esta ciudad, entregada por un escocés: una ciudad que hala ese peso, no se sabe muy bien de qué, pero que intenta moverlo, con fuerza, como quien no está dispuesto a rendirse.

Michael Wildman fotografía

Imagen tomada en Cali, en el barrio Bella Suiza.

Michael Wildman / Especial para El País

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad