Misión imposible también se agota

Agosto 16, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez | Especial para GACETA.
Misión imposible también se agota

Ethan Hunt, protagnista de misión imposible

La última entrega de ‘Misión imposible: nación secreta’ deja en evidencia que la saga empieza a agotarse. No solo porque sus protagonistas envejecen, sino por la repetición de trucos, estrategias y escapismos que ya no sorprenden como antes.

Como en sus versiones anteriores, ‘Misión imposible 5’, que lleva por apellido ‘Nación secreta’ empieza con una secuencia arriesgada que nos pone al borde de la silla en los primeros minutos del arranque. No podía ser de otra manera. Ethan Hunt cuelga de la puerta de un avión que se eleva por los cielos a gran velocidad y después de luchar contra el viento por fin la puerta es abierta gracias a las maniobras cibernéticas que hace su compañero de equipo en tierra. Entonces el agente se cuela en el interior de la aeronave y de manera astuta (sólo como él sabe hacerlo, por supuesto), consigue amarrarse a una carga de peligrosas armas químicas y salta del avión llevándolas consigo sostenido a un paracaídas. ¡De nuevo lo ha hecho! ¡Ha librado al mundo del mal! Y la mecha se enciende y los acordes clásicos de la serie estallan a pleno en la sala y los corazones de sus seguidores saltan y casi al borde de las lágrimas agradecen que por fin haya terminado la espera.

Pero el globo se desinfla pronto y la historia cae en una inercia de escenas sostenidas con explicaciones con las que intentan demostrar a sus espectadores por qué es tan importante esta película. Pero al igual que en la vida (explicación no pedida, culpa manifiesta…), las explicaciones sobran, cuando las acciones hablan. Diálogos, audiencias y declaraciones, mucho ruido y pocas nueces para contar que la agencia a la que pertenecen Hunt y sus compañeros (la Fuerza de Misión Imposible) está por desaparecer por cuenta de manejos e intrigas políticas.

En todo este contexto Hunt ha quedado aislado, intentando encontrar respuestas a este extraño complot que ha cobrado la vida de varios agentes y que también amenaza con la suya. Entonces el agente empieza su propia búsqueda de respuestas, luchando solo contra el sistema y encontrando la manera de desmantelar el complot que se ha armado en su contra. En su camino logra cautivar a un par de compañeros (Jeremy Renner y Ving Rhames) que terminan soportándolo en persecuciones y escenas un tanto cómicas. Sin embargo, a pesar de acompañarse de estos y de otros actores de renombre (Alec Baldwin entre ellos) nos queda claro que en esta película el importante es él.

Así, a medida que avanza la película, la gran promesa inicial, aquella que aseguraba a sus seguidores, encontrarse frente a otro episodio ‘trepidante’ se evapora en medio de persecuciones, algunas bastante bien logradas, y hallazgos que si bien son interesantes no resultan ser nada novedoso en la saga. ¿Sería atrevido pedirle más? Tal vez el problema está en los ojos que miran esta producción con la pretensión de dejarse sorprender como solía hacerlo en otros tiempos ya lejanos.

Porque en esta, aunque no faltan las trampas, las presiones del sistema, las traiciones y los planes con los que se pretende desenmascarar a los malos, la película no logra el mediano estándar que alcanzaron las otras. En esta versión surgen muchas preguntas que, al final, quedan en el aire enredadas en dos o tres secuencias de tesitura similar a la del arranque con las que se puede justificar el costo de la producción (y de la boleta). Pero esto no basta. Ya no.

Lo cierto es que ‘Nación secreta’ parece estar muy por debajo del estándar de la saga, de aquellas versiones que exhibían estrategias sorprendentes, armas innovadoras y el peligro latente, aquel bendito suspenso, que termina siendo en definitiva el elemento más importante de este género cinematográfico.

¿Qué hace entonces que esta versión, que tiene los ingredientes de siempre, no sea como sus antecesoras? ¿Habrán metido el pastel al horno frío y por esto no creció la masa?

Tal vez faltó armar mejor la historia, crecer las subtramas y claro, darle más juego otros actores para bajarle el rol ególatra a Tom Cruise quien cada vez se esfuerza en hacer más méritos para convertirse en el próximo 007. Lejos han quedado los días de misiones compartidas, el trabajo en equipo donde todos los miembros de la agencia hacían gala de su experticia y eran indispensables. Ahora todos han sucumbido ante la imagen del agente poderoso que resuelve todo solo, al mejor estilo de un súper héroe. Por el mismo motivo las misiones que antes podían ser increíbles, bien armadas y sorprendentes, ya no existen.

A pesar de esto y de la repetición de engaños que ya hemos visto en sus antecesoras, las máscaras, los dardos para dormir, los juegos con cámaras y golpes por la espalda, ‘Misión imposible: nación Secreta’ no convence con aquella estrategia comercial de ser la misión más importante de todas.

Apenas si mantiene a los espectadores más entretenidos que expectantes. Este juego ya no parece propio de los detectives sino de enredos casi cómicos, resultado de la confusión. Se nos rompió el amor…  

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