Melba Escobar critica la sociedad del 'usted no sabe quién soy yo'

Melba Escobar critica la sociedad del 'usted no sabe quién soy yo'

Marzo 15, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Catalina Villa l Editora de GACETA
Melba Escobar critica la sociedad del 'usted no sabe quién soy yo'

Tras presentar su novela en Cali, la autora de ‘Duermevela’ (2010) y ‘Johnny y el mar’, (2013) sostuvo un diálogo con GACETA.

Luego de ‘Duermevela’ y ‘Johnny y el mar’, la escritora caleña presenta su tercera novela, ‘La Casa de la Belleza’. Una historia que tiene lugar en un centro de estética y que desnuda esa sociedad del ‘Usted no sabe quién soy yo’.

Su idea original nunca fue escribir un ‘thriller’. No había planeado narrar un crimen ni señalar sospechosos ni descubrir al asesino. Lo que tenía en mente la escritora caleña Melba Escobar era narrar la realidad con la que a diario nos tropezamos los colombianos, esa de una sociedad arribista que mira con desdén a los que vienen de ‘abajo’; la del abuso del poder; la de cierto micro cosmos femenino en el que el culto al cuerpo y la subordinación ante la figura del hombre son los ejes sobre los cuales gira su vida. Por eso, que su historia terminara convertida en una novela negra fue casi un accidente. "Yo tenía ya muy descrito el salón de belleza que me interesaba desde el punto de vista social y literario, cuando me quedé sin gasolina. Fue entonces cuando entendí que tendría que matar a alguien para darle cuerda a la historia". Y así lo hizo. Solo en ese punto empezó a ser más consciente de autores del género que le gustan, como el peruano Alonso Cueto y la argentina Claudia Piñeiro. “El thriller es por excelencia un género a la medida de la novela social. Lo era en el siglo XIX con obras como ‘Crimen y castigo’ de Dostoievsky y hoy día cuenta con excepcionales exponentes en América Latina”, dice Escobar, también columnista de El País. De ‘La Casa de la Belleza’ se podría decir que es ambas cosas. Pero más allá de las etiquetas, lo más atractivo de esta novela radica en la dura crítica que hace entre líneas a la forma en que, en nuestro país, los estratos altos se relacionan con los que vienen ‘de abajo’; una relación en la que priman el desprecio, la violencia y el servilismo y en donde hace carrera el por estos días tan popular dicho de ‘Usted no sabe quién soy yo’. “Supongo que somos arribistas, clasistas, sexistas y racistas por una ausencia de institucionalidad que lleva a los individuos a sentir que deben representar un poder por sí mismos, ser su propio poder”, explica Escobar. Tras presentar su novela en Cali, la autora de ‘Duermevela’ (2010) y ‘Johnny y el mar’, (2013) sostuvo un diálogo con GACETA. En ‘La Casa de la Belleza’ hay dos críticas claras: la primera, a esa diferencia de clases sociales tan marcada en nuestro país y a la subordinación femenina hacia el hombre. ¿Qué la impulsa a abordar esas temáticas?Visité este salón de belleza en un par de ocasiones. Cuando iba siempre salía con el impulso de escribir. Al final, el salón de belleza es un microuniverso que funciona con sus propias reglas de juego, tiene sus rituales, sus códigos de conducta, es un lugar muy particular donde además las mujeres son cómplices, rivales y contraparte. Me interesaba explorar la belleza como algo más allá de sí mismo, una escalera para ascender en la escala social, en el caso de tantas mujeres en Colombia, una careta detrás de la cual ocultarse, o bien la manera de mantener una idealización de la mujer especialmente valorada por los hombres. Creo que estas temáticas nacen de la observación de un país profundamente machista. Ahora bien, creo que queda claro en la novela que tanto hombres como mujeres tienen su cuota de responsabilidad en los hechos que ocurren. En un modelo basado en la mujer como objeto, el hombre acaba también siendo víctima de un ideal que no resulta a la medida de sus expectativas. Él también va tras un espejismo. ¿En qué momento se arraigó tanto ese ‘prototipo’ de “mujer-niña-macho”, como usted lo llama, que rinde culto no solo al cuerpo sino a las marcas, a comprar? Creo que esa estética está muy ligada al poder. Tener dinero en Colombia es lastimosamente una puerta de acceso al poder. Y es quizá por eso que la ostentación del dinero en la ropa, en el diseño de un cuerpo a la medida, en los carros, en las joyas es una manera de hablarles a los demás, un grito silencioso de tu superioridad, una superioridad que se impone con chequera. ¿Por qué somos tan arribistas los colombianos? ¿De dónde nos viene esa necesidad de diferenciarnos socialmente del otro? Somos arribistas, clasistas, sexistas, racistas, y muchos más ‘istas’. Supongo que tiene que ver con una ausencia de institucionalidad que lleva a los individuos a sentir que deben representar un poder por sí mismos, ser su propio poder, tener las herramientas para defenderse de un policía en una prueba de alcoholemia, por poner un ejemplo reciente, o bien el poder para librarse de un juicio penal, como también ha ocurrido. El universo de esta novela es completamente femenino. ¿Escribiendo la novela descubrió acaso que las mujeres somos más duras con nosotras mismas o por el contrario prevalece la solidaridad de género?En los salones que visité, con la gente con quien hablé, por desgracia pude percibir que al menos en esos casos prevalece la rivalidad, la envidia y la competencia por encima de la solidaridad. Sin duda, hay mujeres y hombres capaces de inmensos actos de entrega, pero en la novela se reflejan más los casos donde las personas parecen actuar casi en defensa propia, como si fuese un asunto de supervivencia y no hubiese espacio suficiente para todos. ¿Cómo fue la construcción de Karen, personaje principal de la novela? Es un collage. Hubo una Karen en el salón que frecuentaba, o un inicio de lo que sería el personaje, pero muy pronto dejó de trabajar en este sitio. Luego pasé cuatro días en Cartagena, en casa de una masajista que para mí era la madre de Karen, y muchas de las frases, del decorado y el contexto de Karen tienen lugar ahí. Al final del día, creo que por desgracia en Colombia hay cientos de miles de Karens que la ‘guerrean’ día a día, que a menudo son víctimas de su belleza, de su ingenuidad, de su inmadurez y de esta versión infantil, un poco a lo Disney que algunas personas manejan sobre el amor.¿Qué tan lejos estamos las colombianas de valorar primero lo que somos intelectualmente antes de cómo nos vemos, como el personaje de Claire en la novela?No lo sé, creo que no habría que elegir entre una cosa y la otra, me parece más bien que lo preocupante es que muchas de estas mujeres no son felices. Están siempre inconformes con algo de su aspecto físico, quieren hacerse otra cirugía, cambiarse la nariz, luego los pómulos, los labios, en fin, al final es su manera quizá más primitiva de ‘corregir’ algo torcido que tal vez está más en sus vidas, en sus decisiones o en sus personalidades. Pienso que el personaje de Claire al ser una mujer más sofisticada y con otras preocupaciones, percibe cuáles son los problemas en su vida y lidia con ellos, sin convertirlos en pequeñas fisuras de su rostro o de su cuerpo que hay que arreglar. Usted ha ejercido el periodismo durante varios años ¿Qué tanto de de reportería hay en la novela?Mucho. En un momento dado me solté y quise hacerlo deliberadamente. Es por eso que hay un guiño a sucesos como la muerte de un agente de la DEA en un paseo millonario, la boda de la hija del Procurador, el robo de las EPS, entre otros. ¿Y qué tanto ha influido su voz de columnista?Posiblemente mucho. Creo que el ser columnista lo pone a uno a reflexionar en el país de una manera más holística. A pensar las problemáticas de manera más integrada y amplia. Al final de cuentas, esta es una novela social, una mirada al país actual.La novela tiene una particularidad y es que no está narrada por una sola voz sino por muchas. ¿Cuál es la intención? ¿Es algo que se define desde el inicio del libro o va surgiendo a medida que se va escribiendo?Encontrar la voz fue muy difícil. Al comienzo la voz era solo la de Claire, pero resultaba sofocante y no permitía ver los distintos puntos de vista. Fue así como llegué a una novela coral, con una pluralidad de voces. Su primera novela, ‘Duermevela’, fue autobiográfica. Luego siguió ‘Johnny y el mar’, un libro para público infantil y juvenil. Y ahora un ‘thriller’. ¿Cómo ha sido el proceso de escritura en estos cinco años? ¿Siente que ha ido en el camino de construir una voz propia?Cada libro ha sido completamente distinto: una exploración con una intencionalidad muy específica. En el caso de ‘La Casa de la Belleza’ siento que es un género y una temática que no se agota en esta novela. Todavía hay mucho más para dar en esta dirección. ¿Qué descubrimientos literarios tuvo con ‘La Casa de la Belleza’?Fue un proceso difícil, pero también inmensamente satisfactorio. El primer descubrimiento fue que podía escribir una novela policíaca de casi trescientas páginas con muchos personajes, donde varias mujeres se toman la palabra y donde la estructura es en sí misma un reto. Descubrí que podía hacerlo, ahora espero poder repetirlo. ¿Cómo ha sido la recepción de la novela por parte de los hombres, al tratarse de un universo tan femenino?Algunos preguntan ¿Y yo por qué leería eso? Pero también ha tenido muchísimos lectores masculinos. Pienso que a menudo son los más sorprendidos, pues esta novela les revela un lado de la psicología femenina, así como de sus rituales de vanidad y sus secretos más profundos, que no fácilmente podrían conocer de otra manera.

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