Mariana Garcés, Ministra del Cultura, defiende la nueva ley de cine

Mariana Garcés, Ministra del Cultura, defiende la nueva ley de cine

Julio 30, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co | Gaceta - Lucy Libreros

La Ministra de Cultura, Mariana Garcés, defiende la recientemente aprobada Ley de Cine de 2012, que algunos miran con cautela, pues temen que vaya en detrimento de los realizadores nacionales. De paso, echa una mirada a la gestión cultural de Cali.

Que extranjeros internacionales se interesen por hacer cine en Colombia? No es ciencia ficción. Ya lo hemos vivido: hasta Cartagena llegó Alain Monne con su diva Sophie Marceau, para rodar en 2009 ‘L'homme de Chevet’. Años atrás, en 1986, en La Heroica habían aterrizado Robert De Niro y Jeremy Irons para participar en ‘La misión’. Y cómo olvidar a Javier Bardem y al director Mike Newell, que regresaron el centro histórico cartagenero al Siglo XVII para llevar a la gran pantalla una de las novelas mimadas de Gabo, ‘El amor en los tiempos del cólera’. Eso, que Colombia se convierta en territorio permanente para el rodaje de obras cinematográficas, es el propósito de la Ley de Cine o Ley 150 de 2012, aprobada el pasado 11 de julio. De inmediato, se hicieron escuchar voces escépticas como la del columnista Manuel Drezner, para quien esta ley no ayudará en nada al cine colombiano, pues “los principales beneficiados serán los grandes empresarios extranjeros”; y otras, como las del realizador caleño Antonio Dorado, que la recibieron con “moderado optimismo” y se preguntan cuáles serán los verdaderos beneficios para los realizadores nacionales y para regiones como el Valle del Cauca, que no son precisamente grandes receptoras del turismo internacional. La Ministra de Cultura, Mariana Garcés, sale al paso de esas críticas y resalta que se trata de una herramienta jurídica que ofrecerá beneficios sin precedentes para realizadores que le apuesten al rodaje de películas en Colombia, pues el Estado les devolverá parte de lo que inviertan en servicios cinematográficos dentro del país, lo mismo que en servicios turísticos.Se trata, agrega, de una iniciativa que complementa a la Ley 814 de 2003, gracias a la cual este país pasó de realizar 2 películas por año a las 22 que se proyecta se estrenen en 2012, con gran factura en “bandas sonoras, iluminación, sonido y fotografía, sin contar con ya cuentan con una valiosa participación en festivales internacionales como el de Cannes”.La funcionaria vallecaucana suelta cifras optimistas: Hungría, con una ley del cine similar, pasó de 20 películas por año a rodar 100. Puerto Rico ha logrado que escenas de importantes películas se rueden en su suelo y muchos estados de Estados Unidos, que ofrecen beneficios parecidos a los de la ley colombiana, han visto un crecimiento en su industria cinematográfica del 50%. La meta, confía Garcés, es rodar en un año “cinco películas cuyos presupuestos sean iguales o superiores a US$30 millones”. Para arrancar, ya el Congreso aprobó un presupuesto anual de $25 mil millones.Ministra, ¿cómo beneficia la Ley a los realizadores internacionales y a los nacionales?Lo que busca es que los productores internacionales vean a Colombia como la mejor opción para rodar sus películas. La industria colombiana se fortalecerá: cada productor extranjero que venga debe tener una alianza estratégica con un productor nacional. Así que en esta ley cabemos todos.Pero, el temor es que los realizadores nacionales queden en desventaja…No, de hecho los extranjeros son los que más requisitos deben cumplir: deben constituir una fiducia para garantizar que la inversión sea en nuestro país; se prevé la alianza con un productor nacional y adicionalmente una auditoría. Y el Ministerio de Cultura será veedor de que eso se cumpla. Por ejemplo: una película tiene un presupuesto de US$30 millones y en Colombia alquila personal artístico y técnico por US$3 millones. Sobre ese valor, el productor nacional o extranjero tiene derecho a que se le devuelva el 40% de esa inversión. Otro 20% se les devuelve en gastos relacionados con servicios como hoteles, alimentación y transporte.Pese a que la Ley de 2003 estimuló la industria del cine, aún existen palos en la rueda para los realizadores, sobre todo en términos de distribución…Hoy Colombia tiene unas 600 pantallas y la distribución está en manos de empresas comerciales privadas que funcionan con una dinámica: dejar en cartelera lo que le va bien. El ministerio se reúne permanentemente con ellas a hablar del tema, pero no creemos que la alternativa sea construir teatros del Estado para que se garantizar la distribución del cine nacional. Estamos buscando créditos o arrendar salas comerciales, pero el debate apenas comienza.¿De dónde saldrán esos $25 mil millones que se prevén para 2013? La ley está financiada totalmente con recursos del presupuesto nacional. Los recursos estarán disponibles a partir del 2 de enero 2013, por ahora estamos en la fase de reglamentación.Pero, ¿sí está Colombia preparada para recibir producciones extranjeras? Nosotros ya sabemos contar historias y de varios géneros. Ahora debemos hacer una capacitación en producción, saber hacer, controlar, y ejecutar presupuestos. Porque en el cine internacional la figura más importante es la del productor, quien garantiza el aporte de unos recursos y unos socios. Por eso afuera su figura es tan importante; en Colombia está entendida de otra forma y en eso es necesario trabajar. Esta ley nace como una exigencia del mercado. Cada película genera entre 100 y 150 empleos directos e indirectos, en lo que tiene que ver con equipos, extras, maquilladores. Hace diez años era impensable hacer películas en este país: no teníamos condiciones técnicas, ni creativas, y menos de seguridad. Pero, ¿qué sucederá con los productores más chicos o los que de golpe hagan cine de autor?El cine de autor cabe en esta ley pues no condiciona temas, géneros o que se trate de un proyecto independiente o comercial. No se condiciona el estímulo al posible número de espectadores. El costo mínimo para acceder al estímulo son US$500 mil que, para mí, es bastante reducido, pero que se puede acomodar fácilmente a la realidad de productores pequeños. Ahora, la verdad lo que nosotros queremos es que lleguen películas de grandes presupuestos. La meta, en un año, es que en Colombia se rueden cinco películas con presupuestos iguales o superiores a US$30 millones.¿El Gobierno será generoso con producciones que hablen mal o afecten la imagen de Colombia?Lo que a nosotros como Gobierno nos preocupa es que en grandes producciones (y hay varios ejemplos de Hollywood) se haga referencia a escenarios colombianos, que en realidad no son Colombia, ni están grabados en Colombia. Lo que busca esta Ley es que se grabe en nuestro suelo. Ese es el principio y el fin de esta Ley. No vamos a descalificar contenidos, ni la ley persigue contar bonitas historias de Colombia, sino que sea el escenario de rodaje de grandes películas. Aquí no importa que el realizador ruede en Cali y diga en su película sucede en México.“Cali es de un egoísmo superior”Ministra, ¿por qué en Cali hemos venido tolerando no contar con una política pública para la cultura? Cada secretario llega con su propia visión, echar a andar nuevos procesos y descuida los anteriores…Cali es, sin temor a equivocarme, la ciudad del país que más artistas produce en todas las áreas. Si usted piensa en el cine, es muy fuerte, en danzas, en artes plásticas. Produce música en muchísimos géneros. Sin embargo, lo que hace falta es la definición de una política pública de largo plazo donde quepan todas esas expresiones. Si no fuera así, no me hubiera tocado ir a salvar de emergencia el Festival de Cine, que estuvo a punto de naufragar por falta de gestión.Eso está claro, la pregunta es ¿por qué no lo hemos logrado?En Cali hay gente e instituciones muy valiosas, pero a las que les falta hacer una mirada integral sobre la cultura, no desde un solo foco. No hemos entendido en la ciudad que la cultura es un terreno neutral donde todos cabemos. Al vallecaucano le hace falta ser más generoso. Cali es de un egoísmo superior en muchísimas cosas. Es la ciudad de la gente más querida, pero cuando se trata de trabajar en equipo o respaldar a otro vallecaucano, empiezan los problemas. Parece también un tema de amor propio…Es probable que muchos caleños no sepan que su ciudad tiene una de las redes más grandes de bibliotecas públicas del país, porque no se apropia como debiera de ellas. Cali marcó una pauta en las artes plásticas, hubo una época en que no había otro referente para las artes que La Tertulia. O lo que hace, por ejemplo, Lugar a Dudas sobre investigación en artes plásticas. O Proartes, Lugar a Dudas y la Alianza Colombo Francesa con las Becas de Creación, ni que el Petronio Álvarez sea uno de los grandes festivales musicales del país. Un gran sector de la ciudad vive de espaldas a eso. Otro tema en el que la ciudad no termina de ponerse de acuerdo es el de su identidad salsera…La salsa es un referente internacional de Cali, eso ningún secretario de cultura lo puede desconocer y debe trabajar para fortalecerlo como icono. No hacerlo es darle la espalda a una fortaleza artística que está por encima de una consideración institucional. Una secretaría de cultura es un facilitador de procesos comunitarios, así que pensar que a partir de mañana la salsa deje de existir porque todas las apuestas están en la música del Pacífico no tiene sentido. En Cali han coexistido muchas culturas, todas tienen su público y ninguna debe ir en detrimento de la otra. Pero eso no es lo que se ve actualmente en la ciudad…Lo que hace falta en realidad es una política pública que no permita que, por el hecho de usted llegar a la Secretaría de Cultura, lo haga con sus propias prioridades desconociendo otras manifestaciones artísticas arraigadas. Cuando a mi me invitaron a mostrarme el Plan de Desarrollo de Cali, hice varias observaciones, entre ellas el fortalecimiento de la salsa con toda su cadena de valor, sus escuelas, sus bailarines, sus colecciones, sus confeccionistas.Aún así, la idea sigue generando resistencia en muchos sectores…Es un error. No creo que la salsa deba cuestionársele por ser un ritmo de afuera. Lo que importa es que con este la ciudad desarrolló un estilo propio y creó identidad. Es necesario trabajar en el convencimiento de que la salsa es un producto cultural que identifica a los caleños.

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