Manual para aprender a insultar en Colombia

Manual para aprender a insultar en Colombia

Marzo 18, 2018 - 08:35 a.m. Por:
Sergio Villamizar / Especial para El País
Juan álvarez

Juan Álvarez, autor de 'Insulto, breve historia de la ofensa en Colombia'.

Colprensa

Ofender, retractarse ofendiendo aún más, usar las redes sociales para este fin, siempre parecen reacciones espontáneas que surgen de una rabia casi imparable, pero históricamente el insulto ha sido una exitosa estrategia para diferentes objetivos, incluso ganar elecciones.
Mientras realizaba su doctorado en Estados Unidos, el escritor colombiano Juan Álvarez se interesó por el uso del insulto, no sólo en tiempos de la comunicación e hiperconexión, sino también haciendo un análisis histórico de cómo este tipo de agresión verbal ha sido protagonista desde el inicio de la Independencia.

Alejándose de la ficción, Álvarez trabajó este manuscrito que luego se convirtió en el libro ‘Insulto. Breve historia de la ofensa en Colombia’, que va desde los momentos previos a la Independencia, pasa por ‘El Bogotazo’ que cumple 70 años y termina en las secciones de comentarios que actualmente incendian las páginas web de los medios de comunicación, sin dejar de lado al polémico Fernando Vallejo.

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¿Cómo surgió la idea de hablar del insulto?

El manuscrito inicial es mi tesis de doctorado que luego sufre una transformación, en parte por voluntad mía. Como el tema era atractivo, quería un público más allá del académico, aunque intenté moverlo por ese espacio y no fue posible. Desde que lo abordé, lo empecé a tratar con una alta carga narrativa, con una buena dosis de escenas, dado que no es una manifestación explícita del lenguaje, sin enfocarme a ciertos insultos o palabras específicas, sino escenarios relativamente complejos con correspondencia en el archivo y en el texto. En el espacio académico nunca fue muy cómodo el manejo del manuscrito. Quería cambiar de planos, porque en la defensa de la tesis del doctorado los historiadores me dijeron que esto era un manejo del archivo muy ecléctico, los filósofos me dijeron que le hacía falta sustancia analítica, por lo que me di cuenta que el propio objeto del estudio no era muy estable para tratarlo en un lugar académico, pero tampoco quería que fuera un libro liviano de frases, que son muy bonitos.

¿Difícil lograr su divulgación?

Luego del rechazo de varios lugares académicos aquí en Colombia, decidimos encontrarnos con Editorial Planeta con el acuerdo de transformarlo sustancialmente. Ahí contamos con una editora de la generación millenials quien fue muy hábil en conservar esa sustancia analítica y profunda, hilando una comprensión de cómo los insultos no son destellos irracionales, groseros y abruptos, sino que en muchos escenarios hacen parte de una estrategia muy confeccionada.
Yo volví al país hace cuatro años. tras el doctorado, y con este manuscrito. Cuando empecé a buscar la manera de publicarlo, estaba terminando una novela que llamaba más la atención a los editores, por lo que me concentré en trabajar en ella y la publiqué en el 2015, ‘La ruidosa marcha de los mudos’, que partió de un personaje que hace parte de este libro, José María Caballero, una de las fuentes primarias de los sucesos del 20 de Julio, fascinante porque las dos páginas del 20 y 21 de julio no existen, porque a inicios del siglo XX era normal que los historiadores se quedaran con los documentos, cuando las instituciones eran muy jóvenes y los historiadores eran más importantes.
El manuscrito de José María Caballero, presentado un siglo después de la Independencia, aparece en el primer volumen de la Academia de Historia de Colombia, que no se encuentra, lo cual es fascinante, y por eso, con ello hice la novela. Pero también hablar de ese 20 de julio desde un personaje que reportó de manera más directa, mucho más de calle y del pueblo, y quien dice explícitamente cuál fue el insulto que aparentemente Llorente soltó hacia los americanos.

¿Se había estudiado el insulto?

Muy poco. Hay un libro de un francés de los años ochenta donde se estudia el género del panfleto que tuvo su auge en el Siglo XIX, cuando las cosas en términos políticos eran mucho más calientes, se estaban incorporando los sujetos políticos, cuando podían votar solo hombres con ciertas rentas, tierras y mayores de 35 años. Así, el panfleto en Francia era fundamental para esa incorporación, y en él, estaba considerado el calentamiento del lenguaje.
En Colombia lo que encontramos es practicantes muy concientes, como Vargas Vila, quien hizo muchos panfletos y atacó a sujetos con nombre propio, pero también con textos donde teorizaba de manera despelotada y pensaba que si le dedicaba un insulto a una persona quizás eso lo honraría o que los elogios no le interesaba porque solo eran para la gente muerta, mientras que el insulto es el sol de los vivos.

El insulto en tiempos violentos...
Nunca le he prestado atención a esa extraña ciencia que inventamos los colombianos que llaman ‘Violentología’, que tiene que ver con el registro de la muerte y los actores armados, pero una de las perplejidades con las cuales empecé a pensar en el libro, era esa incomodidad que me producía esa idea binaria donde en un lado está la guerra y en otro el diálogo, que son dos cosas distintas. Creo que la tesis central del libro es que las dos cosas realmente existen, pero creo que la realidad está en medio de los dos, que suele vivir desaparecida, colapsada, que no está comprendida en los medios de comunicación. Quienes conocen de conflicto o de guerras, saben perfectamente que en medio hay un montón de comunicación constante. Es increíble el montón de cartas que existen entre Simón Bolívar y Morillo advirtiéndose, siempre al frente del campo de batalla.
El libro, más que una búsqueda de insultos, es una manera de pararse en ese intermedio donde la palabra tiene rasgos de fuerza y violencia pero sigue siendo palabra, no ha pasado a ser sangre.

¿Complicado el estudio del insulto?

El insulto es una cosa muy jodida. Estudiarlo implicaba una responsabilidad moral, porque tampoco el libro es una defensa de él.
Mientras lo estudiaba, encontré que en el imaginario público, existe una equiparación entre el insulto y el daño del lenguaje. Realmente hay muchas otras formas del lenguaje que pueden hacer daño, incluido el elogio, dependiendo las circunstancias, puede hacer mucho daño.
Era muy difícil precisar qué era realmente esta operación retórica que va cambiando dependiendo del lenguaje especializado que estemos hablando. No es lo mismo pararse en un tribunal de justicia e insultar a un juez, que en una verdulería cuando alguien está expresando una opinión política.

¿Una forma de comunicarse?

La comunicación es una negociación y el insulto en general es una carta que te acerca al fracaso en dicha comunicación. Pero existen ciertos escenarios, como las tribunas en un estadio, pero también como manifestación de cariño. Es interesante ese giro que produce al convertirse en el lazo de confianza íntima y privada para expresar cariño entre parejas o amigos. Muchas veces uno se dice barbaridades con los amigos porque existe esa licencia no escrita.

El insulto en época de elecciones...

Comunicar ideas es muy complicado, es sofisticado, donde un programa serio puede tener más de 250 puntos y poder comunicar y competir lleva mucho tiempo y la democracia está diseñada para no quitarnos tiempo. Frente a este panorama aparecen los sentimientos, que anudan una gran cantidad de información. Cuando tu sientes rabia, lo que estás es concentrando miles de cosas. Los políticos lo saben muy bien y la política siempre se ha hecho con emociones. Lo que hay es una especialización, un negocio para que los políticos logren ese tipo de sensaciones y concentraciones de sentido emocional, que se llama marketing político, quienes manejan muy bien todo lo que tiene que ver con los colores, vibraciones, las temperaturas donde el lenguaje adquiere diferentes tonos.
Todo lo que parece un vaivén etéreo en el cual nos disgustamos, todo está relativamente fabricado, lo que no necesariamente es una cosa engañosa o tramposa, es la manera de llevar ideas por sentimientos específicos.

¿Existe necesidad del uso del insulto?

El insulto está adentro de todo esto porque es un gran catalizador, un lugar en el cual se puede articular el lenguaje con todas las emociones generadas. Una buena oportunidad para observar diferentes escenarios históricos en donde este juego emocional ha operado, no porque seamos tontos, es solo que los sentimientos siempre han funcionado para concentrar un montón de información e ideas.

¿Ahora el insulto con tribuna propia en las redes sociales?
La gente antes solo podía salir a gritar a la calle, y lo hacían y se lo llevaba el viento. Ahora, por virtud o desgracia, las redes sociales están diseñadas para medirlo todo. Le dedico un capítulo a las secciones de comentarios online que para muchos es la peor cloaca, pero nadie se atreve a quitarlo y ahora más atendido, porque hace algunos años nadie sabía qué hacer con ellos. En ese lugar donde supuestamente la gente suelta su lado más oscuro, donde la gente siente que hoy en día la gente vive indignada todo el día, pero lo que realmente ocurre, es que ahora se puede medir, antes no.

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