Mal de Amor

Mal de Amor

Octubre 11, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Por Claudia Rojas Arbeláez | Especial para GACETA
Mal de Amor

Entre intrigas, una herencia y el abandono, esta producción utiliza solo como telón de fondo la riviera francesa, sin hacerle justicia a su belleza ni al azul del mar que solo Niza puede presumir.

Basada en una historia real, ‘Riviera francesa’ (cuyo título original es ‘L'homme qu'on aimait trop’) se regodea en los detalles de un tórrido romance entre una heredera desubicada y un abogado trepador para después transformarse en una historia de juzgados.

No todo lo que brilla es oro. Tampoco el amor es tan bello como lo pintan. Mucho menos puro, sacrificado e ingenuo (Como en todo, por supuesto, habrá una que otra excepción… ¿tal vez el amor que las madres les profesan a sus hijos? No lo sé). Pero como este no es un asunto de amor filial sino del que nace de la carne, la cercanía y la pasión, volvamos a las penas y aquellos personajes que las causan.  

Eso sí, en medio de todo, el cine tiene mucho que agradecerle a aquellos seres nefastos que entorpecen la vida de los ingenuos amadores.  Estos villanos de carne y hueso que primero navegan con bandera de buenos, vistiendo pieles de oveja para después dejar emerger su verdadera esencia, han sido motor  de argumentos tormentos que empiezan como un gran romance. 

Este es el caso de ‘Riviera francesa’ una  película dirigida por André Téchiné y protagonizada por la gran Catherine Denueve, en el papel de una madre que busca hacer justicia a su hija desaparecida.  Pero todo esto se devela al final porque  tal como nos presentan la historia, al comienzo nos ofrecen una cosa diferente. 

‘Riviera francesa’ empieza con el regreso de Agnes (Adele Haenel), hija de Renée (Catherine Denueve) a Niza.  La hija regresa al hogar con el corazón roto por cuenta de un divorcio intentando refugiarse en su lugar natal.  La exitosa madre, saca tiempo de sus ocupaciones y -- colmada de expectativas--, la recibe con los brazos abiertos, añorando revivir aquella relación que tal vez tuvieron en un pasado ya lejano. 

La hija, sin embargo, quiere saber poco de la madre, de Niza, de la vida.  Complacerla no está en sus planes, mucho menos trabajar en el casino del que es heredera, tampoco el dinero. En realidad, solo le interesa nadar.  

El reencuentro fallido entre aquella mujer de éxito y la “princesa heredera”, les deja claro que ahora no parecen tener nada en común: mientras la primera se empeña a toda costa por aferrarse a su trabajo asesorada por un abogado que no se le despega, la segunda solo quiere olvidar su pasado atendiendo una tienda en la que vende objetos africanos. 

Aunque la madre intenta acercarse a su hija, esta se empeña en mantenerla distante, prefiriendo pasar su tiempo solo con Maurice.    Y en ese devenir del día a día, cada quien toma su propio rumbo y al final la vida terminará enfrentándolas en un mismo escenario en el que Maurice se convertirá en su objeto de discordia. 

El sujeto, que al principio luce como un servicial empleado, empieza a mostrar su verdadera esencia a medida que avanza la historia, cuando descubrimos que le sobran mentiras, amantes y enredos. Para entonces, ya es tarde.  Agnes se ha sumergido con él en una serie de encuentros clandestinos que le han enredado el corazón y la piel, al punto de hacerla perder la razón y el pensamiento claro.  En ese furor de amante, traiciona su sangre entregándolo todo para después todo cobrarlo con lágrimas y chantajes del que se victimiza con facilidad.  

Así las cosas, la producción no podría ser más francesa en la exploración de las pasiones de sus personajes, en sus narración pausada y detallista, en aras  de una historia que se cuenta fiel a las páginas de un libro que lleva el mismo nombre y que fue escrito por la misma Renée y otro de sus hijos, Jean-Charles Le Roux.  

Moviéndose entre las intrigas en torno al casino, la herencia y el abandono, esta producción utiliza solo como telón de fondo la riviera francesa, sin hacerle justicia a su belleza ni al azul del mar del que solo Niza puede presumir.   No hay prisas cuando se trata del eclipse de la voluntad, mucho menos de la manipulación, el maltrato y la alienación.  

De repente, todo aquello que hasta el momento prometía ser solo una historia tormentosa de amor y traición, se torna en una película de estrados y juicios. Todo aquello que hemos visto resulta ser el insumo de la verdadera historia que emerge a partir de ese momento.  Un hilo suelto que tendremos que retomar en el último tercio de la película cuando la madre que ha permanecido al margen de todo, asume el rol protagónico al reclamar justicia en nombre de una hija desaparecida.  

Este  extraño giro que exige un segundo aire de quien la observa, torna a la película en tediosa e innecesariamente larga.  A fin de cuentas si se trata de la historia de un criminal impune, parece estar abordado desde el género y con el tono equivocado.   

@kayarojas  Docente de la Universidad Autónoma de Occidente

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