Macondo Chamber Players, jóvenes que le apuestan a la música clásica

Macondo Chamber Players, jóvenes que le apuestan a la música clásica

Abril 05, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Melissa López l Reportera de El País

El próximo viernes 10 de abril en la Sala Beethoven, los caleños podrán escuchar al grupo de música clásica Macondo Chamber Players, integrado por miembros de cinco nacionalidades. Hablamos con su líder, un violinista caleño que le apuesta a la pulgación del género.

No es común ver nacer una banda de música clásica por estos días. ¿Cómo nació Macondo Chamber Players, integrada por músicos tan jóvenes y de orígenes tan disímiles? 

El grupo lo conformamos cinco personas: Francisco Vila, con el violonchelo,  de Ecuador; Daniel Austrich, violín,  de Rusia;  Carlos Vargas, piano, de República Dominicana;  Raúl García, viola,  de Bogotá; y yo, José Romero, violín, de Cali.

Solo Carlos y yo nos conocíamos hace un par de años, en el Conservatorio de Boston donde estudiamos. Con los demás fue un efecto dominó: uno llevaba al otro y así, hasta que logramos conformar Macondo Chamber Players.

 Y el grupo nació porque tanto Carlos como yo teníamos ganas de volver a nuestros países con música, con cultura, con educación. Eso comenzó hace dos años y medio tras tomarnos un café, como en este momento.

 Y la idea ha crecido al punto que hoy, cuando acabamos de iniciar la gira por Colombia, contamos con  tres invitados: Andrey Baranov de Rusia quien toca el piano, Jenny Lewisohn de Inglaterra en la viola e Iria Porras de España tocando el oboe. 

Macondo se formó con el objetivo principal de retornar a nuestros países, de abolir esa idea del artista que se autoexilia, latinos que se van al exterior y nunca vuelven. Otra misión era acabar con la idea del artista del siglo XXI que llega, toca un concierto y se va. Nuestra idea siempre fue involucrarnos como miembros activos de la sociedad. Por eso cada vez que nosotros vamos a hacer un concierto, donde sea, siempre se organiza un proyecto social. 

En Cali hemos estado enseñando en la Fundación Notas de Paz y Fundarboledas, dos academias de música muy humildes al oeste de la ciudad. También realizamos, la semana pasada, un concierto gratis en una iglesia del barrio Aguablanca. Y la próxima Semana estaremos tocando en la Universidad del Valle y realizaremos otro concierto en el Ingenio la Cabaña para los corteros de caña. El Viernes Santo estuvimos tocando en Popayán en el Festival Internacional de Música Religiosa y el 10 de abril estaremos tocando aquí en Cali.

Fue un esfuerzo en conjunto liderado por Iria Porras, invitada a tocar en Macondo y Francisco Vila. Lo que nosotros hicimos fue organizar una semana de conciertos y de clases; las clases estaban a cargo nuestro. Se trata de que toda la gente pueda acceder a este tipo de música, tanto para disfrutarla como para aprender de ella. 

La primera es que tocamos en Latinoamérica, ese es nuestro enfoque. Las grandes agrupaciones no se interesan por Latinoamérica. Nosotros provenimos de  países diferentes, somos todos  menores de 30 años. Y queremos integrarnos a la sociedad. Esa es la ideología que nos motiva cada vez que tocamos un concierto formal en una sala, que está seguido siempre por  un concierto gratis, por  charlas, clases, todo tipo de cosas. 

Dentro de los proyectos tenemos planeado ir a Cuba en otoño. Para enero de 2016 ya tenemos confirmado unos conciertos en San Miguel y el D.F., en México, la capital. Y aún estamos a la espera de la confirmación de un concierto en La Florida.

Eso es falta de educación. Hay que darse la oportunidad de escuchar este tipo de arte. Y sucede en doble sentido: al final de muchos conciertos se acercan señoras y nos dicen “qué sorpresa nos hemos llevado; no pensamos que fueran a presentar algo de tanto nivel”. Eso, aunque es bueno, por otro lado nos molesta, porque no entendemos por qué tienen tan poca fe en la juventud de nuestros países.

Tocaremos el Cuarteto número dos de Alexander Borodin, una pieza rusa del siglo XIX; el Quinteto para viola y cuerdas de Johannes Brahms; la Sonata a dos violines de Sergey Prokofiev; y el tercer cuarteto para piano y cuerdas de Brahms.

 

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