Los 500 años de la muerte de El Bosco

Octubre 30, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Miguel González / Crítico de arte / Especial para Gaceta
Los 500 años de la muerte de El Bosco

Tríptico del Jardín de las Delicias. El Bosco.

En los 500 años de la muerte de El Bosco, el Museo Nacional del Prado, en Madrid, presenta una exposición memorable del pintor. Quería mostrar tan evidentes los mitos del pecado que se convirtió, sin querer, en su apologista. Monstruos, orgías, paisajes poblados de copulantes y más.

El 9 de agosto de 1516 se llevaron a cabo las exequias del “Cófrade Jerónimo Bosch, pintor insigne”. El artista que había nacido como Jheronimus von Aken decidió adoptar como apellido el nombre de su ciudad natal, donde transcurrió toda su existencia.

Tal vez hacia 1478 contrajo matrimonio con la noble Aleyt van de Mayenne, quien aportó como dote varios terrenos que garantizaron la estabilidad del pintor y que le permitieron escoger sus encargos y solo ejecutar lo que deseaba, centrándose en la crítica del mundo, el pecado, la vida de Cristo y el santoral, todo bajo una mirada de concepción exaltada, reflexiva, maliciosa y sagaz, capaz de no dejar indiferentes no solo a sus admiradores sino al público menos avisado y curioso.

Para celebrar este quinto centenario de su muerte el museo del Prado, de Madrid, organiza una exposición única e irrepetible para conmemorar esta efemérides.El Prado es el único museo del mundo que posee seis piezas capitales del artista: ‘El tríptico de la Adoración de los Magos’ (1494), Las tentaciones de san Antonio Abad (1510-1515), El tríptico del Carro de Heno (1512-1515), La mesa de los Pecados Capitales (1505-1510), La extracción de la Piedra de la Locura ((1501-1505), y una de las obras míticas de la pintura de todos los tiempos: El jardín de las Delicias (1490-1500). 

Además, en España hay otros dos cuadros también presentes en la exhibición: san Juan Bautista en Meditación (1485-1510), de la Fundación Lázaro Galdiano en Madrid y Cristo camino del Calvario (1500), del Real Monasterio de san Lorenzo del Escorial.Uno de los pintores predilectos del rey Felipe II fue El Bosco, del cual adquirió no solo los cuadros del Prado sino otros que se perdieron. El rey místico y poderoso tuvo en su posesión el tríptico del Jardín de las Delicias en 1593 y lo conservó en El Escorial.La primera referencia documental de esta pintura data de 1517, y la sitúa en el palacio de Hendrik III de Nassau, en Bruselas, aunque fue su tío Engelbrecht II el que lo encargó al Bosco en la última década del siglo XV. 

Esta es la obra capital del pintor y el centro mismo de la exposición del Prado. Se construyó un dispositivo para que el tríptico abierto pudiera ser observado también por la parte trasera, siempre vedada regularmente al público.En ella se reproduce en grisalla el tercer día de la creación del mundo, cuando se separaron las aguas de la tierra y se estableció el Paraíso Terrenal. Dios Padre está en lo alto dirigiendo la acción. En contraste las tres partes abiertas son de vivos y relucientes colores.Las dos escenas laterales y el jardín central giran en torno al argumento del pecado, al cual se alude de distintas maneras. La tabla derecha ilustra el Paraíso con la creación de Eva acompañada de Adán.El Paraíso es fantástico con picos azules y animales entre aves y mamíferos (elefante, jirafa y unicornio, entre otros). Algunos se engullen unos a otros aludiendo quizás a la violación de las leyes naturales a causa de la codicia.La puerta izquierda enseña el infierno musical. La zanfonía, la cornamusa y la cítara se destinan a torturar a los condenados. El sexo y sus evidencias y símbolos están presentes en estas alucinantes escenas. 

[[nid:589589;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/10/gaceta-gaceta.jpg;full;{'El Bosco. Quinto centenario', exposición del Museo del Prado.Elpais.com.co / AFP}]]

En el centro está el famoso hombre árbol, una de las invenciones iconográficas más celebradas del Bosco en su calidad de monstruo antropomorfo. Un dibujo con el mismo tema en tintas parda a pluma procedente de la Albertina de Viena se podía ver también en la exhibición.En la tabla central que es el Jardín de las Delicias propiamente dicho se pueden ver desnudos de ambos sexos incluidas personas de raza negra. Todas parecen abandonarse a los placeres carnales de modo natural o perverso.En el centro de la composición en torno a una fuente de la juventud oval se desarrolla una gran cabalgata donde camellos, cabras, unicornios, asnos, panteras, toros, leones y demás animales son conducidos por sus jinetes desnudos. Al fondo la fuente del adulterio está rodeada por colinas-torres de procedencia mineral y vegetal citando las prácticas alquimistas.El jardín señala el pecado de la lujuria como un argumento central que se desarrolla en varios e imaginativos episodios. El mensaje moralizante que se deseaba trasmitir es el de la fragilidad y el carácter efímero de la felicidad.El padre Sigüenza ya había descrito la obra en 1605 como una “tabla de la gloria vana y breve, gusto de la fresa y el madroño, y su olorcillo, que apenas se siente cuando ya es pasado”.El Bosco quería mostrar tan evidentes los mitos del pecado que se convirtió sin querer en su apologista, diseñando monstruos, orgías zoofílicas y paisajes alegóricos poblados de copulantes.El Jardín de las Delicias parece ser la cima del arte fantástico y comprendemos perfectamente el impacto que causó entre los surrealistas de los años 20 la obra del Bosco y esta, en particular.Sentirían también una gran desilusión y frustración puesto que todas las pinturas surrealistas juntas no alcanzan el impacto de este tríptico hipnótico, una obra indiscutida de la Historia del Arte cuyas dimensiones también la hacen impresionante: 220 x 389 centímetros.La exposición está conformada por 53 obras, entre trabajos de taller y seguidores del artista, así como dibujos, esculturas, grabados, miniaturas y manuscritos que sirven para contextualizar la producción del Bosco. De él sólo se conservan veintiún pinturas y once dibujos.

La exhibición se abre con un cuadro anónimo de 1530 que enseña el mercado de telas en la plaza de mercado de la localidad del Bosco, una de las más importantes del ducado de Bramante. En ella no solamente se ve a san Francisco que reparte paños entre los pobres sino la plaza donde residió el pintor desde 1462 cuando su padre adquirió el predio y luego fue su hogar desde que contrajo matrimonio.Otro trabajo bastante infrecuente es el Tríptico de santa Wilgefortis, de la Galería de la Academia de Venecia. Santa venerada en los Países Bajos, martirizada por el padre, quien ordenó su crucifixión.Ella le pidió a Dios que le concediera tener barba y así evitar el matrimonio al que la obligaba su progenitor. En la tabla central se ve a la santa ricamente vestida y coronada, a la izquierda se representa a san Antonio en oración y a la derecha un monje y un soldado.El Bosco es un pintor muy poco documentado ya que sobre él no existen cartas ni archivos específicos. Todas las aproximaciones al relacionarlo con el folclor neerlandés, las doctrinas esotéricas, heréticas y antroposóficas, así como con la astrología, la alquimia y el ocultismo, no son más que acercamientos a su rica propuesta iconográfica.Otros prefieren señalarlo como un pintor “maldito” empeñado en la política anticatólica llevada a cabo por sectas secretas que se formaban en su tiempo.Finalmente quisiera detenerme en dos obras superlativas de la retrospectiva. El Tríptico de las Tentaciones de san Antonio Abad, pintado entre 1500 y 1505 del Museo Nacional de Arte Antiguo de Lisboa. El trabajo representa tres momentos de su vida. A la izquierda se ve el cuerpo inconsciente del santo que es transportado por sus compañeros. Los demonios vuelven a atacarle y lo arrojan por el aire. En la tabla derecha el demonio aparece bajo la apariencia de una reina joven y bella. El santo la encuentra bañándose desnuda en un río. Ella lo intenta seducir con falsas obras de caridad pero él se da cuenta del engaño. La pintura central enseña a seres monstruosos que rodean al santo encarnando las fuerzas del mal. Al fondo se alcanza a ver a Jesucristo que demuestra su apoyo en medio de las tribulaciones.El otro trabajo también es un tríptico pintado entre 1512 y 1515, de las últimas obras del artista, y se representa el pecado mediante el carro de heno. El argumento central parece estar motivado por aspectos esotéricos relacionados con las sectas heréticas como la de los Hermanos de la Vida Común.En el panel central el carro de heno simboliza a la humanidad arrastrada por el pecado recreando un proverbio flamenco: “El mundo es un carro de heno, del que cada uno toma lo que puede coger”, que parece derivarse de una sentencia Isaías que alude a lo perecedero y efímero de las cosas materiales. No faltan alrededor del carro de heno las alusiones al clero corrupto representado por frailes y monjas que participan del aquelarre mundano a pesar de que Cristo observa desde lo más alto. La tabla izquierda enseña los ángeles-demonios que se precipitan desde el cielo y tres episodios de Adán y Eva incluida la expulsión del paraíso.El Bosco es un artista excepcional, sigue siendo enigmático y difícil de descifrar. El Bosco no parece pertenecer al siglo XV o XVI, en cambio, resulta ser uno de nosotros. Su mensaje es cada vez más contemporáneo.

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